Foto equipo de Comunicaciones Iván Cepeda
El momento político que vive el país exige claridad, firmeza y sentido histórico. No estamos ante un simple desacuerdo procedimental ni frente a una controversia jurídica aislada. Lo que está en juego es la posibilidad real de consolidar una mayoría política y social que garantice continuidad y profundización del proceso de cambio.
Editorial 3306
El intento de exclusión de Iván Cepeda de la consulta presidencial, por una mayoría del Consejo Nacional Electoral, CNE, es una clara decisión política orientada a debilitar a las fuerzas alternativas y a fragmentar el proyecto de unidad que venimos construyendo.
Una de las consecuencias más graves de esta maniobra es el riesgo de desarticular una acción electoral que debía expresarse de manera integral y simultánea: la definición presidencial y el respaldo decidido a las listas al Congreso.
La consulta no es un hecho aislado ni un simple mecanismo de selección de candidaturas; es, ante todo, la proyección de una sola voluntad política, de una acción electoral unificada capaz de cohesionar mayorías tanto a la Presidencia como al Senado y a la Cámara. Impedir esa convergencia busca inducir indecisión, sembrar confusión en el electorado y debilitar el apoyo a las listas del cambio.
Ganar mayorías comprometidas en la Cámara y en el Senado es decisivo también para ganar y sostener la Presidencia. Sin un Congreso alineado con el mandato popular, cualquier gobierno alternativo enfrentará bloqueos, chantajes y sabotajes permanentes, como ya lo ha demostrado la experiencia reciente. Por ello, en este escenario, la tarea central es concentrar las fuerzas en el respaldo masivo, consciente y organizado a nuestras listas al Congreso, entendiendo que allí se juega buena parte del futuro del proceso de transformaciones.
La consulta presidencial impulsada por el Pacto Histórico está estrechamente ligada a la construcción de una fuerza amplia, de un frente político y social capaz de convocar, no solo a la izquierda organizada, sino también a sectores liberales, progresistas y de centro comprometidos con la defensa de los derechos, la justicia social y la superación de las profundas desigualdades generadas por el modelo neoliberal. Esa apuesta estratégica no ha sido abandonada ni renunciada. La construcción del frente amplio sigue siendo una necesidad histórica y política para el país.
El CNE, mediante dilaciones deliberadas y decisiones calculadas, intenta bloquear esa posibilidad por la vía de la consulta. No se trata de una discusión técnica ni jurídica: es una decisión política que busca dividir, desgastar y frenar la posibilidad real de que las fuerzas del cambio ganen tanto la Presidencia como el Congreso. En el fondo, lo que se intenta impedir es una victoria en primera vuelta y la consolidación de una mayoría transformadora.
El diálogo político entre las fuerzas que compartimos el cambio es hoy más necesario que nunca, como es necesaria la lectura responsable de los escenarios que se abren y la capacidad colectiva de anticipar riesgos. El contexto nacional e internacional, las presiones externas y los intentos de la derecha por torpedear el proceso electoral exigen inteligencia política y unidad estratégica.
La situación exige avanzar hacia acuerdos políticos amplios, claros y oportunos para unificar voluntades y fortalecer una unidad sólida y consciente. Se trata de defender y hacer posible el proyecto colectivo del cambio que millones de colombianos y colombianas esperan que continúe y se profundice.
Con información del Semanario Voz