Tomada de QuePasaMedia
Por: Ómer Calderón
Hace 150 años, Sergio Arboleda Pombo encabezó un alzamiento armado contra el Gobierno nacional para oponerse a la educación laica establecida por la regulación de la educación pública de 1870. Hacendado, esclavista, político conservador y militante ultracatólico, Arboleda y los ejércitos de los estados federales de Antioquia, Santander, Cundinamarca, Tolima y Cauca buscaron derrotar al gobierno liberal de Aquileo Parra para expulsar del poder al liberalismo radical y hacer trizas el proyecto republicano que impulsaba.
Ese republicanismo defendía una educación gratuita, por primera vez obligatoria, y laica, es decir, independiente de la Iglesia católica. Con escasos recursos, promovió las escuelas normales y se apoyó en la Misión de Pedagogos Alemanes para fortalecer la educación científica. También decretó que “el Gobierno no interviene en la instrucción religiosa”, desplazando así el control que la jerarquía católica ejercía sobre la escuela.
No fue una simple “batalla cultural”, sino la guerra civil de 1876-1877, que dejó más de cinco mil jóvenes del pueblo en los campos de batalla. Aunque las fuerzas paracatólicas parecían contar con ventaja, las tropas republicanas ganaron en Los Chancos, Tolima, el 29 de agosto de 1876, y vencieron también en el último combate a muerte en El Cocuy, Boyacá, el 27 de abril de 1877.
Mientras tanto, desde cada púlpito se condenaba al infierno a quienes se atrevieron a disputar el cerebro y el corazón de la juventud, defendiendo la educación como derecho del pueblo y obligación del Estado.
En los templos católicos – redes sociales de la época – la curia difundía el miedo al republicanismo y al conocimiento. Sabía que la educación laica podía abrir paso a las preguntas y, con ellas, a la duda sobre el orden social dramáticamente injusto que imperaba en los Estados Unidos de Colombia.
Derrotadas en el campo de batalla, las fuerzas paraconservadoras cosecharon los frutos del miedo sembrado desde los púlpitos mediante el triunfo de la Regeneración: el retorno de valores ultraconservadores y coloniales, impulsados por los hacendados y materializados por la jerarquía católica.
Aprovechando la división liberal, una coalición de conservadores liberales y conservadores ganó la presidencia en 1884 y, dos años después, impuso la Constitución de 1886, que declaró: “La Religión Católica, Apostólica, Romana, es la de la Nación; los Poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social”.
Las guerras continuaron durante el siglo XX. Hubo un giro esperanzador con la Constitución de 1991, que afirmó: “En los establecimientos del Estado ninguna persona podrá ser obligada a recibir educación religiosa”. Así se materializó, al menos en el papel, la aspiración republicana de una escuela pública, gratuita, obligatoria y laica.
Por eso resulta tan grave que hoy un gobierno ilegítimo pretenda devolvernos a las épocas más aciagas de la lucha de clases en Colombia.
30 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz