La Fiscalía confirmó que existe un proceso activo por la llamada “Masacre de Barranca” y que varios de los oficiales mencionados han rendido declaración jurada. Foto: Colombia Informa

Capitán González rompe 27 años de silencio: confiesa haber sido enlace entre inteligencia militar colombiana y paramilitares en la masacre de 1998.

Durante una audiencia de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), varios militares admitieron haber facilitado la incursión paramilitar y haber guardado silencio durante 27 años para proteger a sus superiores durante la masacre de Barrancabermeja.

Los testimonios señalan directamente a la cúpula del Batallón Nueva Granada, que para la época estaba bajo el mando del coronel Óscar Diego Sánchez Vélez. Entre los señalados figuran también el mayor Juan Carlos Barrera Jurado, entonces segundo comandante, y el mayor Carlos Eduardo Ávila Avendaño, jefe de operaciones. Según los comparecientes, existió conocimiento previo de la entrada de hombres armados a la comuna siete y se impartieron órdenes explícitas para no intervenir.

El exjefe de inteligencia, mayor Oswaldo Prada Escobar, admitió haber participado en una reunión dos días antes de la masacre del 16 de mayo de 1998. Allí se habló de una incursión para realizar propaganda y «levantar» a dos supuestos guerrilleros. Prada reconoció que era evidente que se trataba de paramilitares y que se dispuso incluso un guía para facilitarles el ingreso y la salida del sector.

Durante la noche del 16 de mayo, se ordenó a los soldados apostados en las bases de ISA y Pozo 7 permanecer en sus puestos, pese a las alertas de la comunidad. El entonces capitán Álvaro Enrique Daza Camargo relató que recibió la instrucción directa de no salir ni reaccionar ante lo que ocurría en los barrios cercanos.

Daza, hoy en retiro, reconoció ante los magistrados de la JEP que cumplió la orden aun siendo consciente de que la población civil estaba siendo atacada. Su declaración coincide con la de Prada Escobar: las órdenes provinieron de la línea de mando del batallón y, posteriormente, se intentó simular acciones operativas para aparentar una reacción institucional que nunca existió.

El tercer testimonio clave fue el del capitán Jorge Eduardo González, exsubjefe de seguridad de Ecopetrol en Barrancabermeja, quien aceptó haber sido enlace entre la inteligencia militar y los grupos paramilitares. González aseguró que su rol era conocido por altos mandos y que participó en la planeación de la incursión que terminó en masacre.

Estas declaraciones coinciden con versiones previas de exparamilitares, como alias «Panadero», rendidas ante tribunales de Justicia y Paz, en las que se describió la complicidad de la Fuerza Pública para permitir el libre tránsito de los asesinos.

La Fiscalía confirmó que existe un proceso activo por la «Masacre de Barranca» y que varios de los oficiales mencionados han rendido declaración jurada. Sin embargo, hasta ahora solo algunos comparecientes han sido privados de la libertad o vinculados formalmente a la JEP.

Las revelaciones reabren el debate sobre la responsabilidad institucional y la persistente impunidad en uno de los crímenes más graves del conflicto armado colombiano
Con información de TeleSUR

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