Marcha antifascista. Foto de Mika Baumeister, licencia Unsplash

Estados Unidos incluyó al colectivo hacktivista italiano en la lista que lo define como una organización terrorista. Los acusados sostienen que su actividad consiste en proporcionar herramientas de comunicación y defensa digital a activistas, individuos, organizaciones y movimientos sociales.

Por: Simón Palacio

Hay formas de censura que no necesitan una orden de cierre de un periódico, el allanamiento de una redacción o la prohibición explícita de una página web. Basta con cortar el dinero, bloquear un dominio, cerrar una cuenta bancaria y convertir en delito la infraestructura que permite a otros comunicarse.

Eso es lo que ocurrió con Autistici/Inventati (A/I), el colectivo italiano de activismo tecnológico que durante 25 años construyó una de las experiencias más importantes de comunicación digital independiente, privada y no comercial.

La acusación

El 26 de agosto de 2026, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, incluyó a Autistici/Inventati en su lista de Specially Designated Global Terrorists (SDGT). Washington sostiene que el colectivo proporcionó infraestructura, herramientas y servicios digitales a células de Antifa y a otros sectores que las autoridades estadounidenses califican como extremistas violentos de izquierda.

La acusación afirma que Autistici/Inventati ejecutó actos terroristas alrededor del llamado “material support” (apoyo material). La consideración es que suministrar infraestructura tecnológica puede constituir apoyo material a organizaciones o actividades calificadas como terroristas.

Autistici/Inventati rechaza categóricamente esa acusación. El colectivo sostiene que su actividad consiste en proporcionar herramientas de comunicación y defensa digital a activistas, individuos, organizaciones y movimientos sociales. Desde su nacimiento, en 2001, surgió precisamente como una respuesta a la vigilancia, la censura y el control corporativo de internet. Sus servicios eran gratuitos, financiados mediante donaciones y gestionados por voluntarios.

La privacidad no es una mercancía

La filosofía de Autistici/Inventati partía de una premisa política: la privacidad no debía ser una mercancía. La plataforma ofrecía correo electrónico, alojamiento de páginas, listas de distribución, blogs, chats y otras herramientas digitales sin convertir los datos personales de sus usuarios en una fuente de lucro.

Su infraestructura estaba orientada especialmente hacia movimientos sociales, periodistas, activistas y organizaciones que necesitaban comunicarse fuera del ecosistema dominado por las grandes corporaciones tecnológicas. Precisamente esa independencia parece encontrarse en el centro del conflicto.

Después de la decisión estadounidense, las consecuencias comenzaron a multiplicarse. El dominio autistici.org quedó inaccesible el 28 de agosto. El colectivo atribuyó inicialmente el problema al sistema DNS y posteriormente señaló que Public Interest Registry (PIR), operador del dominio .org, había intervenido sobre el dominio.

También fue suspendida la cuenta de PayPal utilizada para recibir donaciones. Posteriormente, Banca Etica suspendió la cuenta bancaria del colectivo. Autistici/Inventati presentó un recurso urgente contra esa decisión ante la justicia italiana y sostiene que ninguna norma obliga automáticamente a congelar sus fondos simplemente porque Estados Unidos haya incluido a la organización en una lista de sanciones.

Es así como la censura no necesita ser ejecutada directamente por el Estado que la origina. Washington sanciona, una empresa financiera evita riesgos, un operador tecnológico bloquea, una plataforma suspende una cuenta, un proveedor deja de prestar servicios y, finalmente, una organización independiente queda sin las herramientas necesarias para continuar funcionando.

Efecto dominó

El golpe resulta especialmente significativo por la historia de A/I. Desde 2001, el colectivo había construido una infraestructura alternativa para quienes no querían depender de Google, Microsoft, Meta y otras grandes plataformas comerciales.

En su propia definición, Autistici/Inventati nació de la convergencia entre hackers, colectivos autónomos, activistas tecnológicos y defensores de los derechos digitales. Su identidad es antifascista, antirracista, antisexista y antimilitarista, y contrario al capitalismo y al autoritarismo. Una identidad política de izquierdas que no equivale automáticamente a cometer un delito.

El propio colectivo recuerda que en Italia enfrentó anteriormente procedimientos judiciales relacionados con sus servidores y algunos contenidos. En esos casos, afirma, la organización y sus responsables fueron absueltos.

En ese momento, aquellas controversias pasaron por procedimientos judiciales ordinarios. Pero la designación estadounidense llegó mediante un régimen administrativo de sanciones y, según A/I, el colectivo ni siquiera recibió una notificación formal antes de conocer la decisión a través de los medios.

Si una infraestructura de comunicación puede ser castigada por las actividades de algunos de sus usuarios, el precedente no afecta únicamente a Autistici/Inventati; puede alcanzar mañana a servidores independientes, plataformas de cifrado, archivos digitales, medios comunitarios, bibliotecas, redes de activistas o proyectos de software libre.

El precio de la independencia

El 6 de septiembre, después de evaluar las posibilidades legales y las consecuencias que podían recaer sobre sus usuarios, Autistici/Inventati anunció el cierre de sus servicios. La decisión busca proteger a las personas que dependían de su infraestructura frente a posibles consecuencias financieras y legales.

La magnitud de la desaparición es considerable. Medios italianos reportaron miles de cuentas de correo, blogs, listas de distribución y sitios web afectados. Durante un cuarto de siglo, A/I había funcionado como columna vertebral digital para numerosos movimientos sociales y proyectos independientes.

Durante décadas, internet fue presentada como una tecnología capaz de democratizar la comunicación y reducir el poder de los grandes intermediarios. Autistici/Inventati representó esa posibilidad construyendo servidores propios, administrando colectivamente los recursos, protegiendo la identidad de los usuarios y manteniendo espacios digitales alejados de la lógica del mercado.

Pero el capitalismo tecnológico produjo otra realidad: buena parte de internet depende hoy de unas pocas empresas, sistemas financieros y operadores de infraestructura. Si bien, aparentemente la independencia puede existir, está obligada a convivir con una arquitectura que mantiene numerosos puntos de control.

Controlar el ecosistema digital

El caso A/I demuestra hasta dónde puede llegar ese poder, configurándose en una peligrosa advertencia para el mundo digital.

Autistici/Inventati cierra después de 25 años. Sus servidores podrán apagarse, sus cuentas desaparecer y sus dominios quedar inaccesibles. Lo que deja en evidencia este caso es que, detrás de la persecución en contra de esta emblemática propuesta de software libre, están los objetivos del tecnofascismo, que buscan controlar la infraestructura y todo el ecosistema digital sobre el que se ejercen las libertades.
2 de octubre de 2026
Con información del Semanario Voz

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