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Tolima
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El golpe de Estado presentado en la hermana república de Bolivia, se constituye en un retroceso importante en la perspectiva de este pueblo de ser libre, soberano y autónomo.



La supuesta decisión del presidente constitucional, Evo Morales Ayma, de presentar su renuncia con el propósito de evitar un baño de sangre mayor, no deja de ser un acto de buenas intenciones que seguramente no tendrá reciprocidad por parte de los golpistas y quien patrocina toda la conspiración: Estados Unidos. En realidad es un sofisma de distracción porque lo que hubo exactamente fue un golpe de Estado.

La razón es elemental. A los golpistas no los anima el “humanismo”, sino los intereses económico de las multinacionales y transnacionales. Y, sabemos que el capitalismo con tal de no frenar sus ganancias, está dispuesto a hacer hasta lo imposible por no perder su poder imperial, su poder dominante. Si le toca legislar sobre montañas de cadáveres lo hace sin remordimiento de ninguna naturaleza. “El capitalismo vino al mundo chorreando sangre y lodo por todos sus poros, desde los pies hasta la cabeza”, dijo Carlos Marx después de estudiar este sistema a profundidad.

La violenta interrupción de este hermoso proceso revolucionario suscitado por Evo Morales, hace más de catorce años, tendrá necesariamente un impacto violento de vastas proporciones sobre todo en la población indígena, campesina y obrera, población que iba saliendo poco a poco de la pobreza absoluta y del atroz subdesarrollo en que tiene sometido a estos países Estados Unidos.

De igual manera, estamos seguros que esta población originaria en su gran mayoría, resistirá la brutal arremetida del imperialismo norteamericano y no se resignará fácilmente a volver a la pobreza extrema, tanto en la ciudad como en el campo, cuyo índice superaba el 90 por ciento.

La lucha de clases se profundizará una vez más en este país sudamericano, seguramente a un precio muy alto. La oligarquía es criminal. Seguramente el revanchismo la llevará a recuperar en tiempo récord lo que había perdido con las iniciativas populares del presidente Evo Morales Ayma. Su locura desmedida por el poder del dinero será su derrota definitiva.

Lecciones para asimilar

Todos pensábamos que la amarga experiencia chilena con el inolvidable presidente constitucional, Salvador Allende, había sido asimilada en este continente. Recordemos que hasta el día del golpe de Estado allí (11 de septiembre de 1973), el general Augusto Pinochet le era leal al presidente de la república. Con muchas diferencias y similitudes al parecer se repite la historia.

En cualquier proceso revolucionario serio y consecuente, rondan la traición, la intriga y la felonía. El tránsito de un sistema al otro no se da de un solo golpe, es un proceso complejo y doloroso con avances y retrocesos. No es casualidad o exageración la tesis marxista y leninista de la “dictadura del proletariado”. El pueblo no cambia su mentalidad de la noche a la mañana.

Así que no es suficiente con que un proceso revolucionario como se venía dando en Bolivia resolviera paulatinamente la problemática socio económica de las comunidades. Evo Morales Ayma recibió un país en rines, uno de los más pobres del continente y del mundo. La pobreza superaba el 90 por ciento y ya la tenía derrotada en algo más del 50 por ciento.

En los últimos doce años la economía creció en un 4.9 por ciento anual, superando con creces el promedio regional de 2.7 por ciento. Triplicó su Producto Interno Bruto (PIB), pasando de 11.520 millones a 37.776 millones. La inflación de 2.7 por ciento en 2017, fue la más baja en diez años. Incrementó el empleo, siendo Bolivia actualmente el país de América Latina con menos desempleo.

Es más: El ingreso mínimo ha aumentado hasta el 127 por ciento. El salario mínimo es el segundo mejor en América Latina. El 85.2 por ciento de la población tiene agua potable. Un millón cuatrocientos mil títulos de tierra recibieron los pueblos originarios. Se ha dedicado el 14 por ciento del presupuesto nacional para educación pública de calidad. Se han construido 25 hospitales de alta complejidad y varios de primero y segundo nivel en todo el país.

Esto nos enseña que a pesar de actuar con honestidad y conciencia de clase, los enemigos de clase no aceptan por las “buenas” la nueva realidad, están dispuestos a acudir a los métodos más innobles para hacer fracasar esta dinámica y recuperar su poder ilegal e ilegítimo. Ni la burguesía, ni Estados Unidos, están dispuestos a admitir un sistema contrario a sus intereses de clase. Pensar que van a reconocer su derrota pacíficamente es una ingenuidad histórica que hay que superar.

Atilio A. Borón, da cinco elementos importantes para comprender el suceso del golpe de Estado presentado este 10 de noviembre en Bolivia.

Uno de ellos, tiene que ver con lo mediático. La campaña mediática contra Evo Morales Ayma es monstruosa. Se trata de descalificarlo por su condición indígena y su origen de la entraña de la madre tierra. Se le dice con insistencia por estos medios “indio”, “bruto”, “ignorante”, “atrasado”, “dictador”, etc. Se profundiza su estigmatización y se estimula el racismo. Ese cuento se lo traga la región de Santacruz, cuyos opositores se consideran “pura sangre” española.

Hecho este trabajo mediático de “ablandamiento” entra en escena la clase política que representa los intereses de la clase dominante. Su esplendor obnubila, sus destellos enceguecen creando confusión y duda.  

En esas condiciones – dice Atilio A. Borón – entra en escena las fuerzas militares, el militarismo. En el caso de Bolivia no da directamente el golpe de Estado, pero se hace a un lado para que la extrema derecha recupere el poder. Le “aconseja” (le da la orden) al presidente constitucional que renuncie.

Salvador Allende confió hasta última hora en la lealtad de las fuerzas militares, al parecer lo mismo le ocurrió al presidente Evo Morales Ayma. Resulta que las fuerzas militares no son neutrales y están adoctrinadas en la escuela de las Américas, donde les enseñan a odiar a sus hermanos de clase y a rendir fidelidad a la clase oligárquica. Confiar la Revolución en unas fuerzas militares es tanto como firmar un cheque chimbo. Es un error histórico que hay que corregir. La Revolución Socialista solo la defiende el interesado, el que la conquistó y la necesita: El Pueblo.

No es gratuito que el comandante Fidel Castro Ruz en visita oficial al gobierno de la Unidad Popular que lideraba el compañero Salvador Allende, le haya llevado de “regalo” un arma de fuego, creo una subametralladora. ¿Cuál fue la contestación del presidente chileno a esta advertencia que le hacía el líder cubano? “Creo en la profesionalidad de las fuerzas armadas de mi patria”.

Es indudable: La seguridad de un proceso revolucionario como el que se venía desarrollando en Bolivia no podía quedar en manos de los militares, tenía que estar en manos del pueblo. Es otra lección que hay asimilar. La contradicción de clase no se resuelve pacíficamente como el pueblo quisiera.

De todas maneras, se ha perdido una batalla pero no la guerra. Hay que rodear de solidaridad militante a este pueblo sudamericano, a los Aymarás, Quechuas, Guaraníes, etc.

Bien lo dice el vicepresidente boliviano depuesto, Álvaro García Linera: “Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos  los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales?”

Agrega: “La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de lucha de los años 80s y 90s. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80s, de los 90s, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario”.

Termina diciendo el dirigente comunista: “Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino”. O como diría el comandante Fidel Castro Ruz: “¡Patria o Muerte: Venceremos!”.

Gráfica.- Alcaldesa Patricia Arce. Foto: EFE

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