Por: Gloria Inés Ramírez

La Federación Democrática Internacional de Mujeres, FDIM, nació en la lucha contra el fascismo y para defender la vida, la paz y la dignidad de los pueblos. Hoy, décadas después, esa lucha sigue vigente: el fascismo no ha desaparecido, se ha transformado. Enfrentamos nuevas formas de dominación que constituyen formas modernas de guerra. No siempre utilizan bombas, pero sí destruyen vidas.

Hoy asistimos con claridad a una ofensiva global contra Palestina, Irán, Venezuela y, con mayor crudeza, contra Cuba. Se trata de una estrategia de poder: una disputa por los recursos, la soberanía y el control del mundo. El nuevo rostro del imperialismo. Lo que algunos llaman “seguridad” o “escudos regionales” en las Américas es, en realidad, control de territorios, apropiación de recursos y subordinación de los pueblos. En ese contexto, Cuba vuelve a ser objetivo, porque ella representa algo que incomoda: soberanía, dignidad y resistencia.

En medio de la crisis energética, millones de personas han quedado sin electricidad. Los hospitales enfrentan dificultades para funcionar, mientras los sistemas de agua y abastecimiento de alimentos se ven comprometidos. Incluso se han producido apagones que han dejado al país entero a oscuras, agravados por las restricciones al acceso al combustible.

El bloqueo impide acceder a la energía, alimentos y medicinas, limita el desarrollo económico, asfixia la vida cotidiana. Solo entre 2024 y 2025, las pérdidas económicas superaron los 7.500 millones de dólares.

Como ocurre en toda crisis, las mujeres cargan el mayor peso. El bloqueo incrementa la sobrecarga de cuidados, limita el acceso a salud y a las tecnologías, profundiza las desigualdades y afecta directamente sus derechos y su vida cotidiana. Las mujeres sostienen la vida en medio de la escasez: organizan, cuidan y resisten.

Dicho bloqueo constituye una de las políticas más prolongadas y agresivas del mundo. No es solo una medida económica, sino una forma de guerra contra un pueblo. Debemos nombrarlo sin ambigüedades: es una política de castigo colectivo.

Ante esta crisis, la FDIM levanta su voz, porque nuestra historia nos obliga, nuestra ética nos convoca y nuestra lucha es internacionalista.

Hacemos un llamado a los gobiernos progresistas, a los movimientos sociales, a las organizaciones de mujeres y a los pueblos del mundo a romper el silencio, a fortalecer la cooperación y defender a Cuba. Ya vemos señales de solidaridad: envío de ayuda humanitaria, las flotillas internacionales, redes de apoyo global, como la que partió recientemente de Colombia hacia Cuba.

Cuba es símbolo de resistencia frente al imperialismo, de dignidad frente a la agresión y de soberanía frente al sometimiento. Hoy más que nunca: defender a Cuba es defender el derecho de los pueblos a existir. Porque cuando se intenta asfixiar a un pueblo, la solidaridad de los pueblos del mundo debe convertirse en su fuerza vital.
Con información del Semanario Voz

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