“La seguridad nacional de los EE. UU. -nos dice el activista estadounidense Manolo de los Santos en un artículo reciente- no es un concepto abstracto debatido en las noticias por cable estadounidenses; es la realidad tangible de un apagón de 20 horas en Cuba, el olor a comida descompuesta y el miedo por las medicinas refrigeradas de un niño. Este es el rostro de una política que el gobierno de los Estados Unidos califica como respuesta a una `amenaza extraordinaria´. La verdadera amenaza, sin embargo, no es militar. Es el desafío de 67 años de una pequeña nación insular que se ha negado a renunciar a su soberanía”.
Hoy no podemos analizar otra cosa que la política genocida de la Casa Blanca contra Cuba, que pretende que colapse todo en la Isla: la red eléctrica al completo, las bombas de agua, el transporte público, los hospitales, las escuelas, las fábricas, las viviendas, todo lo que depende del combustible importado que, mediante coerción a terceros países, Trump y Marco Rubio pretenden cortar de raíz.
Este intento de genocidio tiene en los representantes autodenominados “cubanoamericanos” de la Florida como sus principales valladares. María Elvira Salazar, esta genocida insaciable, decía: “La hora de la libertad de Cuba ha llegado. Hoy contamos con un presidente y un secretario de Estado decididos a limpiar nuestro hemisferio de sátrapas, narcotraficantes y dictadores. Pero el exilio también tiene una responsabilidad histórica: dejar de darle oxígeno a la dictadura. Porque cada dólar, cada viaje y cada gesto de falsa normalidad prolonga la vida de un régimen criminal y condena al pueblo cubano a otros 60 años de miseria, represión y esclavitud. Este es el momento de parar todo: no más turismo, no más remesas, no más mecanismos que sigan financiando y sosteniendo a la dictadura”. Y hacía un reconocimiento explícito de que el pueblo cubano no es más un rehén en manos del imperio: “Y sí, lo entiendo: es devastador pensar en el hambre de una madre, en un hijo que necesita ayuda inmediata. Nadie es indiferente a ese dolor. Pero esa es precisamente la disyuntiva brutal que enfrentamos como exilio: resolver el sufrimiento a corto plazo o librar a Cuba para siempre. No podemos seguir siendo rehenes de un régimen que incluso desde el exilio nos obliga a financiar nuestra propia opresión. En la hora final del régimen, el exilio tiene que elegir: libertad”. Son asesinos de masas. ´
Un medio conservador de EEUU, llamado “The American Conservative” publicaba un artículo que, aunque no escrito por un periodista conservador, da la medida (por el propio hecho de ser publicado) del debate del “tema Cuba” en el entorno MAGA. El título es “Un argumento de `America First´ para poner fin al embargo a Cuba” y señala, entre otros aspectos que, lejos de ser una “amenaza a la seguridad de EEUU”, Cuba es garantía de dicha seguridad. Leemos: “Las sanciones más duras han hecho a Cuba menos estable —y a Estados Unidos menos seguro— al desestabilizar la economía de la isla, acelerar una migración sin precedentes hacia la frontera estadounidense, socavar los esfuerzos antidrogas e incentivar una relación más estrecha con Rusia y China. A pesar de toda la retórica en Washington sobre el narcotráfico como amenaza a la seguridad nacional, la política estadounidense hacia Cuba ignora una verdad incómoda: Cuba es el principal socio de seguridad del gobierno de EE. UU. en el Caribe. No puede decirse lo mismo de aliados de EE. UU. como la República Dominicana, Haití, Jamaica y las Bahamas”.
También analizaremos ejemplos de escandaloso doble rasero mediático, como los casos de dos asesinatos machistas de mujeres cubanas, uno en EEUU y el otro en Cuba. ¿En cuál de los dos nos dirán que la culpa es del “régimen”?
Fuente Cubainformación