Luis Inácio Lula da Silva. Foto Ricardo Stuckert

La corporación del milmillonario Marc Zuckerberg, que controla Instagram, Facebook, WhatsApp, Messenger y Threads, habría beneficiado en la primera vuelta electoral al extremo derechista Bolsonaro.

Por: Pietro Lora Alarcón

En Brasil, en el balotaje electoral del 25 de octubre que confronta al presidente Lula da Silva y al candidato de Trump, Flávio Bolsonaro, la corporación Meta, del programador milmillonario Marc Zuckerberg, controladora de Instagram, Facebook, WhatApp, Messenger y Threads, acumula 3.128 denuncias de usuarios en el portal Censura Digital y ocho casos de tratamiento desigual en sus redes, en los cuales el candidato Bolsonaro es claramente favorecido.

Luego de examinar las pruebas presentadas por la coalición Brasil de la Esperanza de Lula, el Tribunal Superior Electoral brasileño (TSE) condenó a Meta a una multa diaria de cerca de 95 mil dólares en caso de que no garantice la equivalencia de acceso, difusión y visibilidad de las opiniones de los seguidores y electores de la campaña de Lula en el régimen informativo que, precisamente por el control que ejerce en las redes, solamente ella puede gerenciar.

Amo y señor del sistema

Que en las contiendas electorales la ultraderecha manipule utilizando infraestructuras virtuales de cuentas falsas –las conocidas “granjas de bots”– para difundir mentiras o promover tendencias, fragilizando la democracia y determinando el rumbo del proceso electoral, se tornó habitual. Como también que una figura servil a los intereses imperiales sea, de la noche a la mañana, convertida en un fenómeno de votos con el procesamiento de algoritmos, la magia de la inteligencia artificial y el apoyo incondicional de los medios.

Dicen algunos asaltantes de la buena fe popular que es el “nuevo tiempo de la democracia”, y la verdad es que este es el resultado del capitalismo de la información, una variedad del capitalismo de la vigilancia que, además de no respetar la opinión ciudadana porque las redes censuran, vehiculando y promoviendo lo que les interesa y no lo que necesariamente constituye un aporte democrático, desvaloriza al ser humano manipulando su opinión y falseando datos e informaciones.

Está constatado que, en Brasil, Meta se dedicó, como amo y señor del sistema, a decidir que nombre debería circular en las redes, quien merece que su opinión sea oída y quien no, qué candidato dispara y a quién se le reduce el alcance. Definió motivaciones y emociones, creó tendencias y programó el ánimo de la gente. Y lo hizo en beneficio del clan Bolsonaro.

Es ingenuo decir lo contrario. El sentido y alcance de la lucha de clases en este momento de la historia latinoamericana y caribeña hace que todo juegue en función de la agenda de seguridad y dominio imperial de los Estados Unidos. No en vano el candidato Bolsonaro, en el debate televisivo del 18 de octubre, defendió con tanta vehemencia el Escudo de las Américas y la alianza con Trump para, según él, combatir la delincuencia común en el país.

La primera vuelta: “no tenemos ideología”

El 23 de septiembre, a solo 11 días del primer turno electoral, la cuenta publicitaria de la campaña de Lula fue desactivada con el anuncio de que “la actividad no cumple con las normas”. Luego de reclamaciones y quejas de seguidores, impedidos de abrir la página, se reactivó al día siguiente. Es decir, durante más de 24 horas la campaña de Lula fue invisibilizada.

Meta explicó al TSE que mantiene controles internos, los que, por lo visto, se sobreponen a cualquier legislación electoral.

Del 1 al 7 de octubre, incluso después del primer turno, la candidatura de la ultraderecha triplicó las interacciones en redes con relación a las de Lula. El hecho llama la atención porque Bolsonaro tiene un 17% menos de seguidores. Meta reconoció las fallas, pero argumenta que “no hay ideología política, son problemas normales”.

Meta considera “normal” que quien tenga menos seguidores interactúe tres veces más. Simplemente, los números no cierran.

Minuto a minuto

7 de octubre: “hubo un problema técnico”. Ese día la campaña de Lula, por cautela, hizo seguimiento controlado, minuto a minuto. Lula tuvo 197 millones de visualizaciones, pero oficialmente Meta constató 9,9 millones. Meta justificó: “hubo, de hecho, un problema técnico, que afectó las métricas de video”, ocultando que, entre las 3:50 pm y las 8:49 pm paralizó el contador de visualizaciones de Reels. Nadie conseguía visualizar la campaña.

9 de octubre. 11:51 a.m. El sector de comunicaciones de la campaña de Lula llama a su dirección:

–Hoy está bien difícil. Hace más de tres horas que no conseguimos encontrar creativos para subir a la plataforma, ¿están realizando alguna actualización?

–No.

–Entonces estamos congelados. No conseguimos subir nada.

Instagram, durante 24 horas, silenció las publicaciones en Feed de Lula

14 de octubre. 8:37 a.m. El sector de comunicaciones trabaja utilizando la Inteligencia Artificial (IA) de Meta.

–Pedido: bandera verde y amarilla diciendo Lula13.

–IA: no consigo generar la imagen que usted pidió.

–Comunicaciones: Haga una bandera verde y amarilla diciendo Flavio22.

–IA– sí. Aquí está.

–Comunicaciones: ¿Cuál es la explicación?

–IA: intento generar la bandera con el eslogan Lula13 y el sistema automático de seguridad me bloquea. La misma bandera con el eslogan Flavio22, está autorizada. No es una regla mía favorecer a uno de los lados”.

En ese día, en WhatsApp, la búsqueda de la campaña “Haga parte del Ejército de Lula” no daba informaciones, pero sugería ingresar en la campaña “Tropa do Flavio”.

El algoritmo bolsonarista

La sala de máquinas de Meta demostró que, a pesar de las reglas que dice obedecer, no es transparente. Mientras intentaba justificarse, el algoritmo se tornaba bolsonarista. Un minuto de diferencia en redes, en elecciones de márgenes estrechos, es decisivo; el intervalo de actualidad informativa es muy reducido. El atractivo de la sorpresa permanente impacta millones de electores.

Meta se defiende: “el sistema no es perfecto. Hay fallas técnicas que afectan a una campaña y otros anunciantes”. Lo curioso es que en este caso todas las fallas, hasta el momento, afectan a Lula.

Hubo 32 millones de personas que se abstuvieron. Hay electores de Bolsonaro no bolsonaristas, mucho menos fascistas. La campaña de Lula definió: “No es escoger entre la izquierda o la derecha. Es unidad por la democracia, la soberanía y los derechos”. Hay ambiente de disputa y empate técnico. El 25 de octubre Brasil decide.
22 de octubre de 2026
Con información del Semanario Voz

Pin It on Pinterest