Por: Luis Jairo Ramírez H.

El régimen de violencia y democracia restringida que ha existido a lo largo de 200 años en Colombia ha hecho del ejercicio político una práctica exclusiva de las élites dominantes y ha excluido a la mayoría de la población, una realidad que tampoco ha sido ajena a los trabajadores y al movimiento sindical. El poder transformador de los acuerdos de paz de La Habana y la insurrección popular de 2021 comenzó a transformar esa realidad.

El 8 de marzo pasado, el Pacto Histórico continuó su proceso de afirmación como la más importante fuerza política del país. Ese cambio cualitativo jalonado por el liderazgo del presidente Petro ha estado acompañado de la movilización social, en la que el pueblo colombiano exigió las reformas. Ha sido un proceso interesante de radicalización que hoy posiciona al Pacto como la principal fuerza política del país, ahora con la candidatura presidencial de Iván Cepeda y su fórmula Aída Quilcué, en busca de consolidar la transformación democrática del país.

Algunos liderazgos del sector sindical, CUT y magisterio, decidieron apartarse para intentar configurar una bancada parlamentaria propia, de la mano del candidato santista Roy Barreras, que aspira a confrontar la candidatura de Iván Cepeda, quien representará a la izquierda, hecho que calificamos como un error político de cara a los objetivos unitarios que está liderando el Pacto Histórico.

Que se busque otras opciones entre la izquierda para validar reivindicaciones justas es aceptable, pero que endosemos nuestras líneas de lucha a reconocidos políticos tradicionales, creyendo que desde ellos vendrán las soluciones laborales, preocupa.

La actual crisis del movimiento sindical fue empujada cuando las élites empresariales impusieron el neoliberalismo a sangre y fuego, el recorte de la negociación colectiva, la flexibilización laboral. Como resultado: miles de líderes sindicales asesinados. Hoy podemos estar entrando a una nueva fase de la crisis si en época electoral encargamos a personeros de la política tradicional para que tramiten nuestras reivindicaciones, porque detrás de ello vendrán desilusiones.

En esta etapa de la lucha de clases, escalamos la acción gremial mucho más hacia el territorio político. Estos cuatro años del gobierno popular se han dado en un contexto de ascenso de la lucha social por las reformas políticas. La lucha por los cambios no se da mediante componendas políticas, se tramita en la movilización social, en las plazas públicas.

No es cierto que antes la lucha sindical fuera meramente economicista. Desde la izquierda llevamos nuestra voz de denuncia y protesta a escenarios y corporaciones públicas: Gustavo Osorio, Teófilo Forero, Yira Castro, Aída Avella, Jaime Pardo Leal, Gloria Inés Ramírez. De unos 12 dirigentes provenientes del movimiento sindical, solo tres: Aída Avella, María Eugenia Londoño y Yolanda Silva llegaron al Senado, el resto no logró el apoyo de su base social.

Avanza la creación de la Comisión Nacional de Campaña de Trabajadores y Sindicalistas por la candidatura de Iván Cepeda y Aída Quilcué.
Con información del Semanario Voz

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