Ferrocarril Central del Norte en el sector conocido como La Gómez. Foto Archivo General de la Nación
La noticia del aplazamiento de la insurrección del 27 de julio de 1929 tampoco llegó a la principal estación del Ferrocarril Central del Norte en Santander. La acción armada contó con unos doscientos trabajadores que se tomaron por asalto el cuartel de policía en la región
Por: Alfredo Valdivieso
«No descansaremos hasta ver hondear el rojo de los descamisados sobre la cúpula chata del Capitolio»: Raúl Eduardo Mahecha.
El otro sitio al que no llegó a tiempo la noticia del aplazamiento de la insurrección del 27 de julio de 1929–preparada por el PSR con el supuesto apoyo del sector radical del Partido Liberal (que a última hora le «sacó el tafanario»)– fue la principal estación del Ferrocarril Central del Norte: La Gómez, en ese entonces jurisdicción del municipio de Puerto Wilches, Santander, corregimiento posteriormente segregado del puerto sobre el río Magdalena y anexado a Sabana de Torres
La Gómez, además de ser una de las fundamentales estaciones ferroviarias, era y es aún hoy con más fuerza, productora de arenas silíceas (materia prima para la fabricación de vidrio), lo que convirtió a dicho poblado en propiedad casi exclusiva de la empresa Peldar, del monopolio Ardila Lülle, que traslada su material en tren propio hasta sus cuatro plantas de producción.
El asalto
El movimiento en La Gómez estalló el 27 de julio en las horas de la noche. En la tarde de ese día habían llegado algunos obreros y cuadros políticos procedentes de otros lugares del departamento de Santander; y varios trabajadores del ferrocarril, en forma acuciosa, habían conseguido escopetas en las instalaciones férreas.
Muchos otros se habían dedicado a fabricar y aprovisionar bombas de mano. Desde un periódico socialista se había orientado: “Cada trabajador debe conseguir una carabina y ponerla a funcionar, así como hace el Gobierno. Lo que pasó en la zona (bananera) no se va a repetir”
Aproximadamente a las nueve de la noche, unos doscientos trabajadores se tomaron por asalto el cuartel de policía en el que se encontraban tres agentes. Entre los asaltantes murieron tres trabajadores: el jefe de talleres, Luis Umaña, además de Martín Castro y Heliberto Blanco.
La acción duró hasta las cuatro de la mañana del 28 de julio. Asaltos similares se produjeron en la estación El Conchal y en La Tigra, ambas estaciones del ferrocarril.
Los nombres que lideraron la insurrección
Los principales cuadros y héroes del PSR fueron: Joaquín Ovalle: dueño de una cantina en la cual se planeó el levantamiento; fue el principal dirigente. En su negocio se reunían los socialistas y se dedicaban a leer periódicos y boletines. Fue él quien se dio a la tarea de hacer contactos clandestinos para asegurarse de la participación de obreros y aserradores, así como de empleados del telégrafo, el día del levantamiento.
Era un personaje con instrucción política y cultural, muchos de sus familiares eran igualmente socialistas, y en la región era reconocido por ser muy “servicial y colaborador”; es decir, solidario con toda la población, independientemente de sus creencias, convicciones y posición social.
Su hermano Leónidas Ovalle, era el editor-director en Bucaramanga del periódico socialista Vox Populi Víctor Ballesteros: era empleado del ferrocarril y desempeñó una importante función en el levantamiento por ser ayudante de la oficina de tráfico, lo que le facilitaba la comunicación con otras estaciones para ordenar el movimiento o detención de los trenes.
Plutarco Suárez: también era dueño de una cantina y ocasionalmente realizaba trabajos para la South American Gulf (empresa petrolera yanqui asentada en la zona de La Tigra). En esa región, los trabajadores de la extracción del petróleo caían como moscas por el paludismo, la mordedura de culebras y los zarpazos de los tigres americanos. Pero, además por la crisis generada por el crack financiero de ese año, muchos trabajadores de la empresa imperialista habían sido despedidos, contribuyendo ala escandalosa cifra de 1.500 obreros echados.
Santiago Elles: contratista de trabajos varios, fue el dirigente del levantamiento en La Tigra. Había llegado hacía poco tiempo a la región, enviado por la dirección departamental de Santander del PSR. Cuando llegó, lo hizo con su revólver Colt en la pretina.
Rufino Arciniegas: dirigió los sucesos de El Conchal en momentos en que contaba con 61 años. De tradición liberal radical y veterano de la Guerra de los Mil Días, había sido herido en el curso de esa conflagración en Bucaramanga y participó en la célebre y cruenta Batalla de Palonegro. Llegó a la zona y se dedicó a la colonización de tierras (constante en los perseguidos, y en especial de entre ellos, los comunistas) y laboró en comercio. Tras conocer su sentencia por el alzamiento bolchevique a cinco años de cárcel, se suicidó
Elías Vivas: aunque no participó directamente en la insurrección, era el cuadro clave en Puerto Wilches como punto de apoyo y orientación. Era periodista y agitador desde Semilla Germinal, órgano periodístico local del PSR.
Agustín Ardila Pereira: secretario de Juzgado en Puerto Wilches. Al igual que a Vivas, la dirección partidista departamental y la municipal le habían asignado apoyar el movimiento desde el poblado. Ambos eran socialistas convictos y se proclamaban a sí mismos como «bolcheviques».
Recuperar la historia
Otros participantes destacados, héroes de la jornada, fueron Félix Bernal y Agustín Ardila, quienes, tras la derrota –que se ocasionó por escasez de armas y agotamientos de municiones–, se alzaron en armas en la primera guerrilla proletaria-campesina que surgió en la región
Esta serviría igualmente de escuela para acoger a la guerrilla liberal comandada por el «Mocho Rangel» (y por cuadros comunistas) después de la perfidia del Estado, cuando ellos entregaron el poder en Barrancabermeja luego de los sucesos del 9 de abril de 1948, que la historia conoce como «La Comuna de Barrancabermeja», de la que hablaremos en próximas entregas.
Todos los señalados eran socialistas y, más que eso, comunistas; leían los periódicos del PSR a viva voz para que se enterara la gran masa obrera y campesina, analfabeta y ágrafa. Algunos habían leído textos de Marx, Engels y Lenin, y se habían dado a la tarea de instruir, influir y organizar a los trabajadores del ferrocarril y los campesinos de las regiones circundantes
En esas jornadas hubo otros intentos como en La Dorada, Caldas; en Suba, hoy Bogotá; en La Palma y Yacopí, Cundinamarca; y en Dagua, Candelaria, Pradera y Palmira, Valle del Cauca, como relata, aunque sin profundidad, Ignacio Torres Giraldo. Por eso vale la pena que los dirigentes del Partido Comunista, en sus 96 años, recuperemos esas historias.
21 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz