Desde la dirección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), se quiere imponer una fórmula singular: “la familia es una”. Sin embargo, jurisprudencia de la Corte Constitucional, estudios en ciencias sociales y cifras del DANE confirman que no existe un único modelo legítimo.

Por: Renata Cabrales

Una madre que cría sola a sus hijos es una familia. Dos madres con una hija son una familia. Dos padres con sus hijos son una familia. Una abuela que asumió la crianza de sus nietos es una familia. También lo son las familias extensas, reconstruidas, de crianza y aquellas que se forman mediante vínculos de cuidado que van más allá de la sangre.

Por eso resulta especialmente preocupante que desde la dirección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), precisamente la institución encargada de proteger a niños, niñas, adolescentes y sus entornos familiares, se quiera reducir esa diversidad a una fórmula singular: “la familia es una”.

La directora del ICBF, Carolina Restrepo Cañavera, pronunció esa frase durante una intervención ante la Comisión Séptima del Senado el 22 de septiembre de 2026, mientras explicaba modificaciones en programas de la entidad.

El problema no es solo gramatical. Hablar de “las familias” significa reconocer que en Colombia no existe un único modelo legítimo de convivencia, cuidado y afecto.

El plural también importa

Después de la polémica, Restrepo aclaró que no pretendía afirmar que solo existiera la familia tradicional compuesta por padre, madre e hijos. Explicó que una familia también podía estar integrada por una madre, un padre, dos madres, dos padres, abuelos, tíos o personas sin vínculos sanguíneos.

Sin embargo, insistió en que “familia hay una: la de cada uno”. Ese matiz no elimina el problema. Una institución pública como el ICBF debería comprender por qué durante décadas el derecho, las ciencias sociales y los movimientos por la igualdad han insistido en hablar de familias, en plural.

No se trata de impedir que cada persona diga “mi familia”. Se trata de reconocer institucionalmente que existen múltiples formas de familia y que ninguna de ellas puede apropiarse de la definición general.

La Corte Constitucional ha reconocido reiteradamente distintas modalidades familiares y ha señalado que la protección constitucional no puede limitarse a un único tipo de vínculo. Entre ellas aparecen familias monoparentales, extensas, de crianza y aquellas conformadas por parejas del mismo sexo.

Por eso, hablar de familias diversas no es una moda lingüística. Es reconocer una realidad social y jurídica.

Virginia Gutiérrez de Pineda ya lo había demostrado

Mucho antes de que esta discusión llegara al Senado, Virginia Gutiérrez de Pineda ya había mostrado que la idea de una sola familia colombiana no corresponde a nuestra historia.

La antropóloga, una de las investigadoras más importantes del país en el estudio de la familia, analizó cómo las estructuras familiares variaban según la región, las condiciones económicas, las tradiciones culturales, las formas de unión y las relaciones de género.

En obras como Familia y cultura en Colombia, publicada en 1968, demostró que el país estaba compuesto por distintas configuraciones familiares. Sus investigaciones cuestionaron la idea de una familia homogénea y mostraron la enorme diversidad de formas de parentesco, autoridad y convivencia presentes en Colombia.

Esto resulta especialmente importante hoy. Porque cuando desde una institución se utiliza una única definición de familia, se corre el riesgo de convertir una experiencia particular en la medida de todas las demás.

Es así como Gutiérrez de Pineda ya había demostrado, hace décadas, que Colombia nunca fue un país de una sola estructura familiar.

Las estadísticas también hablan en plural

La diversidad familiar no es solamente una conclusión académica. Según cifras recientes del DANE, poco más de la mitad de los hogares colombianos corresponde a hogares biparentales, es decir, aquellos donde están presentes ambos padres. Una proporción significativa corresponde a hogares monoparentales, mientras crecen también los hogares unipersonales y otras configuraciones familiares. Esto significa que millones de colombianos viven en estructuras distintas al modelo tradicional.

Hay niños criados por madres solas, padres solos, abuelos, abuelas, tíos y otros familiares. Existen hogares reconstruidos después de separaciones, familias homoparentales y familias donde los vínculos de cuidado no dependen exclusivamente de la consanguinidad. No reconocer esta realidad en el lenguaje institucional significa invisibilizar precisamente a las personas que más necesitan que el Estado las reconozca.

Las declaraciones de Restrepo provocaron cuestionamientos entre varios congresistas. El senador Duvalier Sánchez llamó la atención sobre la situación de miles de niños y niñas que crecen con madres solas, padres solos, abuelos, tíos y otros cuidadores, y cuestionó una formulación que pudiera desconocer esa diversidad.

Por su parte, el senador Alejandro Ocampo también criticó la idea de imponer una concepción única de familia y defendió la necesidad de que el Estado proteja a los hogares independientemente de su composición.

La discusión es particularmente sensible porque cuando se habla del ICBF no se está debatiendo una cuestión puramente teórica, sino esencialmente de políticas públicas.

Una niña criada por dos madres no necesita que el Estado discuta si su hogar encaja suficientemente en una definición de familia. Necesita igualdad. Un niño que vive con su abuela necesita protección.

Una madre que cría sola a sus hijos necesita apoyo institucional, no que su hogar sea tratado como una desviación del modelo familiar dominante.
Todas son familias

Defender la diversidad familiar no significa atacar a las familias tradicionales. Una pareja heterosexual con hijos merece exactamente el mismo respeto que cualquier otra forma familiar.

Lo que no puede aceptarse es que una sola estructura se convierta en el modelo universal desde el cual se mide a todas las demás.

Dos madres son una familia, dos padres son una familia, una abuela criando a sus nietos es una familia, una madre sola con sus hijos es una familia, una familia de crianza es una familia.

Virginia Gutiérrez de Pineda lo mostró desde las ciencias sociales. La Corte Constitucional lo ha reconocido desde el derecho. Las cifras del DANE lo confirman y millones de colombianos lo viven todos los días.

Por eso el ICBF debería ser precisamente una de las instituciones que con mayor claridad hable de familias, en plural. Su función no es decidir qué modelo merece convertirse en la norma. Su obligación es protegerlas a todas.
30 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz

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