Solidaridad
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El mundo asiste con mucha preocupación y alarma a la pandemia del llamado Coronavirus, que hizo su aparición en China en condiciones que se están investigando; puesto que si bien puede ser de origen natural, puede ser también producto de procesos de esparcimiento de virus, bacterias y otros procesos de manipulación bacteriológica.



En una desafortunada confrontación y guerra asimétrica y no necesariamente convencional de las grandes potencias, esta puede ser ya no sólo química sino bacteriológica.

En el pasado se ha dado el esparcimiento del ántrax, la viruela loca, la peste porcina y otras pandemias como el caso del que se acusó a EEUU con el bombardeo de la peste porcina sobre Cuba, qué obligó al sacrificio de centenares de miles de cerdos de La Isla, o la inoculación de enfermedades como la sífilis y otras enfermedades con los cuales experimentaron con seres humanos en Guatemala.

Es conocida la existencia de Laboratorios de armas bacteriológicas y químicas manejadas por los EEUU en la República de Georgia en el Cáucaso y en la misma Ucrania, donde laboratorios manejados y dirigidos por científicos estadounidenses están al frente en las puertas de Rusia.

Ahora bien, si sorprende esta nueva pandemia como la gripe aviar del pasado, más atónito ha quedado el Mundo con la inmediata y oportuna respuesta de las autoridades sanitarias chinas y de su gobierno.

Baste decir que en el término de 10 días fueron capaces de fabricar y habilitar un hospital con 1.000 camas para el tratamiento de los contagiados, lo mismo que de las personas colocadas en cuarentena.

Este caso de eficiencia que se ha viralizado y es objeto de admiración en el mundo, de cualquier manera, no oculta la gravedad del fenómeno.

Sin embargo, por el número de víctimas de la pandemia que se acerca a las 500, está de lejos de estar cerca al número de asesinatos de líderes políticos y sociales en Colombia, y frente a los cuales la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organizaciones humanitarias y de Derechos Humanos y la ONU escasamente hacen declaraciones.

A la vez que denuncia la pantomima organizada en Cúcuta Colombia por la CIDH, ante el fracaso de querer hacer presencia en Caracas Venezuela, denunciando presuntas violaciones de los DDHH del hermano país, que ni es miembro de la entidad, como tampoco de la OEA que la patrocina.

Haría mejor la “diligente” organización humanitaria en denunciar los hornos crematorios, tumbas y fosas comunes de cientos o aún miles de víctimas colombianas de falsos positivos por parte de agentes del Estado o sus aliados los paramilitares.

Finalmente, nuestro movimiento se solidariza con el pueblo chino y alienta a sus autoridades a seguir su lucha por controlar y exterminar este grave desafío a la salud y bienestar del gran país.

(*) Coordinación Movimiento de Colombianos en Solidaridad con Pueblos y Gobiernos del ALBA

Bogotá, D.C. febrero 6 de 2020