Por: Magnolia Agudelo Velásquez

El mundo, conmovido, conmemora este genocidio que el ente sionista comete contra el pueblo palestino. A la luz del mundo, transmitido en vivo y en directo, en medio de la indiferencia o el tibio rechazo de la mayoría, cuando no de la solidaridad con el agresor de las principales naciones y poderes del mundo. ¿Por qué ocurre esto a contrapelo de la sólida juridicidad e institucionalidad nacidas a raíz de la Segunda Guerra Mundial, precisamente para que nunca jamás ese espanto se vuelva a repetir

Las razones de esa increíble circunstancia frente a la brutalidad de un holocausto –que hagenerado la solidaridad de millones de hombres y mujeres a lo largo y ancho del mundo exigiendo el cese de las hostilidades y la ejecución de órdenes de captura emitidas por la Corte Penal Internacional contra los genocidas– radican en que lo que está detrás del ejecutor y lo gobierna es una ideología de odio y de muerte. Esta es el sionismo, por esencia supremacista, violento y despótico, que, instrumentalizando la religión y cultura judía, parte de la impostura de un “designio divino” según el cual la “raza” judía es el pueblo elegido de Dios y, por tanto –como cosa no sometida a arbitrio humano alguno– destinado a dominar a los demás pueblos, por naturaleza inferiores

Continuando con la respuesta a la pregunta planteada, el problema es que los patronos principales de esa ideología detentan el poder económico y mediático del mundo: son dueños de los grandes bancos y entidades financieras, las grandes corporaciones comerciales e industriales y las omnipresentes corporaciones mediáticas. Con un músculo financiero y comunicacional de tal magnitud, imponen y controlan el poder político. Así, financian parlamentos como el europeo o el Congreso estadounidense, y proyectan y patrocinan figuras para imponerlas como presidentes, como Bolsonaro, Milei y De La Espriella.

Llegamos entonces a la triste conclusión: con los poderes gubernamentales que, cuando no son propiamente suyos, son sus rehenes a través de medidas comerciales y financieras que los pueden asfixiar –como en Venezuela, Irán o Cuba–, los sionistas controlan esas instancias universales que pueden poner coto a sus felonías.

Por eso el Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad de la ONU, el Parlamento Europeo, la Comisión Europea o la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, teniendo facultades y siendo su obligación, no las ejercen para impedir el genocidio en Palestina. Porque o son abiertamente sionistas o están sometidos a ellos.

Por eso, los pueblos del mundo se movilizarán este 7 de octubre en exigencia de que cese esta barbarie. Colombia no será ajena. En Bogotá se ha convocado una gran marcha a las 2:00 p.m. desde la Embajada sionista, a lo largo de la calle 26, hasta la Embajada de Palestina, donde habrá un gran acto cultural de solidaridad.

Les esperamos, compañeras y compañeros, porque “si muere Palestina, muere la humanidad”.
Foto: Fabián Sora Archivo
30 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz

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