La vida de los trabajadores del campo en la década de 1920 estaba caracterizada por la segregación social. Foto Comisión de la Verdad
En diciembre de 1928, el PSR decide que las vías legales se han cerrado en el régimen conservador. Aunque se planea un levantamiento armado, este se aplaza sobre la hora. Sin embargo, por un error en las comunicaciones, tres poblaciones se alzan. Este es el caso de San Vicente de Chucurí
Por: Alfredo Valdivieso
«Una canción de gesta se ha perdido entre sórdidas noticias policiales” –Jorge Luis Borges– ‘El Tango´
Tras la masacre contra los trabajadores del enclave neocolonial yanqui en la zona bananera, ocurrida en la plaza de Ciénaga el 6 de diciembre de 1928, el ejército inició una implacable cacería contra los obreros, asesinando en sus propias casas y en los montes cercanos a un indeterminado número, amén del apresamiento de centenares.
El 31 de diciembre, el gobierno dictó un decreto mediante el cual a los trabajadores (motejados de “cuadrilla de malhechores”), se los sometió a la justicia penal militar y se les juzgó y condenó en concejos verbales de guerra.
En todo el país, además, de manera simultánea arreció la persecución contra dirigentes y activistas que tuviesen algún vínculo con el sindicato de los huelguistas. En esa andanada se da la detención de la mayoría de cuadros políticos del PSR y de Tomás Uribe Márquez (secretario general) a fines de febrero de 1929.
La policía le encuentra una lista con nombres de dirigentes y militantes en todo el país, lo que genera allanamientos, encontrando supuestamente “bombas explosivas, armas de fuego y documentos sobre planes bélicos” en Medellín, Cúcuta, Cali, Ambalema, Soacha, Girardot y otros sitios más.
Insurrección armada
Efectivamente el PSR decide que las vías legales se han cerrado en el régimen de la hegemonía conservadora frente al escandaloso robo de las elecciones mediante fraude; por la arremetida criminal del ejército, no solo en las bananeras sino en las demás zonas de enclave, donde la institución y el gobierno proclaman “patriótico y democrático” defender los intereses de las empresas estadounidenses por encima de las exigencias de los trabajadores nacionales; al ver la imparable arremetida policial-gubernamental contra las acciones pacíficas de los asalariados y el pueblo, a quienes se trata de subversivos, se les persigue, encarcela y judicializa.
Por lo tanto, al régimen conservador hay que derrocarlo mediante una insurrección armada, que debe desarrollarse simultáneamente en todo el país, en especial en los sitios de enclave y de mayor concentración proletaria.
En preparación de esos planes es cuando se da el levantamiento, en paro cívico, del pueblo bogotano contra el nepotismo y la corrupción, contra la «rosca», y es en esas jornadas de protesta cuando se da el asesinato del estudiante Gonzalo Bravo Pérez, el 8 de junio, y la destitución de dos ministros (entre ellos el de la guerra) y del general asesino de las bananeras.
Pero antes de este hecho, y poco después de la masacre de diciembre, el PSR decide crear el llamado Comité Central Conspirativo –CCC– encargado de planear, organizar y coordinar la insurrección.
Levantamiento aplazado
La fecha fue escogida en concordancia con los generales rebeldes venezolanos Emilio Arévalo Cedeño y Rafael María Carabaño del Partido de la Revolución Venezolana, PRV, quienes preparaban también una insurrección armada contra la dictadura de Juan Vicente Gómez.
A los planes del PSR se vinculó el sector radical del partido liberal, encabezado por el general Leandro Cuberos Niño, que consideraba igualmente que a la hegemonía había que derrocarla mediante una acción militar, pues argüía dicho general que “la hegemonía que alcanzó el poder a balazos no lo iba a ceder con votos”.
Se presentaron serios debates acerca del método, ya que los liberales desestimaban la forma insurreccional –a la que tildaban de bolchevique– y descartaban la lucha guerrillera, a la usanza en ese momento del Ejército de Hombres Libres de Sandino.
A última hora tanto los generales venezolanos como el sector radical liberal pospusieron su levantamiento, y el CCC se vio obligado a aplazar el golpe en Colombia. Pero la noticia –por la limitación de las comunicaciones y lo remoto– no llegó hasta apartados sitios como Líbano, Tolima, y San Vicente y La Gómez en Santander.
El levantamiento nacional estaba previsto para el 28 de julio de 1929. Pero el CCC no contaba con el cambio político producido en el país después de las jornadas del 8 de junio, cuando entró a dominar en el partido liberal el sector civilista, lo que quitaba piso político a la insurrección dentro y fuera del partido liberal y cuando los principales dirigentes del PSR estaban en la cárcel.
Insurrección chucureña
Entre el 27 y 28 de julio se presentó el levantamiento en varios sitios del país. En el Líbano, Tolima; en La Gómez, en ese momento jurisdicción de Puerto Wilches, Santander; y en San Vicente de Chucurí, Santander.
El domingo 28 de julio, en San Vicente, participaron aproximadamente 50 personas, encabezadas por el exjuez Carlos Humberto Durán, Rafael y Francisco Galvis, Rodolfo Flórez, Guillermo Ribera, Heliodoro Ochoa (padre) y Pedro Rodríguez, estos dos últimos antecesores generacionales de partícipes de las guerrillas liberales de Rafael Rangel Gómez y de dos fundadores del ELN: Heliodoro Ochoa (hijo) y Nicolás Rodríguez B.
Participan además colonos y artesanos, tal como lo relató el médico e historiador Álvaro Frías Ardila, en el suplemento ‘Hojas Secas de Chucurí’ del periódico ‘El Yariguí Chucureño’.
Ese día, acorde con el plan del CCC los insurrectos se tomaron la plaza principal. En medio del tiroteo murieron tres personas. En el esfuerzo fallido por tomarse el cuartel de policía murieron dos de los dirigentes del levantamiento y un conservador exaltado, representante de la autoridad municipal que enfrentó a los insurrectos pistola en mano, y quedaron dos heridos de la revuelta.
Ante la derrota por carencia de suficientes armas y agotamiento del parque, muchos insurrectos huyeron hacia los montes cercanos. Algunos cuantos (Frías Ardila los tilda de “monumentos exactos a la ingenuidad”) se entregaron a la policía, confiando en la palabra empeñada, y fueron molidos a patadas y bolillazos, enviados aherrojados a la cárcel de Bucaramanga, de donde solo salieron bastante tiempo después; y los demás sobrevivientes, organizaron la primera guerrilla de resistencia en la región, escuela de lucha para veinte años más tarde.
Vanguardia Liberal, periódico tradicional, en ese momento defensor acérrimo del partido liberal en Santander, y supuesto detractor y combatiente contra la hegemonía conservadora, en su editorial del 31 de julio de 1929 se pronunció contra la acción de los trabajadores socialistas chucureños, a quienes tildó de vagos y ladrones, amén de violentos y vándalos. ¡La gesta se perdió en medio de la crónica policiva! Y en el Archivo Histórico Regional similar trato dan a los alzados.
12 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz