Gabriel Becerra Yáñez
gabocolombia@gmail.com

A pesar de la escasa difusión mediática que ha tenido, la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, convocada el 16 de julio por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, merece toda la atención. El encuentro fue encabezado por el secretario de Estado, Marco Rubio, junto con altos funcionarios de la administración Trump. Más allá de los asistentes, lo realmente importante es el contenido de las intervenciones conocidas, pues revelan el impulso de una agenda de extrema derecha que hoy se convierte en una prioridad estratégica de la administración Trump.

Todo indica que Abelardo de la Espriella optará por el sometimiento a esa orientación impulsada desde Washington. Esa subordinación no solo compromete la soberanía nacional y el derecho del pueblo colombiano a la autodeterminación; también pretende importar una doctrina que convierte a la izquierda y al progresismo en enemigos internos, debilita el pluralismo político y amenaza las garantías democráticas y las libertades consagradas en la Constitución de 1991. Ese propósito encontrará una firme resistencia democrática, porque Colombia no se entregará a proyectos neofascistas.

La conferencia no fue un encuentro técnico: constituye la presentación de una nueva doctrina de seguridad internacional que redefine el concepto de terrorismo y reorienta las prioridades estratégicas de Estados Unidos.

El enemigo principal ya no serían las organizaciones yihadistas ni las amenazas globales tradicionales, sino las izquierdas, los movimientos sociales, los gobiernos progresistas y cualquier proyecto político que cuestione el orden geopolítico y económico promovido por Washington.

Las intervenciones de los altos funcionarios sostienen que el llamado “terrorismo político de extrema izquierda” constituye hoy la principal amenaza para Occidente. Bajo esa premisa equiparan organizaciones insurgentes, protestas sociales, organizaciones populares y expresiones de resistencia política dentro de una misma categoría.

A partir de esa construcción ideológica proponen fortalecer la cooperación en inteligencia, la persecución financiera, el intercambio de información y la vigilancia transnacional.

No se trata únicamente de un discurso. Allí se anuncian medidas concretas: ampliar las listas de organizaciones terroristas, perseguir redes de financiación, vigilar organizaciones sociales y fortalecer la coordinación entre agencias de inteligencia. Cuba, el marxismo, Antifa y diversos movimientos de izquierda aparecen señalados como objetivos prioritarios de esta estrategia.

Colombia debería observar con enorme preocupación este giro. Un país que sufrió el exterminio contra la Unión Patriótica, la persecución sistemática contra la oposición y décadas de anticomunismo no puede aceptar que esas doctrinas regresen con nuevos nombres.

Los vientos que hoy soplan desde Washington encuentran un inquietante eco en el nuevo gobierno colombiano. Defender la soberanía, la democracia, las libertades y el pluralismo político será una tarea inaplazable frente a esta nueva cruzada global contra la izquierda.
29 de julio 2026
Con información del Semanario Voz

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