Por: Ómer Calderón
Cuba y Colombia, frente al espejo de las evaluaciones internacionales, revelan dos formas opuestas de entender la educación pública. Mientras Cuba aparece en las pruebas del LLECE como un caso persistente de alto rendimiento y baja desigualdad, Colombia vuelve en PISA 2025 a mostrar los límites de un sistema fragmentado, socialmente injusto y debilitado en su capacidad de formar pensamiento científico y humanístico
La ventaja cubana es producto de una decisión histórica. En el PERCE de 1997 y el SERCE de 2006 obtuvo los mejores resultados regionales en lenguaje, matemáticas y ciencias. En el ERCE 2019 mantuvo desempeños altos en lectura, matemáticas de tercer grado, ciencias de sexto y habilidades socioemocionales. Más importante aún: registró la segregación escolar más baja de América Latina. Allí donde el origen social pesa menos sobre el aprendizaje, la educación cumple una función revolucionaria.
Esa ventaja cubana proviene de la universalización temprana del acceso, currículo común, una formación docente rigurosa, un seguimiento pedagógico y una pedagogía centrada en la transmisión del conocimiento. Hay que reconocer que, incluso bajo restricciones económicas criminales, Cuba logra algo que buena parte de América Latina no consigue: hacer de la escuela un espacio relativamente homogéneo, exigente y orientado a elevar el nivel de conocimientos de todos
Colombia aparece en PISA 2025 con un estancamiento estructural, normalizado y administrado con discursos de pedagógicos posmodernos. Los resultados en lectura, matemáticas y ciencias muestran que demasiados jóvenes llegan a los 15 años sin capacidades básicas para comprender o razonar críticamente. Detrás de esto se encuentran las brechas sociales, los
colegios desiguales, la infraestructura precaria, la asistencia irregular, el acoso escolar y una cotidianidad cada vez más colonizada por pantallas que funcionan como atajo para no pensar
La diferencia está en el lugar asignado a la educación pública. Cuba, en medio del bloqueo yanqui, organizó la escuela como asunto estratégico de Estado. Colombia la ha dejado a merced del mercado, la desigualdad territorial, reformas cosméticas y gobiernos que restringen las condiciones reales del aprendizaje
Culpar a la educación pública y ofrecer privatización, los bonos o la competencia escolar como remedios mágicos. PISA 2025 confirma que los sistemas que avanzan no son los que abandonan al Estado, sino los que lo fortalecen. La lección cubana incomoda a quienes reducen la educación a rankings y negocios: la igualdad educativa exige inversión pública, conducción política, maestros bien formados y una escuela que no segregue.
Lo que separa a Cuba de Colombia no es una receta técnica, sino una decisión histórica: concebir la escuela como derecho o como servicio. El bajo desempeño colombiano es el retrato de un país que no garantiza condiciones para aprender, mientras que Cuba enseña que el derecho a la buena educación es la condición necesaria para una verdadera calidad.
21 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz