La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en charla con estudiantes en la apertura del calendario escolar del presente año. Foto Oficina de Prensa de la Presidencia
“Yo los invito, como venezolanos y venezolanas, a preservar la paz de Venezuela, a preservar la tranquilidad de nuestra patria y a hacerlo con absoluta altura y responsabilidad histórica. No hay otro camino”, dijo la mandataria
Por: Alberto Acevedo
Habilidosamente, las agencias de inteligencia y el Despacho Oval de la Casa Blanca, a partir de la agresión militar norteamericana a Venezuela del 3 de enero, que concluyó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, han desarrollado una especie de ‘diplomacia fake’, indicando que las nuevas relaciones de Caracas con Washington son ‘maravillosas’, que las autoridades venezolanas desarrollan una ‘extraordinaria cooperación con la Casa Blanca, e incluso que Donald Trump sería el verdadero ‘presidente a la sombra’, que va a administrar los destinos futuros del país bolivariano.
Esta situación, que además busca, como ganancia adicional intentar resquebrajar la unidad de las fuerzas chavistas y desorientar a los sectores progresistas del continente, ha merecido una serie de pronunciamientos desde el palacio presidencial de Miraflores, en Caracas.
Uno de esos pronunciamientos se produjo el pasado 15 de enero, cuando la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, indicó, sin lugar a vacilaciones, que su país continúa bajo amenaza estadounidense, por lo que se precisa que, aún en medio de las diferencias políticas que puedan mediar entre los ciudadanos, todos se mantengan unidos para para enfrentarla.
Con altura y responsabilidad
“Yo los invito, como venezolanos y venezolanas, a preservar la paz de Venezuela, a preservar la tranquilidad de nuestra patria y a hacerlo con absoluta altura y responsabilidad histórica. No hay otro camino (…). No es que la presidenta encargada tiene miedo porque está amenazada. No, no: Venezuela está amenazada, Venezuela toda está amenazada. Por eso llamo a la unión nacional, para que, con la soberanía por delante, demos la batalla diplomática”, aseguró la mandataria ante un pleno de la Asamblea Nacional, a donde compareció para presentar el informe anual de su gestión.
El pasado 11 de enero, en las redes sociales de la Casa Blanca apareció una imagen que insinuaba que Donald Trump se autoproclamó como jefe de Estado de Venezuela.
Al día siguiente, la funcionaria se refirió al asunto. Delcy Rodríguez reiteró que su país no está siendo gobernado por ningún otro país, sino que son las autoridades locales las que llevan las riendas de la situación.
Junto al poder popular
“He visto por ahí caricaturas en Wikipedia de quién manda en Venezuela. Bueno, aquí hay un Gobierno que manda en Venezuela, aquí hay una presidenta encargada y hay un presidente rehén en EE.UU.”, indicó la mandataria en un acto con motivo del reinicio de las actividades escolares.
La actividad tuvo lugar en la localidad de Catia La Mar, estado La Guaira, afectado por los bombardeos estadounidenses del 3 de enero. “Fue una de las zonas más impactadas por la agresión ilícita e ilegal del Gobierno de EE.UU. contra el pueblo venezolano”, puntualizó, al tiempo que aseguró que, desde ese sitio, su gestión reafirma “la soberanía y la independencia de Venezuela”.
Rodríguez puntualizó además que Caracas gobierna “junto al pueblo organizado, junto al poder popular” y avanza “en relaciones internacionales de respeto, en el marco de la legalidad internacional, para reivindicar y proteger los derechos” de su “amada Venezuela”.
Refiriéndose a la política internacional, la mandataria señaló: “Venezuela tiene derecho a relaciones con China, con Rusia, con Cuba, con Irán, con todos los pueblos del mundo, y con Estados Unidos también”, acotó en el informe anual a la nación, que debió haber rendido el presidente constitucional Nicolás Maduro.
En medio de una feroz amenaza
En el informe anual, Rodríguez expresó que esta comparecencia se produce de forma inédita debido al secuestro perpetrado por Estados Unidos contra el presidente de la república, Nicolás Maduro, y de su esposa, la diputada Cilia Flores.
Precisó en este sentido que su país actualmente se encuentra “en medio de una agresión y de una feroz amenaza”, por lo que su gobierno, bajo las directrices del presidente Nicolás Maduro, viene “moldeando lo que debe ser la cooperación energética, basada en la decencia, la dignidad y la independencia”.
En este contexto, la semana pasada se conoció una carta, suscrita por 26 personalidades de 11 países, rechazando la intervención militar de Estados Unidos en territorio venezolano. Entre los firmantes se encuentran el presidente Gustavo Petro, el Premio Nobel de Paz Adolfo Pérez Esquivel, el economista norteamericano Jeffrey Sachs y los destacados intelectuales Abel Prieto y Boaventura de Sousa Santos, entre otros.
Palestinización del mundo
El documento afirma que “lo que ocurre hoy en Venezuela no es una anomalía ni una desviación inesperada del orden internacional” y describe el episodio como parte de una lógica histórica que trata al continente como una “frontera salvaje, un territorio donde las reglas que rigen el ‘mundo civilizado’ se suspenden sin escándalo y donde la violencia se ejerce como si fuera un derecho natural”.
Para los firmantes de la carta, el episodio marcó un nuevo nivel de intervención en el hemisferio. El texto argumenta que “lo ocurrido el 3 de enero no fue una simple repetición de prácticas conocidas, sino una obscena demostración de impunidad ante cualquier ley y la confirmación de la actual ‘palestinización del mundo’”. En el documento, la operación se presenta como un gesto público destinado a demostrar que “la fuerza es suficiente por sí misma para legitimarse”.
Según el texto, estas no son desviaciones corregibles, sino un patrón estructural de las relaciones internacionales aplicado al Sur Global. Señala además que “ninguna crítica interna justifica una invasión” y que ningún desacuerdo político autoriza el castigo colectivo de un pueblo, ya que la soberanía no es un premio moral otorgado desde el exterior, sino una condición mínima para que las sociedades definan su destino.
Con información del Semanario Voz