La informalidad para febrero de 2026 llegó a 55,3%, dos puntos porcentuales con referencia al año pasado. Foto archivo
En diálogo con VOZ, el doctor en economía de la Universidad de Utah, Daniel Ossa, analiza el último informe de mercado laboral y la reciente decisión del banco central en aumentar las tasas de interés.
Por: Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos
El debate económico se encuentra al rojo vivo. Por un lado, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, publicó el informe de mercado laboral para febrero de 2026. La conclusión general del documento es que la tasa de desocupación fue del 9,2%, siendo el mejor resultado del mes en los últimos 25 años.
Por otro lado, la Junta Directiva del Banco de la República decidió aumentar la tasa de interés, fijándola en 11,25%, desatando un debate público sobre el rumbo macroeconómico del país.
Para profundizar sobre estos temas, VOZ conversó con Daniel Ossa, economista de la Universidad Nacional, doctor en economía de la Universidad de Utah y docente de la Universidad de Denver en los Estados Unidos.
Desempleo a la baja
Recientemente el DANE publicó el informe de mercado laboral que contradice a quienes habían vaticinado un pico de desempleo por cuenta del aumento del salario mínimo…
La teoría dominante interpreta que el salario mínimo es el causante del desempleo. Pero las cifras están demostrando una realidad que no se está comportando como el modelo predice.
Hay dos factores que ayudan a entender las cifras. Uno es el gasto público y la inversión social durante este gobierno, lo que ha significado inyección de dinero y mayor dinamismo. Y lo segundo, el aumento del salario mínimo, que significó indudablemente un estímulo para la economía.
Los críticos dicen que el aumento del salario está destruyendo el empleo formal. ¿Es esto cierto?
La evidencia dice que el aumento en el salario del 23%, por encima de la inflación y la productividad, no disparó el desempleo y la informalidad, de hecho, el comportamiento es descendente. La informalidad está más baja en el total nacional con un 55.3%, es decir, que esa caída se ha dado principalmente en el sector formal. Los datos confrontan el relato.
¿Qué otros resultados se destacan de este informe?
Es inobjetable que la cifra de desempleo del 9.2% en febrero de 2026 es la más baja en todo el milenio. Por ejemplo, es interesante analizar ese sector llamado de los “cuenta propia”, personas que pueden ser formales o informales. Esta población ha ido cayendo como porcentaje del empleo total, es decir, a comienzos del 2021 esa cifra estaba en el 46.38% y en este momento está en el 41.21%.
Una de las críticas que hace la oposición es que muchos empleos se explican por el crecimiento en el sector público…
No es cierto. Los empleos del gobierno, como porcentaje del total, han ido cayendo durante estos cuatro años. Para 2022 más o menos el 5% de empleados eran del gobierno. Según la última información disponible, el porcentaje es del 3.8%, incluso muy por debajo del promedio de los últimos 15 años que es del 4.3%.
Enfriar la economía
La reciente decisión del Banco de la República de aumentar a 11.25% la tasa de interés ha desatado un interesante debate. ¿Cómo analiza usted esta decisión?
El banco toma esta definición como consecuencia al aumento del salario mínimo del 23%. La tasa del 11% influye en todas las demás tasas de interés que hay en la economía. Es decir, si uno va a pedir un préstamo a un banco, si va a comprar vivienda o va a sacar un crédito hipotecario, la referencia será muy alta.
El banco está desestimulando la economía. De hecho, la terminología que utilizan es que la economía se encuentra sobrecalentada y la decisión de subir la tasa es para enfriarla. Las consecuencias serán que el consumo disminuirá, el crecimiento bajará y el desempleo seguramente subirá. La economía se ralentizará.
¿Acierta o desacierta el Banco con la decisión?
En mi opinión, el Banco desacierta. La tasa debió bajar o por lo menos mantenerse igual. Lo que argumentan es que las expectativas de inflación empezaron a crecer a partir del incremento del salario mínimo. Esta conclusión sale de unas encuestas que hacen a grandes empresas, sobre todo del sector financiero.
La pregunta para nosotros como sociedad colombiana es, ¿cuál es ese nivel de inflación que estamos dispuestos a tolerar? La respuesta no es fácil, porque cada sector político tiene una perspectiva diferente. Hay quienes priorizan mantener una inflación baja, así el desempleo sea alto, y hay quienes priorizan que la inflación se mantenga por arriba del objetivo, con tal de que el desempleo sea menor.
Independencia del banco
Una de las discusiones sobre este tema es la independencia del Banco. ¿Qué postura tiene usted con respecto a este asunto?
La idea de la independencia del Banco Central se introdujo como una de esas reformas de “nueva arquitectura institucional” con la implementación del neoliberalismo. La visión dominante que se impuso fue que el banco central debía ser independiente justamente para mantener bajos los niveles de inflación.
Yo creo que esa arquitectura institucional tiene un costo bastante alto que favorece a unos sectores más que a otros. Al separar la política monetaria de la política fiscal y dar esa independencia al banco central, se limita la capacidad de acción de los gobiernos para cumplir ciertos objetivos.
El arreglo institucional alrededor del Banco de la República tiene que cambiar y debe estar orientado a ser un poco más flexible para poder coordinar mejor la política monetaria y política fiscal. Los objetivos del banco no deberían ser únicamente la inflación, sino también el desempleo.
Está finalizando el Gobierno de Gustavo Petro. ¿Qué le gustó y qué no tanto de esta experiencia progresista?
Hay que valorar los avances en la disminución de la pobreza y la desigualdad, en la mejora de la distribución del ingreso. Sin embargo, quedan deudas importantes como el desarrollo industrial, clave para reducir los niveles de desempleo e informalidad.
También está el tema fiscal. Para eso necesitamos un pacto, donde diferentes sectores de la sociedad, los más afluentes, se comprometan con el país a pagar mayores impuestos. Es necesario que la política tributaria sea más progresiva para que este gasto social sea sostenible.
Pero lo que más me gustó de este Gobierno fue que puso a la gente a hablar de economía, un asunto valioso para la democracia y la sociedad.
Con información del Semanario Voz