Es como si estuviéramos enseñando a nuestros estudiantes español, que es lo que ya saben, para que presenten una prueba de inglés, esperando que obtengan los mismos resultados que quienes estudian inglés o, peor aún, que los hablantes nativos de inglés.

Los “expertos” suelen culpar a Fecode y a los maestros de la baja calificación de Colombia, sin embargo, hay causas de fondo.

Por: Ancizar Narváez Nylza Offir García Vera
Observatorio Pedagógico de Medios, Universidad Pedagógica Nacional.

En las pruebas 2025 participaron, según El País de España, 760 mil estudiantes de 15 y 16 años de 90 países. Teniendo en cuenta que la Organización de las Naciones Unidas tiene 192 Estados, significa que menos de la mitad se someten al escarnio público de las pruebas.

En un informe de la Agencia EFE se dice: “De los más de 13.700 colegios que hay en Colombia, según el Ministerio de Educación, las pruebas PISA fueron realizadas en 2025 por 7.268 estudiantes de 266 colegios, que representan a unos 597.500 estudiantes de 15 años, equivalentes a un estimado del 75% del total de la población de esa edad”. Es decir, las presentaron el 1.2% de los estudiantes y el 1.9% de los colegios.

En la lista de los 90 países, Colombia ocupa el puesto 58, manteniéndose en un nivel similar por lo menos desde 2013 cuando estábamos en el puesto 61.

Como miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, nos comparamos con los 44 Estados que la componen. Aquí, en general, en los tres ítems (matemáticas, ciencias y lectura) ocupamos el puesto 43, solo superando a Argentina. En lectura, ocupamos el puesto 41, superando Argentina, Bulgaria y Chipre. Y es el área que presenta la mayor caída no solo en Colombia, sino en el conjunto de los países evaluados. La prueba incluye evaluar información, establecer conexiones sobre múltiples fuentes y pensar críticamente sobre lo leído.

Las cifras

El informe de El Colombiano dice textualmente: “El 71 % de los alumnos no alcanzó el nivel mínimo esperado en Matemáticas y el 55 % tampoco lo hizo en Lectura” (…) “En general, los estudiantes que alcanzan los niveles superiores en las tres competencias son apenas el 1,1%, mientras que los que no logran llegar a niveles básicos son el 43,9%”. Además, “…menos del 1 % de los estudiantes colombianos alcanzó los niveles 5 y 6, que corresponden a los desempeños más altos. En la OCDE, ese porcentaje llega al 8 %”.

Sobre la lectura dice: “En esta competencia, el 55 % de los estudiantes no alcanzó el nivel 2, frente al 31 % registrado en promedio en los países de la OCDE. El dato además muestra un retroceso en una perspectiva de más largo plazo. Con respecto al 2015, aumentó (sic) 12 puntos porcentuales las personas que no llegan al nivel mínimo”.

Ahora bien; según el informe, cada diferencia de 20 puntos significa un año de aprendizaje, es decir, que la diferencia de 104 puntos en lectura que hay entre Japón y Colombia significa que hemos perdido 5 años de aprendizaje. ¡Todo un ciclo escolar!

Las reacciones

“Expertos” en educación, es decir, a los administradores, empresarios, etc., suelen señalar a dos culpables: a Fecode, sobre todo aquéllos que sueñan con poner fin a este sindicato y a los maestros por su supuesta falta de innovación. En otros casos, se habla de la falta de conectividad o de dotación tecnológica.

Estas personas nunca han sido maestros de aula, nunca se han desempeñado como profesores en un colegio público o de barrios o en zonas rurales, durante un año lectivo con la rutina de presentarse todos los días ante un grupo de niños o jóvenes a tratar de interesarlos en un curso escolar, en un código cultural distinto al de la cultura común y ajeno a la vida cotidiana.

Porque desde el punto de vista pedagógico de eso se trata lo que se evalúa allí, de otro código: el código alfanumérico. Pero es la lectura como actividad cultural compleja, la que define las posibilidades de acceso y comprensión de los otros saberes y la que requiere de un largo proceso de formación para que pueda ser constituida en hábito en niñas, niños y adolescentes.

Sin embargo, el Estado ha renunciado hace rato a proveer textos escolares y libros de gran calado estético y literario, les prohíbe también a las instituciones exigirlos a las familias en aras de la “gratuidad” y no ha intervenido ni regulado el uso de las pantallas, que obran en detrimento de la atención, la memoria, la imaginación, la regulación emocional, la capacidad de enfocarse en una sola tarea específica y la flexibilidad cognitiva, es decir, obra en detrimento de las funciones ejecutivas que posibilitan el aprendizaje.

Orientaciones internacionales

Otro tanto sucede con las agencias internacionales encargadas de orientar las políticas de los Estados, pues lejos de enfocarse en la competencia alfabética o la capacidad de leer y de escribir con suficiencia, claridad y profundidad, lo que proponen es un énfasis en las siguientes competencias:

Comunicación en la lengua materna; comunicación en lenguas extranjeras; competencia matemática y competencias básicas en ciencia y tecnología; competencia digital (¿Electrónica?); aprender a aprender; competencias interpersonales, interculturales y sociales y competencia cívica; espíritu de empresa; expresión cultural.

Como se ve, no aparecen en ningún lugar las competencias alfabéticas justamente en las sociedades donde ha florecido dicha cultura.

Finalmente, el aporte de algunos expertos criollos dice que los maestros para poder enseñar se deben formar en “nuevas tecnologías, educación virtual, autoaprendizaje e inteligencia artificial”. En esta sociología de la educación no aparece por ningún lado la alfabetización de los docentes ni la formación en lectura y escritura. Pero sí aparece la infaltable Inteligencia Artificial.

Enseñanza y evaluación

Hemos interiorizado una suerte de evangelio pedagógico que va contra los aprendizajes que se evalúanen estas pruebas y que es consistente en ir:

a) Contra la enseñanza: el aprendizaje; b) Contra el estudio: el entretenimiento; c) Contra el aula, los ambientes (“ecosistemas”) de aprendizaje autónomo; d) Contra la escritura alfabética y el sistema numérico arábigo: el aprender con la imagen; e) Contra los conceptos y los datos: los relatos (Story Telling) como forma de conocer; y d) Contra los textos escritos: los videos y contra el libro de texto: los artefactos electrónicos.

En síntesis, estamos, por un lado, desfavoreciendo todas las condiciones de posibilidad para que el aprendizaje tenga lugar, y por otro, estamos combatiendo la enseñanza alfabética y matemática y nos sorprendemos de que no tengamos buenos resultados en lectura y matemáticas.

Es como si estuviéramos enseñando a nuestros estudiantes español, que es lo que ya saben, para que presenten una prueba de inglés, esperando que obtengan los mismos resultados que quienes estudian inglés o, peor aún, que los hablantes nativos de inglés.
16 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz

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