Salud
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La ley 735 es muy clara al decir que el hospital San Juan de Dios se debe poner en funcionamiento y el fallo de la sentencia lo ratifica, en favor de la gente con menos recursos, independientemente de su nivel de estratificación social.



Presentamos a los lectores de VOZ la segunda y última parte de una extensa conversación con el médico Jorge Arango Díaz, activista sindical, defensor de derechos humanos  y alma de la lucha por la reapertura del Hospital San Juan de Dios en Bogotá.

–Usted mencionó la ley 735 del 2002, ¿qué importancia tiene?

–La Ley 735 del 2002, dice que el Estado colombiano debe atender la salud de los colombianos sin intermediación de la empresa privada. Pero además mediante una cosa extraordinaria: que son los acuerdos docente asistenciales. Acuerdos docente asistenciales es que el Estado debe convenir con las escuelas de Salud que hay en el país: de medicina, de odontología, de laboratorio, de enfermería, de lo que ustedes quieran; con esos convenios, hacer acuerdos que mediante la ciencia médica como fundamental, se cuide la salud de los colombianos, se haga prevención de la enfermedad, se cure la enfermedad, se capacite a las comunidades para prevenirla. Y que se desarrolle la investigación científica en el país.

Cinco cosas extraordinarias que tiene esa ley y que obligan al Estado a ser el responsable de que esta asistencia de los colombianos se haga mediante ese acuerdo. ¿Por qué en el 2002 surge esa ley? En el 93, fue aprobada la ley 100 y se les “olvidó” reglamentar los hospitales universitarios, y por el otro lado reglamentar el desarrollo y estímulo de la investigación médica en Colombia.

Nada más ni nada menos. Pero es que ahí estaban pintados los intereses capitalistas. Lo importante era sacar billete. Porque además, como es un capitalismo dependiente el nuestro, la investigación norteamericana nos suplía el problema. Lo que pasa es que los norteamericanos no sufren de nuches, y los nuches son patrimonio de la humanidad desde Colombia. La investigación sobre los nuches solamente la pueden hacer los médicos colombianos comprometidos con la salud de la gente, que les enseña medicina.

Entonces esta ley 735 intentaba resolver el problema del desarrollo del conocimiento médico. Mientras esa ley no se perfeccione, nosotros en Colombia seguimos dependiendo de la industria farmacéutica o de la investigación que los países enriquecidos hagan en el mundo. El problema que tenemos, es que la investigación médica, tan solo en un tres o en un cuatro por ciento se ocupa de las enfermedades de los países empobrecidos, y entonces de regalo, otro negocio, montan esos países enriquecidos el cuento de las enfermedades huérfanas, para que entonces se creen asociaciones que intenten sacarle jugo mediante tutelas individuales a las enfermedades huérfanas, que son huérfanas de justicia.

Doctor Jorge Arango Díaz.
–¿Esta ley inspiró la acción  popular?

–Esta ley 735 de 2002 fue objetada por el presidente Andrés Pastrana. Como la objetó, la Corte Constitucional la regresó y le dijo, por cosas excepcionales que tiene la justicia en Colombia, le dijo: no señor presidente, usted no puede condenar a los colombianos a tener una opinión solamente en salud, que es la comercial, usted debe permitir que los colombianos tengan una segunda opinión, que no tenga que ver con la intermediación privada en salud.

La ley 735 reconoce las memorias que representan las estructuras arquitectónicas de las instituciones de salud, y además eleva a la condición de patrimonio cultural la relación médico-paciente, de compromiso médico con el paciente. Esta acción popular, al buscar que se respete una ley constitucional vigente, en el trasfondo lo que busca también son elementos que son esenciales para la felicidad de los colombianos. Y está dentro de la normatividad constitucional, no estamos pidiendo ninguna cosa extraña, nada, simplemente que se cumpla la ley.

Se debe poner en funcionamiento

Por qué quieren hacernos con el hospital el engaño permanente en salud. Es la estrategia del caracol, pero al revés. Estos tipos que se han enriquecido con el sufrimiento y la enfermedad de nuestro pueblo, nos quieren dar un hospital pero pintado. La ley es muy clara al decir que el hospital se debe poner en funcionamiento y el fallo de la sentencia lo ratifica, en favor de la gente con menos recursos, independientemente de su nivel de estratificación social que tenga, y bajo criterios de atención científica y rigurosa.

El plan especial de manejo y protección, que es la forma como debe intervenir el Estado el hospital, debe tener como norma la ley 735. El plan especial de Manejo y Protección que hoy rige el hospital obliga a eso. Quienes están hablando de ese plan, hacen caso omiso de la ley 735, porque el plan de manejo y protección debe implementarse para que funcione el hospital, no para tumbarlo y construir otros hospitales.

Es implementar el criterio de que una mentira dicha miles de veces, acaba constituyéndose en verdad. Ellos saben que no van a poder hacerlo. Lo que pretenden es desmontar la opinión pública, para que acaben diciendo: “ese hospital, lo mejor que hay que hacer es tumbarlo”. Para que, tumbada toda la estructura, la ley 735 no tenga como aplicarse.

–Usted, siendo un profesional exitoso, pudo haberse quedado en su zona de confort y no lo hizo. ¿Por qué?

–Yo pienso que la vida de uno también depende de la interpretación de la percepción que uno haga de la existencia. Alguna vez en mi colegio, que estudié con curas, un cura nos invitó a que llevásemos un mercado a los barrios, que él llamaba menos favorecidos, como si la vida fuera de favores.

La solidaridad es la esencia de la vida

Y eso fue muy importante para mí, el poder saber que había gente que tenía que soportar condiciones de vida infames: pisos de tierra, tener que llevar agua en tarros hacia la casa. Eso no tiene ninguna justificación en esa época. Pero también lo que más recuerdo de mi formación en el colegio, creo que fue lo único que aprendí, fue una frase que es determinante: “lo que es con él es conmigo”. Eso fue también muy importante. Porque esa solidaridad, para mí es la esencia de la vida humana.

Pero también tuve la suerte de estudiar cerca de la Biblioteca Luis Ángel Arango, y eso también fue maravilloso, porque fue la posibilidad de tener un auditorio de música, fue reconocer en el arte esas otras formas de llevarle la contraria a mundos que alguna vez pretenden ser hegemónicos y totalitarios. La literatura es esencial en la vida humana porque te enseña que la vida humana depende del cuentico. Por eso leer esa tan importante. Porque en lectura uno puede encontrar cuenticos que le justifican la existencia de uno.

Pero una cosa que sí determinó mucho mi vida profesional, es que alguna vez en un noticiero estaban entrevistando a una señora, terminal en cáncer. La señora estaba en un camastro, detrás de ella estaba un niño como de cuatro o cinco años. El reportero le dice: señora, usted qué opina sobre lo que está pasando con su vida. Entonces la señora, que había tenido tres hijos, uno de cinco años, otro de tres, y un bebecito como de seis o siete meses, ella dijo: lo que me preocupa es que me voy a morir y no sé quién va a cuidar de mis hijitos, porque yo no tengo plata. En ese momento el chinito que estaba atrás agachó la cabeza. Hermano, yo soy ese niño, uno no puede ser mierda, porque los chinitos son muy importantes. Si uno no se siente papá de todos los chinitos del mundo, si uno no se siente esposo de todas las mujeres del mundo, si uno no se siente hijo de todos los viejos del mundo, uno no existe. Cuando uno no es todos, uno es nadie. Yo pienso que eso fue lo fundamental, lo que me ha permitido a mí funcionar. Si uno no se siente que es todos, no es nadie.

Semanario Voz

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