Martes, 17 Enero 2017 |

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¿Por qué el FSLN es un gran activo de la izquierda mundial?

I.- Gira la luna, rota la Tierra, varían las estaciones, y lo que parecía impensable, tras el fracaso de la versión del socialismo de Europa del Este, hoy el mundo deberá acostumbrarse: la Izquierda americana también se mueve y su órbita, alrededor de los intereses nacionales, incluye un alto desempeño económico y social; seguridad ciudadana, estabilidad y paz.


Son precisamente los aportes de Nicaragua –tercera economía de América Latina con mayor crecimiento– que marcan, desde el 10 de enero, la continuación del cambio, impulsado por el presidente Daniel Ortega y la hoy Vicepresidenta, Rosario Murillo.


Crear es la principal tarea de los partidos revolucionarios, porque una revolución verdadera no es una obra de artesanía menor. Es Arte. Más una Revolución declarada cristiana. Es decir, acercamiento de los creyentes con el Creador. Y el espíritu creativo es el que mantiene viva la llama del bienestar común. No se trata de repetir, de copiar, de quedarse petrificados en los moldes de antaño y cultivar enemigos, sino de innovar, componer, inventar, conciliar y reconciliar.


Es posible que los ortodoxos culpen a otros y no acepten los resultados concretos de sus presupuestos teóricos, tal como lo exige –distancia aparte– el apóstol Pablo, al advertir que cada quién mire cómo edifica sobre la Roca (Jesús): si con “oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”, porque, “la obra de cada uno se hará manifiesta (…) pues por el fuego será revelada”.


Es el fuego de los acontecimientos el que dirá la última palabra, no el artículo de fe. Toda Historia Nacional debe apuntar hacia los objetivos supremos de la Patria y estos no se construyen con el atraso de los dogmas fallidos.


II-

El Sandinismo conducido por el Comandante y la escritora, muestra una de las credenciales más solventes desde el pensamiento de la izquierda americana. Tan claro como que no son las “eurodemocracias populares”, arquetipos para sacar del subdesarrollo a Nuestra América. Ni mucho menos el capitalismo en su formato crudo y ego selvático.


No se puede evaluar con vetustos esquemas, lo reciente, y no se encuentra en los Viejos Tiempos la vara idónea para medir los Nuevos Tiempos. El Frente Sandinista debió recorrer un largo trecho y demostrar su lugar en el planeta. Es lo que distingue a los proyectos nacionales.


La capacidad de la dirigencia sandinista fue encontrar la síntesis entre lo que es la Nicaragua real y la Nicaragua ideal que los muchachos llevaban paternalistamente en la cabeza, en los años 70 del siglo XX.


La lucha popular contra Somoza nunca fue un cheque en blanco para aquella utopía juvenil y los forzados atajos que pretendían esos fines en los años 79-89, en medio de la agresión de Reagan. Por eso, la factura estaba a la vuelta de la esquina: diez años son un tamo en las edades borrascosas de los hombres. Y Sandino era el que menos merecía una solitaria década.


La mayor parte de los aspirantes a ídolos de la Dirección Nacional–como diría Octavio Paz–, incluidos cuadros políticos y militares, altos funcionarios, abandonó al FSLN: los mismos que coreaban “luchamos contra el yanqui enemigo de la humanidad”, cantaron “adiós muchachos”. Y se lavaron las manos ante el retorno de la derecha conservadora.


Con ese tipo de “revolucionarios”, Sandino jamás hubiera regresado. Y lo más difícil, casi en el terreno de lo imposible, se produjo: la llegada del FSLN al poder. Todo lo tenía en contra: partidos, embajador de la era Bush, cierta burocracia eclesiástica, algunos capitales, empresas mediáticas, partes del mismo pueblo…


Era imperativo un enfoque realista y este punto de inflexión se alcanza con el liderazgo de Daniel y Rosario, artífices de un capítulo inédito en la Tierra: el regreso, en avanzada, de una Revolución por los votos y no por las balas.


III

El chamorrismo y su derecha mimada rezan como don de la Providencia que nacieron para imponer su voluntad y dirigir las riendas de Nicaragua, y creen como verdad cardinal –y por eso celebran hasta la Nica Act– que el FSLN, por su origen guerrillero y de izquierda, no está capacitado para administrar la nación. Pablo Antonio Cuadra les armó el credo:“una cosa es volar tiros, y otra, gobernar un país”.


Pero si el FSLN resurge, digno es reconocerlo, será por el esencial papel de la intelectual sandinista, Rosario Murillo, y su visión: la transformación, más allá de la imagen, con imprescindibles contenidos nicaragüenses. Un Frente que solo así, amplio y social, es que logra conectar con Nicaragua: vuelto al prójimo y no solo al cuadro; a la mujer, no exclusivamente al militante; al joven “profano” y no a los que se consideran semidioses; al ciudadano sencillo, no a un pueblo abstracto y sin nombre.


Un Frente sin temor a comulgar su fe en el Altísimo que fructifica en los programas socioproductivos. Por algo, Rosario confiesa: “tenemos a Dios, que es nuestra Inspiración, que es nuestro Apoyo, que es nuestro Creador, que es nuestra Fuerza”.


La entrada en escena de paradigmas sostenidos por el amor y no el odio, la reconciliación y no el rencor, nadie los esperaba en la acera de enfrente: se trata de otra cultura política en evolución. Con esas virtudes es que se erige el modelo de Alianza, Diálogo y Consenso, que no es el discurso filosófico bizantino en que se pierden algunos, sino una realidad para andar.


Es, pues, muy fácil colegir por qué el liderazgo de Rosario es el más atacado por la derecha anacrónica y los radicales: primero, por el improductivo machismo que impide a la mujer asumir roles reservados para hombres; segundo, por contribuir a crear un partido nacional en el sentido pleno de la palabra y no una secta de iluminados, y tercero, el más imperdonable, el regreso al poder.


Sí hay retos en nuestro horizonte inmediato como erigir la Educación de calidad como pilar fundamental del desarrollo, la lucha contra la pobreza y, en el plano internacional, restablecer las relaciones con Israel.


Este es el Frente Sandinista, el clásico, al sintonizarse, como ninguna otra institución política en Nicaragua, con el pueblo y con el presente que apuntala el porvenir. Con hechos, no con nostalgias, aquellas que no pocos le han sacado punta, como si las glorias pertenecieran únicamente a un antiguo tramo de la lucha que debe reverenciarse, para la eternidad, en los palcos del privilegio, menospreciando lo importante: ser mejores cada día, reconociendo al otro y al nosotros. Por eso mismo el Sandinismo hoy fluye en la Historia, influye en la actualidad y confluye en dar respuestas al país.


Porque la magia es ir siempre adelante.

 

 

Por: Manuel Humberto Restrepo D.
Publicación: Lunes, 16 Enero 2017 04:46

Por esas cosas de cómo anda el mundo, -esto es un tópico que se dice para tratar de explicar lo inexplicable-, cada tanto se da que requisito indispensable para obtener el premio Nobel de la Paz, pareciera ser tener las manos tintas en sangre. En sangre inocente valga la precisión. Isaac Rabin, Shimon Peres, Henry Kissinger, Frederik de Klerk, Mijael Gorbachow y Barak Obama son patética y abrumadora prueba de ello.

Por: Luz Marina López Espinosa
Publicación: Viernes, 13 Enero 2017 02:01