Camilo Torres Restrepo camina junto con los estudiantes de la Universidad Nacional. Foto archivo
El de Patio Cemento fue el primer y único combate de Camilo Torres Restrepo. Hasta el momento se desconocía el paradero de su cuerpo, pero recientes hallazgos parecen indicar que se han encontrado sus restos
Por: Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos
El 15 de febrero se conmemoran sesenta años de la caída en combate del sacerdote, sociólogo y revolucionario Camilo Torres Restrepo. La batalla que segó la vida del “cura guerrillero” ocurrió en 1966, en el sector conocido como Patio Cemento, hoy jurisdicción del municipio de El Carmen de Chucurí, Santander.
Argemiro era el nombre de guerra del revolucionario, quien seis meses atrás se había internado en las montañas de la cordillera Oriental para unirse al Ejército de Liberación Nacional, ELN. Camilo decidió sumarse a la lucha armada luego de liderar el proyecto del ‘Frente Unido del Pueblo’, un movimiento social y de masas que aglutinó de manera fugaz a varias fuerzas políticas de la heterogénea izquierda colombiana.
El de Patio Cemento fue el primer y único combate de Camilo Torres en las filas insurgentes. Aunque desde ese momento se desconocía el paradero de su cuerpo, recientes hallazgos parecen indicar que se han encontrado los restos del sacerdote revolucionario.
La búsqueda
Todo se hizo público el 22 de enero de 2026, por un comunicado del ELN. En el inusual escrito, esta guerrilla decía tener conocimiento de que el cuerpo de Camilo Torres ya había sido encontrado y que su identidad estaba plenamente confirmada.
Además, en la misiva el ELN persuadía al Estado para que los restos fueran depositados dignamente en la Universidad Nacional de Colombia, lugar donde Camilo fue capellán, fundador de la facultad de sociología y referente indiscutible de la juventud universitaria en los años sesenta.
Si bien las respuestas institucionales de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, UBPD, y de Medicina Legal no han sido concluyentes, una reciente investigación de la periodista Valentina Parada y el reportero Santiago Triana, publicada en El País, no solo ha confirmado el hallazgo del cuerpo de Camilo, sino también el tortuoso proceso para identificarlo.
El formol
El resumen de la historia es esta: en 2023 fue encontrado un cuerpo en el cementerio municipal de Bucaramanga, exactamente en el panteón militar de este camposanto. Gracias al testimonio de un sepulturero y después de varios procesos de exhumación, se hallaron unos huesos bañados en formol.
Desde un enfoque forense, el uso de este químico en cuerpos sin vida interviene y destruye evidencias. Una de estas reacciones con los tejidos es que el ADN se fragmenta, haciendo muy difícil análisis genéticos posteriores. En otras palabras, el uso del formol conserva los cuerpos, pero arruina la información.
Aunque existían indicios, el formol en estos restos permitió elaborar hipótesis; pero también esta situación dificultó cotejar el ADN del cuerpo hallado con las muestras extraídas en 2016 de los cuerpos de Calixto Torres e Isabel Restrepo, progenitores del sociólogo y sacerdote.
De acuerdo con la investigación periodística, debido a la complejidad científica, estas evidencias tuvieron que viajar hasta Estados Unidos para que laboratorios especializados hicieran la investigación correspondiente. A pesar de las dificultades, señala el reportaje, finalmente hay una conclusión: los restos encontrados en Bucaramanga corresponden a los de Camilo Torres.
La mentira de Valencia Tovar
Desde que la Quinta Brigada del Ejército informó sobre la caída en combate del líder insurgente, la entrega digna del cuerpo ha sido una exigencia permanente de las fuerzas revolucionarias y de los movimientos sociales.
El Partido Comunista así lo manifestó el 24 de febrero de 1966 en la edición 113 de Voz Proletaria: “Todas las fuerzas populares –políticas, estudiantiles, obreras, campesinas– expresan su protesta vigorosa ante este crimen (…) y piden al gobierno la entrega de su cadáver a sus deudos, en especial su digna madre, doña Isabel Restrepo de Torres”.
Sin embargo, esta petición no fue compartida por el médico Fernando Torres Restrepo, quien se encontraba en los Estados Unidos y era crítico de los postulados revolucionarios de su hermano. De hecho, según la versión del militar Álvaro Valencia Tovar, coronel de la Quinta Brigada que comandó la operación en la que cayó Camilo, los restos fueron entregados en el año 2000 a sus familiares. No obstante, al parecer, todo fue una mentira.
El objetivo de esconder el cuerpo de Camilo era que sus restos no se convirtieran en un lugar de peregrinaje revolucionario. Para evitar este encumbramiento, la hipótesis que manejan las autoridades es que los restos inicialmente fueron enterrados en Patio Cemento, para que tres años después se depositaran en el panteón militar de Bucaramanga, espacio destinado para oficiales caídos en combate. Finalmente, el uso del formol cumpliría el propósito de eliminar cualquier rastro.
La carta de Isabelita
Como consecuencia de la persecución estatal en su contra, doña Isabel Restrepo Gaviria se exilió en Cuba por invitación del comandante Fidel Castro. Allí dirigió la Fundación Científica Camilo Torres Restrepo, organización dedicada a la memoria del sacerdote revolucionario.
Aunque era una liberal radical, el 30 de junio de 1968 le escribió una carta al papa Pablo VI, en la víspera del viaje que este tendría a Colombia para instalar el Congreso Eucarístico Internacional.
“He sufrido silenciosamente este rudo golpe sin pedir más consuelo que el de que sea entregado el cadáver de mi hijo, para rendirle el piadoso tributo que la misma Iglesia prescribe para sus muertos.”, dice la misiva. Isabelita falleció en La Habana, Cuba, el 13 de enero de 1973. Nunca recibió respuesta del papa.
Y si bien el presidente Gustavo Petro se ha comprometido a que los restos de Camilo serán respetados y depositados con honores en la Universidad Nacional, valdría la pena cumplir con la voluntad de Isabelita, emblema de las madres buscadoras de las personas dadas por desaparecidas en Colombia.
Con información del Semanario Voz