El transporte escolar es uno de los aspectos más golpeados por la asfixia energética. Foto Fabián Sora

Una madre cuenta cómo deben enfrentarse y acomodarse a las consecuencias del recrudecimiento de las medidas económicas contra la isla

Por: Juan Carlos Hurtado Fonseca
@aurelianolatino

“Resistimos porque creo que tenemos el derecho a nuestra soberanía, a ser libres y sin hegemonía del imperio. ¿Por qué tenemos que hacer lo que ellos dictan? ¿Por qué si nosotros podemos desarrollarnos con nuestros propios medios, con nuestros propios conocimientos, con nuestros propios recursos? Pienso que los cubanos hemos desarrollado no solo la resiliencia, sino la capacidad de crear prácticamente con nada”.

Así lo expresa Liudy García Hernández, una madre cubana de 49 años quien, junto con su esposo de la misma edad, trabaja en el área de la ciencia y cuyos dos hijos de 12 y 16 años asisten a escuelas.

La de Liudy hace parte de las miles de familias que sufren la intensificación del bloqueo de Estados Unidos a la mayor de las Antillas, desde que a finales de enero el presidente Donal Trump declarara a la isla como una amenaza a su seguridad y determinara un total bloqueo al suministro de petróleo; la prohibición de remesas con grandes firmas como Western Union, la limitación de envíos a mil dólares trimestrales y la prohibición de remesas no familiares; y la presión a gobiernos donde hay brigadas médicas cubanas para que las saquen. Medidas que, sumadas a otras, afectan directamente a la población con el objetivo de provocar crisis, ingobernabilidad y justificar una intervención.

Comparación necesaria

La intensificación de estas medidas ha golpeado fuertemente la economía y cotidianidad de las familias, no obstante, los cubanos ya tienen la experiencia de haber superado el Periodo especial en tiempos de paz, provocado por la caída del campo socialista y el recrudecimiento de las sanciones estadounidenses.

“Recuerdo el Periodo especial mucho más duro que esto, mucho más duro en cuanto a comida, era muy difícil, no había cosas de aseo, no había transporte. Fue terrible”, comenta Liudy García.

En aquellos años, ella estudiaba en la Vocacional de Ciencias Exactas, Vladimir Ilich Lenin, y rememora que comían mucha col: “Mucha gente cogió polineuritis que es una enfermedad debido a la escasez de vitaminas; ahora por lo menos hay donde conseguir, hay donde comprar, hay alimentos; lo malo es que se afectan los más vulnerables, los que menos ganan porque al subir de precio los alimentos las personas jubiladas, quienes ganan menos tienen menos acceso a productos alimenticios”.

El ataque al sistema energético con la prohibición de venta de petróleo venezolano ha incrementado los problemas en varios aspectos: “En cuanto a los apagones, en aquella época eran planificados, eran de ocho por ocho, se sabía cuándo iban a quitar la energía. Actualmente, no se sabe ni cuándo te van a quitar la corriente. A esta falta de combustible hay que sumarle más de 30 años que por el bloqueo las termoeléctricas están sin mantenimiento, con mucha maquinaria y mucha tecnología obsoleta. Por eso, ahora se está llevando a cabo el cambio de todo por paneles solares, para otro tipo de energía”.

Liudy dice que su país ha estado tres meses sin importar petróleo, que el crudo que produce solo cubre el 25% de lo que consumen. “Nosotros tenemos petróleo, pero hay que refinarlo porque es de muy mala calidad, tiene mucho azufre. Ahora, se han instalado muchos paneles solares que está apoyando mucho ese 25%, pero igual es terrible porque ese petróleo no se puede refinar a gasolina y hay mucho transporte a gasolina”.

Cambian las rutinas

Las nuevas agresiones imperiales los han obligado a soportar los días solo con tres o cuatro horas de energía: “Muchos cocinamos con medios eléctricos; ollas reina, arroceras. Hemos cambiado la plataforma de cocinar y muchas familias cubanas cocinamos con electricidad, y al solo tener esas horas de corriente, en ese tiempo tenemos que lavar, cocinar, ayudar en las tareas de los niños. Muchas veces llegamos a las casas en apagón y nos levantamos en apagón, entonces, cuando llega la energía tenemos que hacerlo todo sin estar preparados. Hacemos muchas cosas a oscuras, hemos ido comprando lamparitas recargables, pero hay familias que llevan meses sin comprar una bala de gas para cocinar y hay muchas familias que están cocinando con carbón, que es algo de la época de nuestros abuelos en el campo; ponerte a cocinar con el carbón, te demoras más, es más trabajoso, tienes que estar jorobado, o sea, la vida ha empeorado en ese sentido. Se ven las diferencias porque hay personas que han podido comprar paneles solares y otras que tienen planta.

“Al encarecerse el transporte, todo es más caro. Incluso, los triciclos eléctricos cobran para trasladar los alimentos; los que venden la alimentación la ponen más cara porque les cuesta más trasladarla. Hay gente que come una sola vez al día”.

Impacto en la educación

No es solo cocinar, conseguir los alimentos es mucho más difícil por los desplazamientos a pie que por horas deben hacer: “Todo sube de precio porque ya es más difícil transportar las cosas, por tanto, hasta sacar dinero en el banco se hace difícil. En eso estamos tratando las comunidades de ayudar, de ayudarnos entre todos. Porque si hay algo que ha mantenido a los cubanos es la solidaridad. No solo con los demás fuera de Cuba, sino la solidaridad entre cubanos. Hemos hecho incluso comidas colectivas, en mi mismo centro de trabajo un día que hizo mucho frío se hizo caldosa para repartir a los más vulnerables del barrio”.

Otro de los sectores más perjudicados ha sido el educativo. Las escuelas para niños especiales contaban con buses y ante la falta de combustible los estudiantes no pueden asistir con la periodicidad de antes.

“En el caso nuestro, igual la escuela no nos queda tan cercana, pero antes teníamos una guagua escolar que llevaba a los niños, ya no está funcionando y los niños tienen que caminar muchísimo. Se ve afectado el traslado de los maestros; ya que muchos usaban el transporte público que ha sido afectado seriamente, ya no dan todas las clases, o sea, tal vez el profesor puede ir una o dos veces a la semana, pero no puede ir todos los días como antes. La universidad sí creo que está mitad presencial y mitad virtual, la educación superior se ha afectado más”, Liudy García.

Estas son algunas de las afugias que deben soportar millones de cubanos solo por tener dignidad y no rendirse. O porque como lo dice Liudy García Hernández: “Resistimos, porque pensamos que otro mundo mejor es posible. Un mundo que se base en la solidaridad, en la fraternidad, en ayudarnos entre todos a ser mejores personas”.
Con información del Semanario  Voz

Pin It on Pinterest