Los impactos del secuestro del presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, además de consolidar lo que algunos analistas llaman “el protectorado petrolero”, generó un envalentonamiento del imperio fascista con Trump a la cabeza, contra la América Latina democrática, progresista y comunista.
Editorial 3308
Ya no solo es un bloqueo, es una fase que proyecta un genocidio contra Cuba. La experiencia fascista de Trump y Netanyahu en Gaza es la antesala de lo que pretender hacer contra la tierra de Martí.
“Pacificada” Venezuela, enfriada la agresión contra Colombia, el imperio se ha concentrado en acorralar a Cuba, en afinar y radicalizar el criminal bloqueo contra la isla de la dignidad, pretendiendo ponerla de rodillas, ya no solo bloqueando su comercio internacional y sus relaciones diplomáticas, sino estrangularla y asfixiarla.
Es una estrategia contra América Latina, contra las soberanías de todos los países que no se alineen con los designios de EE.UU. Por ello, no es un buen signo y es además inaceptable que haya silencio, en especial en quienes tenemos puestas nuestras esperanzas éticas y de dignidad, como Lula, Petro, Orsi, Boric y los gobiernos de la socialdemocracia del mundo.
Cuba no necesita caridad, lo que necesita es que la dejen ser como ella ha definido soberanamente ser. Lo que precisa el pueblo, el Estado y el gobierno es tener el derecho, como todas las naciones del mundo, a comerciar en igualdad de condiciones, pagar sus importaciones a precio justo, que estas lleguen oportunamente sin que la piratería imperial del siglo XXI les robe sus productos, que así mismo puedan exportar su azúcar y decidir libremente a quién se la venden o con quién la intercambian.
Si todavía se duda que lo ocurrido en Venezuela es parte de la estrategia contra Cuba y América Latina, solo basta comprobar la siguiente ecuación: Cuba necesita 110 mil barriles diarios de petróleo para estabilizar su débil economía. Actualmente producen con mucha dificultad, por falta de renovación tecnológica, 40 mil barriles al día. Venezuela enviaba a Cuba, antes del secuestro de Maduro y su compañera Cilia, un promedio de entre 25 mil y 30 mil barriles por día, una cantidad que alcanzaba a cubrir buena parte de la demanda faltante y con la cual garantizaba el funcionamiento de sus actividades principales de producción, así como necesidades vitales, entre ellas la salud. Es decir, la nueva fase de ataque a Cuba por parte de EE.UU. inició el 3 de enero en Venezuela.
La agresión se amplía y se intensifica. La estrategia trumpista incluye ahora el saboteo y la obstaculización del flujo de turistas hacia Cuba, principal renglón económico de ingreso de divisas a la isla. En el 2024 este ingreso estuvo en 1200 millones de dólares, en el 2025 no se no alcanzó la meta proyectada de 917 millones de dólares, al final el ingreso se redujo en un 24,2 % menos de lo esperado. Para 2026, en el marco del saboteo a los países que envían aviones con turistas a la isla, se prevé que este ingreso bajará por lo menos en un 30% más.
Miles de médicos, ingenieros, agrónomos, personal de rescate, pedagogos, científicos y asesores militares y de seguridad, en el marco de convenios internacionales, han sido enviados a países remotos y cercanos en misiones humanitarias y humanistas. Ojalá los países del mundo que se han beneficiado de esta inmensa solidaridad cubana, hoy le devuelvan algo.
México representa actualmente un ejemplo de firmeza y dignidad al seguir enviando petróleo a Cuba. Como dice la canción que se popularizó después del 3 de enero: “¿Dónde está China? ¿Dónde está Rusia?” y decimos en voz alta ahora: ¿Dónde está América Latina?
A pesar de la indiferencia de los gobiernos y Estados, los pueblos del mundo, superiores a sus dirigentes, se movilizan en solidaridad con la isla. Cuba no está sola, su dignidad y soberanía prevalecerán sobre las nuevas amenazas imperiales.
Foto Presidencia de Cuba
Con información del Semanario Voz