Una de las iniciativas de la extrema derecha es reactivar la locomotora minero-energética. Foto archivo
La propuesta de crecimiento económico de la nueva administración para el cuatrienio 2026–2030 no tiene el más mínimo asidero serio. Obedece más bien a frases de campaña electoral para deslumbrar a la opinión pública con metas difícilmente realizables
Por: Iván Posada Pedraza
Llama la atención que el presidente electo proponga logros económicos que en nada tienen en cuenta el entorno mundial y menos las condiciones específicas de la economía colombiana. Veamos algunas estadísticas.
Las potencias económicas presentan en los últimos cinco años crecimientos moderados, algunos, incluso en el límite del estancamiento: Alemania, por ejemplo, líder de la Unión Europea, entre 2023 y 2024 decreció -0,9 % y -0,5 %, y para 2025, según estimaciones del FMI, apenas saldría de la línea roja con un 0,2 %.
Estados Unidos, que día tras día pierde su rol de primera economía mundial, incrementó su PIB en 2025 en apenas 2,2 %, en tanto China, su competidor inmediato, aunque creció un 5 %, registra solo la mitad de las tasas que alcanzó en décadas anteriores (del 8% al 10 %), las cuales difícilmente volverán a verse, por lo menos en el futuro inmediato.
La Unión Europea también presenta tasas modestas, de entre el uno y el dos por ciento. Vietnam, por su lado, que viene aplicando el llamado mercado de orientación socialista –el cual combina la propiedad estatal en sectores estratégicos con el libre mercado, la propiedad privada y la inversión extranjera–, está creciendo alrededor del ocho por ciento, siendo la excepción a la tendencia mundial.
En América Latina, las principales economías (Brasil, Argentina y Chile) en los últimos años han crecido en promedio tres por ciento, según la Cepal.
La economía doméstica
Al igual que el resto del mundo, en Colombia la pandemia estancó el proceso productivo; entre 2021 y 2022 comenzó la reactivación y lentamente se ha ido acercando a los niveles de prepandemia (3 %) y al promedio histórico de crecimiento (3,6 %).
Efectivamente, 2025 finalizó con un crecimiento del PIB de 2,6 %, dentro del cual el sector agropecuario aportó una parte importante –por encima incluso de la construcción y la minería (Dane)–, lo que se tradujo en mayor producción de alimentos, empleo rural, diversificación de la canasta agroexportadora e impulso a la implementación de la reforma rural integral.
La transición energética hacia energías limpias, no contaminantes, en tanto se va suprimiendo el uso de fuentes de origen fósil como el crudo y el carbón, tuvo un importante desarrollo al pasar del 2 % de la matriz energética a 19 % en 2026. En la esfera de los servicios, el turismo tuvo un importante impulso por el volumen de no residentes que visitaron el país, generando empleos directos e indirectos e ingresos para la nación.
Con los datos de crecimiento del primer trimestre de este año, se estima que el PIB en 2026 finalice entre 2,6% y 2,8%. Según Fedesarrollo). Este sería impulsado por el consumo interno; es decir, los mayores ingresos de la población gracias al aumento del salario mínimo en estos últimos cuatro años, el rescate de otras conquistas laborales arrebatadas en gobiernos anteriores, el crecimiento del empleo, las remesas del extranjero y otros ingresos.

Evolución del PIB. Fuente Dane, 2026, proyección
La propuesta
En medio de este contexto de bajo crecimiento mundial, el gobierno entrante propone incrementar el PIB un siete por ciento anual, el cual estaría soportado en la intensificación de la llamada locomotora minero-energética, es decir, la explotación intensiva de hidrocarburos, gas y minerales, de cuyas exportaciones dependen una parte importante del ingreso de divisas para el país.
Solo que a esta locomotora se le agregaría el vagón del fracking, actividad altamente contaminante, –como lo han demostrado diversos estudios– y que por lo mismo bajo el gobierno de Gustavo Petro se prohibió.
Mientras la tendencia mundial es no utilizar las fuentes fósiles de energía, causantes de la crisis ambiental, Colombia, bajo la nueva administración, estaría dando un paso atrás en este sentido, echando literalmente en saco roto los logros del cuatrienio en la transición energética. Además, la estrategia contempla hacer fracking en zonas aledañas los páramos, fuente del recurso hídrico para la agricultura y para el consumo humano.
En las poblaciones aledañas al paramo de Santurbán, en Santander, la ciudadanía y las organizaciones ambientalistas ya se están organizando para impedir el empleo de esta técnica en su región.
Una segunda meta propuesta seguramente basada en el fracking es duplicar la producción diaria de crudo. Veamos: en estos últimos cuatro años la producción diaria osciló alrededor de 700 mil barriles (Agencia Nacional de Hidrocarburos), de tal forma que la propuesta de pasar a 1.400.000 es, más que todo, parte del libreto de la “patria milagro”: resolver en corto tiempo los problemas estructurales del país sacando un conejo del sombrero, como hace un mago.
Cómo crecer
Para el caso de la economía colombiana, con el fin de lograr altas tasas de crecimiento se requiere, como mínimo, que concurran varios factores: inversión, bajas tasas de desempleo y unas tasas de intermediación del Banco de República que regulen la inflación pero que, a la vez, no sean un obstáculo para estimular la inversión tanto pública como privada.
Por supuesto que lo que desea y necesita la sociedad colombiana es que la economía crezca para beneficio de toda la población y que haya una redistribución de la nueva riqueza creada. Otra cosa es crear falsas expectativas con propuestas demagógicas que, de llevarse a cabo, irían en perjuicio de la naturaleza y el bienestar de las comunidades que habitan los territorios.
10 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz