El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela sigue con profunda preocupación los recientes hechos suscitados en la República de Colombia que evidencian la inminente reactivación del conflicto armado entre el gobierno de ese país y un grupo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dando así al traste con el proceso de paz de La Habana, en el que tantos esfuerzos y tantas esperanzas depositaron la sociedad colombiana y la comunidad internacional.

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Algunos analistas al servicio del imperio y a la oposición venezolana, vinculados al pensamiento de la derecha fascista, encaramada hoy en el poder en algunos países de nuestra América, señalan que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es “un órgano desconocido por gran parte de la comunidad internacional y sobre todo latinoamericana, empezando por Estados Unidos”, “y pretende adelantar las elecciones de la Asamblea Nacional en desacato, que demuestra una lectura del “madurismo”, al creer que la oposición está en una mala posición y añade tal vez confundiendo el liderazgo opositor de Guaido, etc, con la oposición al gobierno, algo muy diferente”.

El primer y mal intencionado “error” de este analista, es afirmar que “la ANC es un órgano desconocido” la realidad es que gran parte de la comunidad internacional la reconocen. De los 193 países que forman parte de las Naciones Unidas, solo 53 gobiernos no reconocen específicamente a Maduro como legitimo presidente de Venezuela, pero no se pronuncian sobre la ANC y no todos reconocen a Juan Guidó. Por tanto, la ANC tiene todo el reconocimiento internacional.

Es muy importante señalar, que, en estas acciones contra Venezuela, hay muchas contradicciones y divisiones dentro de los enemigos de la Revolución Bolivariana. La Unión Europea, no apoya los planes de intervención armada de Estados Unidos, y en el Grupo de Lima, solo Colombia, Chile y Brasil apoyan esa aventura, pero en el caso brasileño, las FF. AA han dicho rotundamente que no están de acuerdo con una acción militar contra sus vecinos, mientras que las Fuerzas Militares colombianas no solo tienen reserva, también están divididas internamente y complicadas con la situación interna y el cuestionamiento a integrantes de algunos de los miembros del Alto Mando.

Lo contradictorio de estos 53 gobiernos que no reconocen a Maduro como presidente, entra en conflicto, al mantener relaciones diplomáticas con Venezuela, a excepción de Estados Unidos, muchos de ellos tienen a sus embajadores y cónsules en Caracas e interactúan con el gobierno bolivariano presidido por Nicolás Maduro, entonces como explicar semejante despropósito.

Tal irracionalidad se explica porque una buena parte de los países latinoamericanos, aceptaron la orden de Trump, de desconocer a Maduro como presidente de Venezuela, forzados y chantajeados política y económicamente, como lo hicieron hace 58 años atrás con Cuba, para expulsarla de la OEA, por cierto, decisión que en última instancia los cubanos agradecemos, porque formar parte de ese engendro del mal al servicio de Estados Unidos, no va con los principios de nuestro pueblo y gobierno.

Todo no es más que una acción política y mediática, porque en el orden formal y practico no hay ruptura de relaciones y por tanto de hecho y de derecho esos países dependen de esas relaciones con el país andino-caribeño, en el orden diplomático y en diversos campos, consulares, jurídicos, fronterizos, marítimos, aéreos, militares, ambientales, entre otros. Por tanto, el no reconocimiento a Maduro, se trata de una gran bufonada.

La opinión pública debe saber que, de los 193 países miembros de las Naciones Unidas, 120 de ellos, miembros de los No Alineados, no solo reconocen a Nicolás Maduro como el legítimo presidente de Venezuela, sino que han condenado públicamente la acción del mandatario estadounidense Donald Trump y la gravedad que significa para la práctica democrática en nuestra América, su grosera e inaceptable injerencia en los asuntos internos del país andino-caribeño.

Por tanto, podemos afirmar que todo esto es un gran show, o un “sainete español” armado desde enero del presente año por el magnate y multimillonario presidente Donald Trump quien tal vez como heredero del emperador romano Julio César “Calígula”, nombro presidente a un diputado de la Asamblea Nacional en desacato (o sea en la ilegalidad) el elegido, lo fue Juan Guaidó, como “presidente interino” de Venezuela y este señor se ha creído el cuento.

Quienes deben preocuparse por este “Sainete criollo”, deben ser los gobiernos latinoamericanos que le hacen el juego a Trump, porque son los más susceptibles a ser víctima de igual conducta de Washington, si le resulta de interés al inquilino de la Casa Blanca, no deben olvidar que detrás de todo está “pataleta democrática” lo que realmente está bien claro y definido es el apetito voraz del imperio por apoderarse de las grandes riquezas minero energética de Venezuela.

Tratar de desconocer a la Asamblea Nacional Constituyente, es violar lo establecido en la Constitución Bolivariana, pues cuando se produjo el fallo del Tribunal Supremo de Justicia, de declarar en desacato a la Asamblea Nacional, por graves violaciones a la Carta Magna, lo establecido legalmente, era convocar a elecciones para elegir a una Asamblea Nacional Constituyente, (ANC) que remplazara a la Asamblea Nacional en desacato y eso fue lo que se hizo en Julio del 2017.  Esas elecciones, con cerca de 10 millones de votos, aprobó y eligió la Asamblea y a sus delegados con plenos poderes constitucionales.

Desde un principio y cuando se produjo el fallo del Poder Judicial venezolano declarando en desacato a la Asamblea Nacional (AN) la oposición política venezolana encabezada por los partidos Voluntad Popular, Primero Justicia, Adecos y COPEI, y otros pequeños partidos, llamaron a la abstención y a desconocer a la ANC, ante la humillante derrota, acudieron a la violencia y los sabotajes, incluyendo las sangrientas guarimbas   del 2017.

Dicha violencia fue promovida y apoyada desde las embajadas de Estados Unidos en Caracas y Bogotá y respaldada por algunos aliados europeos, especialmente de España y Alemania, y latinoamericanas, principalmente de Colombia y Chile, ejecutadas por mercenarios, delincuentes comunes y paramilitares colombianos, orientados y dirigidos por Leopoldo López, Henrique Capriles, María Corina Machado y Julio Borges, entre otros.

Pero toda esta trági-comedia que lamentablemente ha costado numerosas vidas,  inventada por Estados Unidos contra el  legítimo gobierno de Venezuela, y sustentada por una gigantesca operación mediática mundial orientada por la CIA y la Secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos,  dirigida por John Bolton, y sus principales operadores  políticos,  Elliot Abrams, el ultraderechista senador Marcos Rubio y el Secretario de la OEA Luis Almagro, cuyos objetivos y planes era buscar  el aislamiento  internacional del gobierno venezolano y la división interna del chavismo, especialmente dentro de las Fuerzas Armadas bolivariana, para derrocar al gobierno de Maduro,  objetivos y planes  que no solo no han logrado, sino que han fracasado estrepitosamente.

Los intentos de magnicidio utilizando drones, comprados en EE. UU y llegados de Colombia a Venezuela y donde fueron entrenados los operadores de dichos artefactos, uno de ellos, apoyado con documentación falsa, por la embajada chilena en Caracas, para luego del fracaso escapara hacia Colombia.

La provocación del ingreso de “ayuda humanitaria” desde Cúcuta, Colombia, con el increíble montaje de un Show artístico de famosos conjuntos vergonzosamente latinos, radicados en Miami y la inexplicable presencia de los Presidentes de Colombia, Chile,  Paraguay y el Secretario de la OEA, Luis Almagro y que el diario New York Times, demostró que fue, una gravísima provocación, ejecutada desde territorio colombiano, con el apoyo de la policía y los paramilitares de ese país, que costó la vida a varios venezolanos, incluyendo un oficial de la Guardia Nacional.

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