Editorial 3332
Hace cuatro años, por primera vez en 216 años de vida republicana, las fuerzas de izquierda, democráticas y progresistas llegaron al Gobierno Nacional por la vía del voto popular. La elección de Gustavo Petro y Francia Márquez rompió el monopolio político de las élites tradicionales y abrió una nueva etapa para el país. El programa Colombia, Potencia Mundial de la Vida planteó recuperar el papel del Estado, ampliar derechos, construir paz con justicia social y enfrentar al neoliberalismo.
No fue sencillo. El Gobierno del cambio recibió un país endeudado, con instituciones debilitadas, profundas desigualdades y un aparato estatal diseñado para privilegiar al mercado. A ello se sumó una ofensiva permanente de los grandes poderes económicos, políticos y mediáticos que utilizaron el bloqueo institucional, la judicialización y la desinformación para impedir las transformaciones. Sin embargo, Petro demostró que era posible gobernar para las mayorías.
La principal victoria fue la recuperación de derechos para la clase trabajadora. La Reforma Laboral, liderada por la ministra comunista Gloria Inés Ramírez, restituyó derechos eliminados durante décadas: la jornada nocturna que inicia a las 7:00 p. m., la recuperación progresiva del recargo dominical y festivo, el fortalecimiento de la estabilidad laboral y el Contrato Laboral Especial y de Aprendizaje del SENA, que permitió formalizar cerca de 377.000 contratos para jóvenes.
Además, cuatro años consecutivos de incrementos reales del salario mínimo –que en 2026 alcanzó cerca de dos millones de pesos– fortalecieron el ingreso en millones de familias. En 2025, la pobreza multidimensional cayó al 9,9 %, el nivel más bajo registrado y el desempleo descendió al 8 %, la cifra más baja desde 2001 para el mes de junio.
La Reforma Agraria formalizó más de dos millones de hectáreas, creó 27 Zonas de Reserva Campesina y siete Territorios Campesinos Agroalimentarios, Tecam, mientras el agro creció 8 %, alcanzó un récord de 7,5 millones de toneladas de alimentos comercializados y elevó el empleo rural a 4,8 millones de personas. Quedó demostrado que la economía campesina, la producción de alimentos y las economías solidarias generan más empleo, soberanía y desarrollo que el viejo modelo extractivista.
La juventud y las personas mayores también fueron prioridad. La educación recibió la mayor inversión de su historia, con 15 billones, nuevas sedes e infraestructura para 954.000 mil nuevos estudiantes beneficiarios de la gratuidad.
Aunque la Reforma Pensional fue aprobada por el Congreso y posteriormente suspendida en su aplicación por la Corte Constitucional, el Gobierno fortaleció el programa Colombia Mayor, ampliándolo de 1,6 a 3 millones de beneficiarios y elevando el subsidio hasta 230.000, comenzando a reparar una deuda histórica con millones de adultos mayores excluidos.
El Gobierno de Gustavo Petro no resolvió todos los problemas del país, pero sí demostró que Colombia no estaba condenada al neoliberalismo. Recuperó el papel del Estado, amplió derechos y les devolvió la esperanza a millones de personas.
Ese es el legado que hoy defendemos. Este 7 de agosto, con la instalación del Gabinete Alternativo, comienza una nueva etapa de lucha. La izquierda y el movimiento popular son hoy más fuertes, más amplios y con mayor experiencia. Nos corresponde enfrentar la ofensiva de la derecha y organizar una alternativa capaz de disputar el poder en los territorios y alcanzar una nueva mayoría popular en las elecciones de 2027. La historia no termina, la lucha continúa.
5 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz