Por: Jaime Cedano Roldán

En la noche del domingo 25 de octubre hemos respirado aliviados. Con toda la fuerza del Amazonas. La victoria de Lula cae como una bocanada de aire fresco y revitalizador. Una victoria de la humanidad y de los pobres de la tierra, y una enseñanza para todas las fuerzas transformadoras del mundo. Llega cuando el tablero mundial está siendo sacudido por grandes movilizaciones en Europa, América Latina y en los mismos Estados Unidos que, imparables, se enfrentan al despótico poder.

Una ola de crecientes resistencias lideradas por una juventud que siente la desesperanza de un presente precario y un futuro incierto. Protestas que no han podido ser desarticuladas por la salvaje represión de la policía ni por las provocaciones de comandos de la ultraderecha.

Ante un mundo incierto hay una juventud que no se resigna a la incertidumbre. En Maricarmen, la anciana que en Madrid desalojaron de su vivienda, y posteriormente murió, se sienten retratados en su propia e incierta ancianidad. En las escuelas francesas sin maestros, sin bibliotecas y sin laboratorios ven el vacío y la soledad de su futuro. O su “No futuro”. Como en la película Rodrigo D No-futuro, filmada en la Medellín de los noventa: un retrato de la juventud marginada, marcada por la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, diferentes a la de ser sicarios o marginales de la calle.

La muchachada que en la fría Bogotá resiste los potentes chorros de agua con que los dispersa la policía, cuando alegre y pacíficamente, danzando y cantando, reclama por el desmantelamiento del Museo Nacional, sabe que ellos, los fascistas, están desmantelando la libertad y la democracia, y también la posibilidad de un futuro amable y enriquecedor.

El mes de noviembre tiene una agenda electoral de inmensas expectativas empezando por las elecciones en Estados Unidos, en las que una derrota del trumpismo será determinante para la gran batalla que libra la humanidad progresista contra el fascismo mundial.

Vendrán luego las elecciones generales en España, en las que desafortunadamente la izquierda no va completamente unida; pese a ello, el Frente Amplio crece y se fortalece, y puede convertirse en factor decisivo para contener a la extrema derecha y para romper las vacilaciones y tibiezas de los socialistas.

La victoria del pueblo brasileño ha suscitado en las redes sociales un airado cobro de cuentas, injustamente personalizado, por la derrota en las elecciones de mayo. Algo quizás esperable ante la ausencia, hasta ahora, de un riguroso balance crítico y autocrítico de la campaña, del proceso organizativo y consultivo, y del gobierno mismo. Con una mirada integral que busque razones y no culpables, balance obligatorio para poder asumir una posible remontada en las elecciones del 2027.

Hoy Brasil nos entrega una gran lección y una renovada esperanza. La guerra digital, mafiosa y violenta de la ultraderecha fascista puede ser derrotada. Y la vamos a derrotar.
28 de octubre 2026
Con información del Semanario Voz

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