José Isidro Pinto es un humilde vendedor de dulces que todos los días recorre las principales calles y avenidas de la ciudad de Ibagué (Tolima), ofreciendo golosinas y cigarrillos al detal. Actualmente vive en el Hogar de Paso. “Vivo allí – dice – porque no tengo que pagar nada”. Nació el 4 de agosto de 1935, en zona limítrofe entre los municipios de Lérida y Líbano (Tolima), es decir, está próximo a cumplir 84 años de edad.

Detrás de esta figura menuda, sencilla y taciturna, hay una historia y un testimonio de vida que nos lleva a concluir en la necesidad de defender a como dé lugar el proceso de paz que hoy el gobierno nacional descaradamente le viene haciendo conejo.

Una criatura que antes de cumplir los nueve años tuvo que huir de su casa por el castigo infame de su padrastro, teniendo que trabajar a la intemperie para el sustento y la dormida. También padeció la violencia bipartidista, haciendo parte de la autodefensa para salvar su pellejo de la ola criminal de la policía chulavita.

Su papá era conservador y su mamá liberal. Para no llevarle la contraria a ninguno de los dos, se mantuvo neutral. Más adelante, se identificó con el programa de los comunistas  y durante largos períodos a partir de 1956, militó en el Partido Comunista, tanto en el Tolima como en Caldas. Estudió seis meses y la formación política del Partido Comunista que le sirvió para su entendimiento de la problemática socio económico que vive Colombia.

“Veo que la tarea de nosotros (comunistas), es bregar a organizar todo lo que más se pueda para defendernos de esos verdugos (oligarcas)”. Agrega: “Hay que luchar por la unidad de los pueblos, para contrarrestar la miseria y tanta porquería que hay contra nosotros”.

Pero, ¿Cómo debe ser el Comunista en el siglo XXI? El camarada José Isidro Pinto no duda al contestar: “El comunista en el siglo XXI debe ser intelectual, pero de izquierda con ideas buenas”. De esta manera les sale al paso a esos falsos “comunistas” que quieren estar de acuerdo con el pobre y con el rico a la vez. Insiste: “Tenemos que luchar por la unidad de las masas, de la clase obrera, los estudiantes, el campesino, todo lo que pertenece al proletariado”.

Su testimonio pone de presente la importancia de conocer la historia para dimensionar el presente y proyectar el futuro. Recuperar la esencia del comunismo a través de la crítica, la autocrítica y la práctica permanente. En este corto texto, el camarada José Isidro Pinto plasma enseñanzas que hay que asimilar con decisión y coraje en un siglo que se abre tan promisorio para las masas secularmente engañadas y explotadas. No hay duda: “Hay que luchar por la unidad de los pueblos”.  

-         Camarada, ¿En dónde nació?

Yo nací en territorio que era de Lérida (Tolima), en medio de Tierra Dentro y Delicias. Hoy, si no estoy mal, es jurisdicción del municipio de Líbano. Nací el 4 de agosto de 1935. Mis padres se llamaban: Israel Castillo y María Otilia Pinto.

-         ¿Cómo fue su infancia en esta región del norte del Tolima?

Mi infancia fue dura porque mi mamá era corta de espíritu y se juntó a vivir con un señor que no era mi papá y él me pegaba, no convenía que me diera de comer. Me tocaba dormir en el vecindario. Era una vida sana, en cualquier parte le daban posada y comida. Le tenían pesar a los niños. En cualquier parte yo la pasaba. Me tocó aprender a trabajar desde esa época. Desyerbaba cafetal y me pagaban 30 centavos por el día. Tendría para esa época nueve años. Y, así rodando y rodando de una parte a otra, me fui levantando.

-         ¿Qué estudios hizo?

Yo estudié en la hacienda de los Planes; había una escuela de primaria. Cuando eso le daban a uno el estudio muy mejor que ahora, porque ahora le revuelven a uno muchas cosas que no le sirve para nada; cuando eso lo poco o mucho que le enseñaban sí le servía a uno. Era buen producto. Entonces, estudié unos seis meses y a según eso me aprendí toda la primaria. Ahora entré a nuestro partido, entonces me acabé de preparar en política, en entender qué es la economía, qué es lo cultural, lo social, lo educativo y una cantidad de cosas.

-         Sus padres eran de colores distintos, ¿Cómo era la cosa?

Mi papá era conservador y mi mamá liberal. Yo no me pegué ni de una bandera ni de la otra, para no contrariar a ninguno de los dos. Acogí la claridad de la línea comunista. Por esta decisión no hubo contradicción con mis padres. Claro, mi mamá sí era algo sectaria y decía que no había como ser liberal, pero los ideales eran buenos, lo mismo los conservadores. Más tarde, cuando el régimen de los partidos tradicionales de Mariano Ospina Pérez, Laureano Gómez y todos esos cabecillas brutos que habían contra el pueblo. Ella insistía que había que seguir esa idea, porque era lo que estaba mandando en el país.

-         ¿Cuántos años tenía usted cuando mataron a Jorge Eliécer Gaitán?

Yo tenía trece años. Había unos campesinos que vestían en conmemoración de Jorge Eliécer Gaitán, montados a caballo corrían para todas partes gritando vivas al partido Liberal. Una cantidad de cosas que no me acuerdo ahorita. Cuando eso a todos los conservadores los metían a una cárcel, una pieza de madera y ponían a otro con una escopeta a cuidarlos ahí. Y a hacer de comer para todos en unos “indios” grandes, unas ollas grandotas. Hay los cuidaban y les daban de comer y comíamos todos así. Así duramos un poco de días en esa forma, que porque de pronto ellos se volaban, se “enchusmaban” y seguía el problema en contra de los Liberales.

-         ¿Cómo vivió usted la violencia en esta región?

La violencia fue cuando los chulavitas entraron a matar la gente que encontraban. En esa época eras clandestinos. Mataban a todos los que encontraban en el camino, mataban animales, le metían candela a las casas. Yo mantenía corriendo entre los cafetales y por el monte. No salía.

Una vez nos tocó hacer una caleta en el monte y dormir todas las noches y un día me encontraron en la casa y preguntaron por un señor Alfonso Ramos, que era reservista. Ellos preguntaban por él, entonces había un hermano mío que era el que me seguía a mí (ya murió), dijo que sí que había estado trabajando. Como yo tenía un poco más de conocimiento de las cosas por la lucha que me había tocado, entonces yo lo negué. Les dije que no lo conocía y que ahí no había estado. Todos esos chulavitas me cogieron a culatazos, a golpes, a calibrazos; me iban a amarrar con un lazo pero no encontraron lazo adecuado para amarrarme y así sí me hubieran matado. Me echaron adelante dos “tombos” (Policías), yo les cogí ventaja y me volé. Me pasé por debajo de unos alambrados. Yo tenía algún entrenamiento, alguna enseñanza en cómo actuar en estos casos, en correr en zigzag. Las armas era el fusil de manubrio, mientras se sacaban unos cascarones, metían los otros, mientras eso uno se volaba. Eso me pasó a mí. Yo sabía eso. Yo me agaché y me hicieron el primer tiro, pasé la alambrada y a la sombra de los árboles del cafetal yo me volé. Me hicieron otros tiros, pero no me lograron. Llamaron a los otros policías para informar que este chusmero se había volado. De ahí en adelante, seguí viviendo en el monte con la demás gente que huía de la policía porque era asesina. Pasó mucho tiempo para que todo eso fuera cambiando.

-         ¿Cuántos años duró usted en estas circunstancias?

Ante la presión asesina de la policía, nos tocó hacer parte de la autodefensa. Conformamos esto para nuestra defensa. En todas las entradas a la región tocaba poner vigilancia constantemente de día y de noche y relevarnos cada tres horas. Nos dejaban las puertas abiertas en las casas de las fincas para que entráramos a cualquier hora a tomar tinto o a comer. Era la forma de aguantar toda la noche y todo el día cuando tocaba. Así duramos un buen tiempo. Ya no me acuerdo cuánto.

Hice parte de la autodefensa y nos tocaba caminar por trochas, cafetales, por los filos. Tocaba conocer muy bien el terreno para saber correr en caso de un susto. El mercado lo compraba era la mujer, el hombre no podía salir porque lo mataban. Cuando eso a las mujeres no les hacía nada. De esa manera nos manteníamos escondidos. Yo solamente patrullé en el municipio de Líbano. Había cambios en la dinámica de la lucha de resistencia, las fases eran muy diferentes. Nos tocaba estar cambiando constantemente los santos y señas. Era costumbre el apodo, el sobrenombre. El mío era simplemente: José.

-         ¿Cómo llegó usted a conocer el programa de los comunistas?

El primero que me fue enseñando fue Jesús Parra, que vivía en Delicias; tenía una finquita y vivía con la familia. Él comenzó a orientarme. Y, después me pasé a trabajar en una vereda que se llama El Tesoro y allí trabajé más de dos años con Eduardo Pulido, dirigente agrario en la época dura de la violencia y tocaba la clandestinidad. Él acabó de decirme un poco de cosas. Fue mi estudio y después la militancia en el Partido Comunista.

Creo que milito en el Partido desde 1956, pero no ha sido una militancia ininterrumpida. He militado por épocas. Milité en el Tolima, luego me fui para Caldas y allá milité. Allí, hice un buen trabajo porque ya tenía una formación buena. Yo eduqué a otro compañero para que me ayudara, diciéndole una cosa y otra. Se llamaba Efraín Espitia. Era muchacho. Salió muy bueno. Él decía que tenía que seguir las ideas de su papá porque el papá le había gustado el comunismo. Esa es la política del trabajador, me decía. Me sirvió de compañero para hacer un buen trabajo en Caldas.

Ayudamos a hacer una escuela donde había solo monte, después de hacer el censo de los niños que había en la región. Se decía que si había 25 niños se podía y así fue. Teníamos de compañero un concejal en Victoria (Caldas) y él me ayudaba. Él me tenía bien informado. Entre ese y otro compañero que también nos colaboraba, hicimos la petición para formar un rancho para la escuela. Por ese medio nos ayudaron a hacer la escuela y la pusimos a marchar. Eso fue en el corregimiento de Pradera, municipio de Victoria (Caldas). Yo duré en este departamento diez años. Yo militaba con los compañeros de Caldas. Hay muchas cosas más por contar, pero es mejor conversarlas personalmente.

-         ¿Después se regresa para el Tolima o para dónde toma?

Yo me vine para el Tolima. Ibagué no conocía, pero me vine a vivir porque aquí estaba mi mamá y los hermanos. Yo estaba solo por allá. Me vine y me quedé.

-         ¿Por qué usted se inclinó por el Comunismo?  

Lo uno porque llegué al caso que esas políticas tradicionales de liberal y conservador, los mismos orientadores me habían dicho que eso era una mordaza para los pueblos, una manera de tener al colombiano entretenido y dividido matándose entre sí, mientras los ricos hacen negocios y se reparten las ganancias entre ellos, o sea, los que mandan en el Estado y tienen tiempo de hacer todo tipo de fechorías contra el pueblo humilde. Por eso me gustó el Partido Comunista.

-         ¿Usted leía el periódico VOZ?

Claro, yo lo vendía cuando se llamaba La Voz de la Democracia. Creo que valía 35 centavos en el municipio de Líbano. Los compañeros para que yo me animara, me la dejaban a 30 centavos y yo la vendía a 35, me ganaba 5 centavos en cada periódico. Vendía semanalmente entre 12 y 15 ejemplares. Me formaban unas trifulcas a la verraca los anticomunistas. Pero, no eran tan asesinos como ahora. No le anunciaban a uno la muerte tan fácil.

-         ¿Cómo analiza usted la situación que actualmente vive Colombia?

Yo lo que analizo es que todas estas organizaciones que hay grupos y gremiales, sindicatos y una cantidad de organizaciones de izquierda, ha sido el pie de fuerza para que el enemigo no acabe con nosotros. Veo que la tarea de nosotros es bregar a organizar todo lo que más se pueda para defendernos de esos verdugos, de toda esa contrarrevolución que hay en contra de la gente. Estos períodos que hay ahorita de gobierno, partidos como el Centro Democrático, el uribismo, dirigido por ese asesino de Álvaro Uribe Vélez, quien quiere acabar con la gente pobre y enriquecerse más los que están multimillonarios, ultraderechistas, que no les importa las vidas de la gente, de los niños, de las mujeres, de los hombres trabajadores y de todo el mundo. De todas maneras, hay que luchar por la unidad de los pueblos, para contrarrestar la miseria y tanta porquería que hay en contra de nosotros. Veo que es la única salvación, de lo contrario, seguirán arrasando con los colombianos.

-         ¿Cómo debe ser el comunista en el siglo XXI?

El comunista en este siglo debe ser intelectual pero de izquierda con ideas buenas, con ideas humanitarias. La ultraderecha no usa eso, no le importa que la gente se muera como sea de hambre, de enfermo, los matan, los encarcelan, hace de todo. Nosotros tenemos que luchar es por la unidad de las masas, de la clase obrera, los estudiantes, del campesino, todo lo que pertenece al proletariado, la clase trabajadora.

-         ¿Cuál es su mensaje a la juventud colombiana?

El mensaje mío es que ella, lo mismo que nosotros, se tiene que preparar, porque son los que van a encabezar la lucha política a favor de la clase trabajadora, a favor de todos nosotros los que estamos viviendo la miseria creada por la oligarquía capitalista y dirigida por el imperialismo yanqui, por ese ladrón que se quiere robar todo los recursos naturales donde tenemos el atraso ciento por ciento, porque la gente no nos hemos preparado para defendernos; la rosca oligárquica inventa una cantidad de leyes pero en contra de nosotros para ellos vivir sobre eso y llevarnos al régimen de la muerte y de caos en todo.

Tras dos años de trabajo en la implementación del Acuerdo de Paz y tal como se pactó en el punto 6.5 referente a las herramientas de difusión y comunicación, llega a la frecuencia radial de Chaparral, Tolima en la frecuencia 103.5 FM, la primera de 20 emisoras enfocadas en la pedagogía de la paz y que tendrán una labor fundamental en las regiones y un claro enfoque territorial.

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