Delcy Rodríguez, vicepresidenta y ministra de Hidrocarburos de Venezuela. Foto Presidencia del Salvador

Trump utiliza las sanciones para obtener mayores concesiones de la administración en el país vecino, en términos de migración, de cambios políticos

Por Alberto Acevedo

La política norteamericana frente América Latina ha sido como una veleta bajo el segundo mandato del presidente Donald Trump. Un día un alto funcionario dice que a la Casa Blanca no le interesa este continente. Al día siguiente esbozan todo un cronograma de amenazas e intervenciones, si la región no se pliega a la política migratoria, a la imposición de aranceles. O amenaza con desestabilizar gobiernos, si estos no se suman a la guerra comercial contra China, en favor de las transnacionales estadounidenses.

El trato de Washington hacia Venezuela en particular no ha sido diferente. Un día, llega a Caracas un enviado especial de Trump en busca de acuerdos migratorios y de cooperación en materia de hidrocarburos. Sin embargo, al día siguiente, se anuncia sanciones contra la petrolera Chevron, para que suspenda sus operaciones en el país bolivariano.

Trump afronta reacciones y disgustos de distinta índole por su manejo de los asuntos con Venezuela. Ante un eventual acercamiento al gobierno de Caracas y una cierta toma de distancia de la oposición de derecha de ese país, se produjo una reacción del sector más radical del partido Republicano, especialmente del bloque proveniente de Florida y esto pudo haber incidido en las sanciones que ha impuesto a la Chevron, aunque la fecha final de operaciones en los campos petroleros fueron objeto de un aplazamiento.

Juego con cartas marcadas

Hay una franja de la industria norteamericana que advierte a la Casa Blanca que esa economía requiere del petróleo venezolano. Cortar la exploración que adelanta la Chevron perjudica enormemente al mercado del país del norte.

Para otros observadores, es posible que Trump utilice las sanciones para obtener mayores concesiones de la administración venezolana, en términos de migración, de cambios políticos, y tener más a gusto a senadores y representantes republicanos.

En este contexto, el pasado 18 de marzo, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, amenazó con imponer ‘severas sanciones’ a Venezuela si no acepta los vuelos de personas deportadas a la nación suramericana. Caracas no ha dicho que rechaza tales vuelos, pero, al igual que Colombia, reclama que los deportados sean tratados como personas, con dignidad y respeto, y no como criminales.

Daño autoinfligido

La vicepresidenta ejecutiva y ministra de Hidrocarburos, Delcy Rodríguez, declaró a través de sus redes digitales que “el Gobierno de Estados Unidos ha tomado una decisión lesiva e inexplicable al anunciar sanciones contra la empresa estadounidense Chevron, pretendiendo hacer daño al pueblo venezolano (cuando) en realidad se está infligiendo un daño a Estados Unidos, a su población, y a sus empresas, poniendo además en entredicho la seguridad jurídica de EE. UU. en su régimen de inversiones internacionales”.

Días antes, el presidente Nicolás Maduro había afirmado que “no hay amenaza en el mundo que intimide” al país bolivariano y advirtió a aquellos que “piden agresiones” contra Venezuela que “les llegará la justicia”.

“Hemos logrado tomar nuestro propio camino, y no hay amenaza en el mundo que intimide la voluntad del pueblo de Venezuela de avanzar hacia su independencia, hacia su libertad”. Maduro comparó al “pueblo y su poder” con “el gran David”, peleando contra los Goliat que hay en el mundo, a quienes envió una advertencia: “Que nadie se equivoque con Venezuela, y a los fascistas que piden agresiones contra nuestro país, les llegará la justicia. A Venezuela no se la agrede, a Venezuela se la respeta”.

Por una salida realista

Y como si hiciera falta un ingrediente más de confrontación, en los días siguientes el secretario de Estado de los Estados Unidos realizó una visita oficial a Guyana. Allí calificó de ilegítimo el reclamo que Venezuela ha hecho sobre una parte de ese territorio, que históricamente ha sido suyo, y fue ratificado por el Acuerdo de Ginebra sobre esa región.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, respondió de inmediato y advirtió que “la intromisión estadounidense en esta disputa territorial puede escalar peligrosamente en la región”. La FANB rechazó de manera categórica las amenazas que esgrimió Marco Rubio contra la nación bolivariana en el contexto de esta visita.

Al respecto, la FANB en un comunicado rechazó las palabras de Rubio y mostró su preocupación por la actitud injerencista del gobierno guyanés, sin poner en práctica los mecanismos que establecen acuerdos anteriores suscritos entre las partes, en procura de una salida realista y definitiva al conflicto limítrofe con Venezuela.
Con información del Semanario Voz

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