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El Partido Comunista Colombiano fue fundado el 17 de julio de 1930, por los sectores más conscientes de los trabajadores asalariados, de los campesinos, indígenas, afros, estudiantes, intelectuales, hombres y mujeres, que enfrentaron a la hegemonía conservadora como proyecto autoritario al servicio de la dominación estadounidense, del mantenimiento de los privilegios de los terratenientes y de sectores rentistas parasitarios del empresariado en nuestro país.



Su legado de lucha es patrimonio del Pueblo colombiano, de los sectores democráticos que pugnan por una soberanía plena y una democracia real y por profundos cambios en lo económico, social y cultural, para resolver definitivamente los problemas que aquejan a las colombianas y colombianos.

En este largo trecho de la historia nacional ha demostrado ser un factor imprescindible de la conciencia política, y de la organización de las fuerzas sociales en la defensa de la soberanía nacional, de la rebeldía popular y la esperanza de cambios fundamentales en la sociedad. La sociedad anhelada implica un profundo cambio en la consciencia y en la cultura política.

La opción de una revolución democrática en perspectiva anticapitalista y antiimperialista, antipatriarcal, antirracista, enseña que esta tarea, por las circunstancias históricas y la intervención directa del imperialismo, ha implicado duros momentos de confrontación interna entre las fuerzas que impulsan el cambio, el progreso, la democracia y los factores de la inercia, los privilegios y la corrupción que defienden el control del poder a todo costo.

El cambio democrático necesario, largamente aplazado, muestra en la historia varios momentos de frustración: en 1902, con la intervención de Estados Unidos en Panamá; en 1928, con la violenta masacre de las bananeras; en la trágica y dolorosa noche entre 1948 y 1957 y luego en la falsa paz del Frente Nacional y del anticomunismo devenido en política pública de militarización y represión; en el proceso de paz de La Uribe, entre 1986 y 2002 con el genocidio de la Unión Patriótica, del Partido Comunista y otras fuerzas de izquierda; y desde el 2016, el Acuerdo final de Paz, su implementación y las reformas sociales y políticas para consolidar una paz democrática.

El mérito central de este Acuerdo suscrito y refrendado por el Estado colombiano y la Comunidad internacional es que reconoce como justas las causas que condujeron a la rebelión contra la injusticia, la persecución política y el genocidio contra un grupo nacional.

El capitalismo en Colombia

El capitalismo subordinado y cada vez más articulado al imperialismo ha creado en Colombia una sociedad extremadamente desigual, inequitativa e injusta. Ha conformado un Estado colonizado, altamente dependiente y funcional al imperialismo en las relaciones con América Latina y el Caribe. Ha estimulado un proyecto mercantil de desnacionalización cultural e identitaria con renuncia, negación e invisibilización de la historia nacional y de la verdad histórica del conflicto. Ha desnaturalizado la misión de las Fuerzas Militares al ponerlas bajo la dependencia de un pacto militar intervencionista, la OTAN y del Comando Sur de los Estados Unidos que ve en la resistencia del Pueblo colombiano el enemigo interno.

Las y los comunistas colombianos hemos revindicado la figura de Bolívar, de sus ideales vigentes y de su acción. Por eso rechazamos la presencia y permanencia ilegal de tropas de Estados Unidos en el país. Hoy, la defensa nacional entra en choque con el proyecto bolivariano originario del que nació Colombia, que implica soberanía, dignidad, libertad, independencia e igualdad, respeto por la paz con los vecinos, armonía con la naturaleza y el agua, unidad de propósitos con el entorno latinoamericano y caribeño en su identidad de cultura, de humanidad y de fuerza moral.

La democracia ha sido prostituida y empujada hacia la dictadura civil, que hace de la violencia, el miedo, la corrupción, el fraude, y la práctica del genocidio el instrumento central de dominación. El régimen ha militarizado la sociedad, los territorios y gran parte de la actividad central del Estado. Las fuerzas militares actúan por fuera de sus funciones y la inteligencia militar perfila ilegalmente ciudadanos en conexión con aparatos paramilitares para tareas de represión, persecución política, amenazas, control social, terror y muerte.

En este momento la lucha principal por la democracia es detener el genocidio sistemático de lideresas, líderes sociales y de reincorporados firmantes del acuerdo de paz, que siega la vida de centenares de compatriotas condenados a morir, no por la pandemia sino por la mano del militarismo y paramilitarismo anticomunista, situación que hay que visibilizar y denunciar ante el mundo. Respaldamos decididamente las Marchas por la Dignidad que recorren el país reivindicando la defensa de la paz, la vida de las comunidades y sus territorios, víctimas de los crímenes sistemáticos con la complicidad del Estado.

Corrupción, fraude e ilegitimidad.

El régimen político instrumenta las Fuerzas militares en contra del Acuerdo de paz pese a que muchos de sus integrantes lo respetan y lo cumplen. La política exterior del régimen se empeña en el derrocamiento del gobierno legítimo de Venezuela y se presta a la colaboración con el Comando Sur de los Estados Unidos en la amenaza del uso de la fuerza contra esta nación hermana, independiente y soberana.

En forma secreta y paralela, fuerzas políticas privadas integrantes del actual gobierno manipulan el fraude electoral como un instrumento a su libre disposición para perpetuar el poder de la clase gobernante y su proverbial corrupción. Fue mediante el fraude como se desnaturalizó el plebiscito del 2 de octubre de 2016 para mostrar que el Pueblo colombiano rechazaba el Acuerdo de Paz. Así mismo, es mediante el fraude como logró la presidencia Iván Duque.

La utilización sin escrúpulos de todos los medios de manipulación, corrupción y maniobra, amparados en el secreto, en el poder, en la complicidad del imperialismo, en el genocidio continuado y extendido y en la impunidad es como se intenta crear una sociedad conviviente con la guerra permanente, el exterminio de opositores y de fuerzas alternativas y resistente al cambio democrático.

Salida democrática a la crisis

La historia de la rebeldía colombiana ha ratificado la necesidad y el papel fundamental de las ideas comunistas, de la existencia del Partido y de las fuerzas dispuestas a luchar por una Colombia justa, decente, democrática, en paz, en reconstrucción y con capacidad de mirar adelante. Ninguna salida será posible sin la acción decidida y unitaria de la clase obrera y trabajadora, aunada al reconocimiento de las luchas de las mujeres y el género, de las comunidades étnicas, el campesinado y las mayorías populares.

Las y los comunistas tienen un papel protagónico en la organización de la clase obrera, en su unidad de acción y orgánica desde los años 30. Contribuyeron a contrarrestar el paralelismo, el divisionismo y a promover la movilización organizada, desde la CSTC al momento de la histórica jornada del Paro cívico nacional de 1977 y luego con la participación en la construcción de la CUT.

En las grandes acciones en favor de la solución política, en el impulso al Paro Agrario convocado por la Cumbre Agraria Campesina, Étnica y Popular, el Paro Nacional del 21 de noviembre y la gran movilización del 25 de noviembre de 2019 día internacional de la no violencia contra las mujeres.

La Juventud Comunista (JUCO) ha cumplido destacado papel como gestora de la unidad del Movimiento Juvenil y Estudiantil con la experiencia de la MANE, la UNEES y los festivales de unidad.

Las fuerzas sociales de la ciudad y el campo, de la intelectualidad, el arte y la cultura, de las mujeres, las etnias y las diversidades juegan en la dinámica social unitaria un papel fundamental en la construcción de la Gran Convergencia Social y Política para confrontar las políticas del régimen y fortalecer la unidad de cara a la participación político – electoral alternativa.

El proyecto democrático y soberano para consolidar la paz con justicia social y la esencia de las reformas obligatorias como la reforma agraria anti latifundista integral, vinculada a la garantía de la soberanía alimentaria que reivindique el papel del campesinado como una fuerza social creadora y productiva de la nación conlleva, asimismo, la implementación del estatuto del trabajo y una reforma laboral que restablezca plenamente los derechos de las y los trabajadores, sin cortapisas a su organización sindical, la defensa del ambiente, la Amazonía, el patrimonio energético, las fuentes de la riqueza pública y  los bienes comunes. Reclama la renta básica como una forma de confrontar la crisis, el hambre, el desempleo y la precarización del pueblo bajo los efectos de la crisis del capitalismo agravada por la pandemia del Covid-19.

La salida democrática de la crisis exige el restablecimiento de la responsabilidad del Estado frente a la salud pública, la derogatoria de la Ley 100 y una política preventiva de atención básica, más todas las garantías sanitarias, laborales, de estabilidad y de protección para las y los trabajadores de la salud.

La amenaza de la pandemia como fenómeno ascendente y prolongado en la vida social, es además un resultado de la incapacidad de un sistema privatizado de salud para enfrentar los retos que ponen en peligro la vida humana sobre el planeta.

La prioridad de la política pública frente a la emergencia no es salvar a los bancos sino salvar y proteger vidas. Deben suspenderse exenciones tributarias al gran capital y, por el contrario, implantar tributos que coadyuven el financiamiento de la emergencia y la salida del ciclo de crisis.

El agravamiento de las condiciones de subalimentación, el desempleo, la situación de los destechados va a la par con la prolongación de la pandemia, las cuarentenas y las medidas contradictorias de las autoridades para que las personas salgan a trabajar y a consumir, concentrando el riesgo en la responsabilidad individual.

Hay que poner el énfasis en la defensa y el fortalecimiento de la educación pública oficial, gratuita, laica, no sexista, y de calidad vinculada al progreso científico y técnico, la necesidad de una reforma cultural y moral de la sociedad que haga posible recuperar una identidad con la historia verdadera del pueblo, con la lucha por la emancipación social, con el rescate de la libertad de creación de las garras del mercado y del abandono oficial. En lo inmediato debe establecerse la matrícula cero en la universidad pública y la conectividad universal tanto para la educación básica primaria, secundaria, media y superior.

La sociedad colombiana que nazca de la paz democrática debe velar por la urgencia de derrotar el patriarcalismo decadente y todas las formas de violencia con base en genero contra la mujer y las diversidades, el punto final al racismo, al anticomunismo, a la misoginia y a todas las formas de degradación de la dignidad humana.

Solidaridad con Venezuela y Cuba

Con ese proyecto democrático de sociedad y de país el Partido Comunista levanta la bandera del internacionalismo en contraposición a la guerra contra nuestros hermanos de Venezuela, de América Latina y el Caribe. La paz por la que estamos luchando en Colombia tiene que ser la paz desde Colombia para todo el orbe.

Ni el Pueblo colombiano, ni el ejército colombiano pueden ser instrumentos al servicio de la agresión, la amenaza del uso de la fuerza, el intervencionismo militar o político en contra del derecho de la autodeterminación de los países y de los Pueblos.

A Cuba, la heroica Isla de la Libertad, debe Colombia el inmenso aporte a la realización del diálogo y la función de garante en el proceso de paz con las FARC y luego con el ELN. Es inmoral tildar a Cuba de ser refugio del terrorismo. Dos terceras partes de la vida del Partido Comunista han sido testigos de la solidaridad incondicional con la revolución cubana. Es el momento de ratificarlo, de exigir el levantamiento del bloqueo criminal y proclamar que ni contra Cuba ni contra Venezuela prosiga el hostigamiento económico agresivo que castiga a la sociedad civil.

Compromiso con la unidad

En la perspectiva del poder, el Partido Comunista levanta su consigna histórica de unidad de todas las rebeldías, de todas las fuerzas alternativas para consolidar la implementación plena del Acuerdo Final de Paz, restablecer el diálogo con el ELN, reconstruir una política de paz y de diálogo, permanente y obligatoria del Estado, conducente a un pacto para sacar las armas de la política y producir las reformas que garanticen la inclusión, el reconocimiento, el cese de la estigmatización, la no repetición, la reparación debida y la creciente participación de todos los sectores del Pueblo y de sus vertientes políticas en la conducción del país.

Significa propender por una sociedad humanizada, una cultura que nos identifique con el mundo de la paz, de la igualdad, del humanismo, de la defensa de la naturaleza, del enfrentamiento al cambio climático, de la solución a las amenazas tipo pandemia para avanzar hacia un cambio político y la construcción de un gobierno alternativo de coalición democrática comprometido con un programa de transformaciones esenciales.

Dirigimos un llamado a todas las fuerzas sensatas de la Nación para pensar en conjunto que esta vez no puede producirse una frustración más en la construcción de una Colombia amable, digna, fuerte, sólida, pacífica, sin privilegios, sin corrupción, equitativa, democrática y justa.

El Partido que nació de la herencia renovada del socialismo revolucionario se inspiró en los principios de la Revolución de Octubre y en la idea del socialismo como una opción no sólo posible sino siempre necesaria.

Desde su visión científica, marxista y leninista, su trayectoria y experiencia, el Partido Comunista reafirma su compromiso de lucha por el socialismo en Colombia, en Nuestra América y el Caribe en paz, con autodeterminación, solidaridad, integración y unidad. Hoy, en el trasegar del siglo XXI, reafirmamos la vigencia del Partido, de las ideas del comunismo y de su misión irrenunciable ante nuestro Pueblo y nuestro continente.

17 de julio de 2020

Fuente:
https://semanariovoz.com/90-anos-compromiso-la-paz-socialismo/