Foto María Jose Pizarro / Redes Sociales

La coyuntura actual se caracteriza por la dura batalla de un Gobierno de orientación popular en el cumplimiento de sus compromisos programáticos con el pueblo en el punto culminante de su ejercicio y en la movilización que impulsan el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida.

Editorial 3318

Por su parte, en esta recta final el propósito de la derecha sigue siendo uno solo: detener la política de cambios democráticos y restaurar el sistema tradicional de sus privilegios de clase activando el freno a las transformaciones sociales y políticas.

Entre los grupos más poderosos del gran capital está en marcha el llamado Proyecto Júpiter, dirigido a comprometer a sus empleados y trabajadores a votar obligatoriamente por la candidata del uribismo, ahora con disfraz de “centro”.

La mayor preocupación de esta candidatura, en su manera unilateral y mercantilista de mirar el mundo, es defender “lo que está en juego”, es decir, lo que para la clase dominante es “su versión” de la “democracia”, la “confianza inversionista” y la “seguridad”.

Las candidaturas del continuismo son quienes intentan regresarnos al país del pasado, militarizado y en guerra permanente, gobernado por el Fondo Monetario Internacional, donde las libertades públicas eran limitadas bajo el pretexto de la inseguridad y la corrupción estructural estaba vinculada al modelo neoliberal.

Para el movimiento popular lo que realmente está en juego es la opción de construir un país democrático que pueda consolidar la paz, la justicia social y ambiental, las garantías de todos los derechos sociales y laborales, la tierra para los campesinos, los alimentos, el trabajo y la educación. Todo ello constituye la esencia de la democracia, incluido el derecho a construirla y profundizarla.

El Gobierno del cambio encabezado por Gustavo Petro significó el inicio de una ruptura legítima y definitiva con el viejo régimen. Sin embargo, hay muchas cosas por corregir para garantizar esta transición social y política. Para ello hay que validar y hacer efectivos los nuevos derechos sociales y el papel cada vez más importante de la intervención popular en las reformas de contenido social, democrático y transformador.

Por eso la consigna táctica es ganar en primera vuelta. Tal es el llamado a las fuerzas vivas activas de la sociedad y del pueblo para rubricar con el voto el programa de cambios necesarios.

El factor principal de la dinámica que orienta este propósito es la coalición Alianza por la Vida, expresión de un frente amplio destinado a gobernar en los próximos cuatro años, con las propuestas de reformas planteados por la fórmula presidencial de Iván Cepeda Castro y Aída Quilcué.

La ventaja de una campaña presidencial con base en la participación popular en plazas públicas, repletas de miles de voluntarios y voluntarias, es que el contacto inmediato con la gente enriquece la comunicación, recoge aspiraciones, reivindicaciones justas y necesidades inmediatas a resolver por un nuevo Gobierno democrático.

El Pacto Histórico, su unidad y su proyecto estratégico son la fuerza inspiradora en la construcción de una sociedad realmente nueva y en paz, participativa, equitativa, levantada con su propio esfuerzo, pero independiente y abierta a la cooperación en pie de igualdad con el mundo.

El proyecto merece vencer, así que contribuyamos decididamente en esta victoria.
Con información del Semanario Voz

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