Por: Jaime Cedano Roldan
En 1989 echaron las campanas al vuelo, organizaron bulliciosas alboradas y proclamaron que habían triunfado para siempre. Parecía hacerse efectiva la sentencia de Melquiades de que los pueblos condenados a cien años de soledad no tendrían una segunda oportunidad sobre la tierra.
Con espanto y dolor observé en Berlín a miles de hombres y mujeres que con picas y martillos derribaban el famoso e inhumano muro. Lo de inhumano solo lo comprendí muchos años después, cuando aprendimos que ninguna muralla o frontera fortificada debe separar a los pueblos.
Pero la historia no se detuvo y pronto los pueblos empezaron a construir otros caminos. América Latina fue escenario de una ilusionante ola transformadora. Vendría la reacción de los viejos poderes con golpes de Estado, judicializaciones (lawfare), y después otra nueva ola, en un incesante movimiento, cada día más rápido, del llamado péndulo.
Hoy nuevamente proclaman la victoria final, librando ilegales batallas, más sangrientas que las anteriores y con el apoyo de emboscadas digitales. Se trata de una avalancha ultraderechista que por momentos pareciera imposible de detener y en la que gobiernos oscuros y desastrosos, del tipo Milei, Kast o De la Espriella, parecen inevitables y destinados a repetirse por todas partes como una maldición o embrujo universal inexorable.
Pero cuando la oscuridad medieval parece cubrirlo todo, aparecen luces esperanzadoras que indican que las ideas humanistas y de cambio no desaparecen, no mueren, y que tienen perspectiva. No hay un nuevo fin de la historia.
En Suecia la derecha fue derrotada, y en Alemania, donde la extrema derecha amenazaba con apoderarse de todo, una inmigrante izquierdista, hija de una familia de perseguidos políticos, gana las elecciones en Berlín y será la alcaldesa de la poderosa ciudad-estado. Las miradas de la izquierda europea se vuelcan sobre la capital alemana intentando encontrar las claves para poder triunfar en Madrid, en Barcelona, París, Sevilla o Málaga. El “Sí se puede” vuelve a escucharse con fuerza.
Este domingo 4 de octubre el centro de la gran batalla de los pueblos latinoamericanos y del mundo se ubica en el inmenso y verde Brasil. Es la joya de la corona para las ambiciones expansionistas de la ultraderecha y su doctrina Donroe. Y no es una batalla contra adversarios de carne y hueso, ni es una confrontación que de cara al votante dirima programas o ideas: lo es contra la industria mafiosa de los bots y los algoritmos, y contra el silenciamiento con que la transnacional Meta busca incidir en las elecciones.
Por lo tanto, todas y todos tenemos una tarea de primer orden en estos pocos días: utilizar nuestras cuentas, grandes o pequeñas, para ayudar a romper el bloqueo informático y ser parte de una victoria fundamental para que el mundo empiece a cambiar radicalmente de rumbo y para que los pueblos sigamos escribiendo la historia.
30 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz