Por: Jaime Cedano Roldán
Que Gustavo Petro hubiera llegado a la presidencia se ha presentado como ejemplo contundente de que gozamos de una democracia real y garantista. Discurso parecido al de los tiempos de las dictaduras del Cono Sur, cuando se llegó a calificar a Colombia como “la Suiza latinoamericana”, por la ininterrumpida realización de elecciones, cerrando olímpicamente los ojos al tipo de elecciones, al clientelismo y a toda la corrupción y violencia electoral. Hasta los muertos tenían eterna vida electoral y seguían votando en cuanta elección se presentara.
La verdad es que el viejo sistema nunca aceptó el triunfo de Gustavo Petro e hizo lo posible y lo imposible para sabotear su gobierno, para maniatarlo, enredarlo e impedirle gobernar. En el 2024 se sumó a la campaña desestabilizadora una nueva estrategia, dejar al gobierno sin recursos para sabotear los programas sociales y generar un clima de fracaso. Dejaron sin dientes una reforma tributaria y negaron el financiamiento. Simultáneamente ponían todo tipo de obstáculos al reconocimiento de la personería jurídica del Pacto Histórico y a la realización de su consulta, que finalmente se hizo en medio de las imprecisiones del CNE y de la misma Registraduría Nacional.
Mediante una ponencia de un cuestionado magistrado, la Corte Constitucional tumbó la emergencia económica con la que el gobierno buscaba proteger las inversiones sociales. Las decisiones han sido tomadas en instancias formalmente distintas dentro del engranaje del Estado. Pero es claro que existen hilos conductores, todo un movimiento planificado por el estado mayor de la oposición de derechas, o, como en Fuenteovejuna, contra el gobierno todos a una.
Transitoriamente ha fracasado un nuevo golpe antidemocrático que hipócritamente quieren presentar como defensa de las normas constitucionales, poco creíble en una entidad totalmente partidista que cuenta en su interior con elementos descompuestos enredados en procesos judiciales por presuntas prácticas mafiosas en la contienda política.
Como lo anunciara el presidente Gustavo Petro, la intención es darle un golpe a las garantías libres y democráticas de Colombia. Si la consulta del año pasado se llegó a calificar de interpartidista, “no fue sino porque el mismo Consejo Nacional Electoral no dio el paso a tiempo, como se le solicitó, al derecho fundamental de la ciudadanía a fundar partidos y asociaciones políticas, o sus fusiones de manera libre y garantizada”.
Habría que agregar que el tarjetón de la consulta del 26 de octubre no fue diseñado acatando lo planteado por los partidos participantes ni se tuvo en cuenta el oportuno retiro de varios de ellos debido a las imprecisiones, errores y deficiencias del CNE.
El CNE se ha visto obligado a posponer la decisión y dejarla en manos de conjueces. La democracia queda en suspenso. Lo que obliga a multiplicar la lucha por ella, empezando por el respeto al derecho a la plena participación política. La Constituyente será la gran batalla.
Con información del Semanario Voz