Por: María Eugenia Londoño
Hay una mentira que la ultraderecha repite de manera incesante: “FECODE es una élite” y que el sindicalismo docente es “vandalismo”. Lo dice con la frialdad de quien quisiera que la escuela pública se quedara sin voz, sin defensa y sin futuro. Pero la realidad —la que se vive en los barrios, en las veredas y en los colegios— es otra, la educación pública en Colombia resiste porque el magisterio se organizó.
FECODE es, por tamaño e historia, una de las organizaciones sindicales más grandes del país, con cerca de 270.000 docentes afiliados y un acumulado de luchas por la dignidad laboral, por las garantías de carrera y por el fortalecimiento del movimiento sindical. No se trata de una cofradía, se trata de maestras y maestros trabajadores defendiendo condiciones para enseñar y aprender.
Cuando FECODE pelea por estabilidad, formación, bienestar y financiación educativa, también está peleando —aunque a la derecha le incomode— por la permanencia escolar, el derecho al aula y la igualdad de oportunidades para el hijo del obrero, la niña campesina y la juventud popular.
El ataque no es nuevo ni casual, es sistemático. Buscan quebrar al magisterio porque es un dique contra la privatización. Cuando Daniel Briceño llama “vandalismo” al hecho de que docentes aporten de su salario para “mantener una élite sindical” que “no trabaja”, está haciendo algo más grave que opinar, estigmatiza a un sujeto colectivo. La palabra “élite” no es inocente, intenta arrancarle al sindicato su carácter popular y presentarlo como parásito para que después parezca lógico recortar derechos y castigar la protesta, promover concesiones, bonos escolares y el negocio educativo.
En Colombia, estigmatizar sindicatos no es un debate de escritorio. El ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, alertó un presunto discurso de odio y conducta antisindical contra FECODE y anunció compulsa de copias a la Fiscalía por posible vulneración de la libertad sindical. Lo dijo recordando una tragedia histórica con cifras que estremecen. Según lo citado por el ministro, desde el Sistema de Información de DD.HH. de la Escuela Nacional Sindical, se han registrado más de 6.100 hechos de violencia antisindical, 1.024 maestras y maestros asesinados, más de 3.170 amenazados, 1.549 desplazados, además de atentados y desapariciones forzadas.
Ese es el verdadero “vandalismo”, el de un modelo que quiso gobernar con miedo, silencios y bala; el de una política guerrerista que odia al maestro crítico porque sabe que un pueblo educado no se arrodilla.
Hoy, la ofensiva también se agudiza en el terreno electoral, no basta con atacar a FECODE, quieren bloquear el fortalecimiento del proyecto de cambio, buscan inhabilitar e impedir la participación de Iván Cepeda en la consulta del Pacto Amplio. Es una vieja táctica: no disputar en ideas, sino en obstáculos.
Nuestra respuesta no puede ser el cansancio ni el silencio, debe ser lo que siempre ha sido nuestra fuerza: organización, conciencia, lucha y resistencia. Defender la democracia y defender a FECODE es defender la escuela pública como patrimonio del pueblo. La educación no se vende, se conquista y se cuida en colectivo.
Con información del Semanario Voz