EE.UU. le declara la guerra al mundo, incluso a muchos de sus anteriores aliados. Foto Ted Eytan
La creciente agresividad de la élite gobernante norteamericana hace pensar a algunos analistas que la tercera guerra mundial ya arrancó. Otros reflexionan que los personeros del neofascismo no asimilaron las lecciones de la conflagración anterior
Por: Luis Jairo Ramírez H.
La Segunda Guerra Mundial empezó con la invasión de la Alemania nazi a Polonia en septiembre de 1939, seis meses después fueron sometidos militarmente Francia, Países Bajos, Bélgica, y a finales de 1940, con excepción de Inglaterra, prácticamente toda Europa estaba ocupada.
El poder fascista parecía invencible y predestinado a gobernar indefinidamente el continente europeo. EEUU e Inglaterra, que propugnaban el anticomunismo como política de Estado, incitaban a Hitler a atacar a la Unión Soviética, lo que efectivamente ocurrió; en junio de 1941 tres millones de soldados nazis inician el ataque a territorio soviético.
El resto de la historia ya la conocemos, los estadounidenses enviaron tropas a Francia, pero solo en 1944, cuando ya los soviéticos entraban triunfantes a Berlín y marcaban la derrota del pretendido dominio imperial de la Alemania nazi.
La elección democrática de Salvador Allende en los años 70 y su agenda socialista para un cambio sustantivo en Chile, fue considerada como una amenaza para los intereses de Estados Unidos. Está documentado que Richard Nixon, Kissinger y la CIA, dirigieron un plan desestabilizador y derrocaron al gobierno constitucional de Allende, finalmente lo asesinaron, dando curso a la dictadura sanguinaria de Pinochet.
II guerra mundial y EU
La inmensa tragedia humanitaria que dejó la segunda guerra mundial, indujo una nueva institucionalidad internacional (ONU, OEA, Corte Penal Internacional, OMC, etc.) que buscaba prevenir una nueva conflagración, pero pronto se encontró con la guerra de Corea y la guerra fría; después el sistema bipolar y el equilibrio de fuerzas desapareció y EE.UU. sintió que era el dueño del mundo, excluyendo incluso a sus propios socios de Europa y Japón; mantuvo la OTAN para simbolizar su predominio militar, desató innumerables agresiones a países soberanos y asumió el papel de potencia hegemónica que impuso el capitalismo en su forma más extrema.
La recurrente política imperial y colonial de EE.UU. pisotea la ya maltrecha institucionalidad internacional, y se da la licencia de ser juez para intervenir en los asuntos de países soberanos; incluso con leyes extraterritoriales; provee a Israel las miles de toneladas de bombas que descarga sobre la población Palestina y la destroza de cara a “la comunidad internacional”; en los últimos meses ha bombardeado Líbano, Siria, Irán y Nigeria, y aun así, Trump reclama proclamarse con el “premio Nobel de Paz”.
El orden mundial que se había consensuado se deshace en jirones. No existen naciones libres, lo que impera es el afán de la acumulación capitalista en su fase más agresiva, extractiva y cada vez más autoritaria.
La OTAN – Trump contra Moscú y Latinoamerica
Desde los años 90, a pesar que había un acuerdo de no ampliar la OTAN hacia el Este, sucesivos gobiernos norteamericanos deciden acercar su arsenal militar-nuclear hacia eventuales blancos frente a las fronteras de Rusia hasta un punto ya intolerable para Moscú. La propaganda de Occidente solo difundió la versión del “ataque ruso a Ucrania” y ocultó lo que después se supo: que Baiden fraguaba el ingreso de Ucrania a la OTAN para convertirla en base de provocaciones y operaciones militares contra Rusia.
Luego de cometer crímenes internacionales por la ocupación militar arbitraria de la costa caribe durante varias semanas y el asesinato de por lo menos 80 personas con el bombardeo de lanchas aún no identificadas y la sistemática guerra psicológica y mediática contra toda América Latina, sin contar con el aval del Congreso de los Estados Unidos ni de la ONU, el presidente Trump ordena el bombardeo a Venezuela, el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores y anuncia que se apoderará de la industria petrolera venezolana, todo lo cual sienta un precedente nefasto: en adelante cualquier país puede ser invadido y el presidente de un país incómodo, en cualquier punto del planeta, puede ser secuestrado y sometido.
Reiteradamente Trump reparte amenazas contra los pueblos de México, Cuba, Canadá y Colombia en el continente americano; la anexión de Groenlandia, bajo soberanía de Dinamarca, se perfila como el objetivo siguiente. Revela el interés por controlar uno de los últimos graneros de minerales críticos —como las tierras raras— esenciales para la tecnología militar de vanguardia; por eso Trump ha dejado saber que adquirir Groenlandia es una prioridad de “seguridad nacional” para Estados Unidos.
Trump incluyó al presidente Petro y su familia en la lista Clinton y lo acusó, sin pruebas, de ser “el jefe del narcotráfico”. La historia de la comunicación entre Trump y Petro de momento no resuelve nada, solo es una pausa táctica en medio de la embestida del poder imperial. Obviamente el solo hecho de privilegiar la conversación política por encima de la amenaza, la presión o la injerencia, es positiva. Por encima de tal circunstancia debe quedar en claro que los gobiernos y el movimiento social de América Latina deben mantenerse unidos y movilizados en defensa de la soberanía nacional y la paz continental.
Unidad latinoamericana
A este respecto, es importante la declaración conjunta de Brasil, Chile, Colombia, Uruguay, México y España, de rechazo al golpe en Venezuela y a “cualquier intento de control gubernamental, de administración o apropiación externa de recursos naturales o estratégicos”.
No hay que perder de vista que detrás de estos movimientos políticos también está el interés de la intervención abierta en la campaña electoral en curso, no solo con su discurso agresivo sino también con el fraude abierto, para impedir la continuidad del proceso transformador.
Como antes lo hizo Hitler con Europa, hoy la dictadura neofascista e imperial de los EE.UU. le declara la guerra al mundo, incluso a muchos de sus anteriores aliados, sin embargo, también se expone a que la correlación de fuerzas cambie y en algún momento los bastiones del multilateralismo entren triunfantes, no al Reichstag esta vez, sino a Washington para señalar un futuro nuevo a la humanidad.
Con información del Semanario Voz