Entre agosto de 2022 y junio de 2026 el dólar norteamericano experimentó una depreciación constante con relación a la moneda colombiana
En momentos en que Estados Unidos pierde su posición como primera potencia mundial, el presidente electo de Colombia propone dependencia del dólar, moneda que tiende a ser reemplazada por otras de mayor confiabilidad.
Por: Iván Posada Pedraza
Entre agosto de 2022 y junio de 2026 el dólar norteamericano experimentó una depreciación constante con relación a la moneda colombiana. En ese primer año la tasa era de 4.255 pesos y a junio de este año ha descendido hasta 3.459 pesos, según datos del Banco de la República. De forma irresponsable, muchos analistas vaticinaron que la llegada a la presidencia de Gustavo Petro en 2022 provocaría el encarecimiento de la divisa hasta los 5.000 pesos e incluso más.
Los hechos demuestran que este fenómeno se debe más a factores externos: algunos coyunturales y otros asociados a cambios en el liderazgo económico mundial. Entre los más inmediatos está el no concluido conflicto entre Estados e Irán y su impacto en el precio de los combustibles, dado que estas transacciones se realizan en dólares, el conflicto provocó inicialmente su revalorización, pero en la medida que se logre el cese de hostilidades definitivo, el valor del dólar tenderá a disminuir.
Una segunda causa es que los países exportadores de crudo –entre ellos Brasil, Noruega, Rusia y Colombia– tienden al fortalecimiento de sus monedas. Es decir, la mayor cotización del crudo actúa como una balanza: mientras ésta permanezca en niveles altos, favorece la apreciación de las monedas nacionales.
Ganadores y perdedores
Un dólar depreciado favorece a los importadores colombianos porque pagan menos dólares por las mercancías importadas. Esto representa una oportunidad para importar bienes de capital, maquinaria y equipos a menor costo, que se pueden incorporar a la producción nacional. En cambio, los exportadores reciben menos dinero colombiano al convertir sus ingresos en dólares. Así ocurre, por ejemplo, con la floricultura, la caficultura y la exportación de crudo y minerales.
También se perjudican las familias colombianas que reciben remesas por parte de los residentes trabajadores en Estados Unidos. Además, la economía interna se resiliente, pues estos recursos contribuyen a aumentar el consumo de quienes los perciben y, hoy en día, constituyen una parte importante de los ingresos de la nación (unos 13 mil millones de dólares en 2025, es decir, el 3% del PIB y el 4% del total del consumo de los hogares colombianos). Por otro lado, la producción nacional podría verse afectada por la competencia frente a productos importados más baratos que los producidos internamente.
Cambios geopolíticos
Estados Unidos viene perdiendo su hegemonía como principal economía mundial frente a China y, como consecuencia, el dólar cede terreno como medio de pago y de reserva internacional.
Los países del bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ya están realizando sus transacciones comerciales en sus propias monedas, debilitando aún más al dólar como medio de pago. Por otro lado, estos países y otros como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos han disminuido sus reservas en dólares y están utilizando el oro en su reemplazo.
Según el FMI, en los últimos 25 años las reservas internacionales en dólares han disminuido del 71% al 57%, lo que indica una tendencia generalizada a no utilizar la divisa estadounidense para estos fines. La competencia y la globalización requieren de un medio de pago estable y confiable.
Habría que agregar que la decisión unilateral del presidente Donald Trump, de imponer aranceles a los bienes y servicios que ingresan a Estados Unidos ha provocado, por un lado, que sus socios busquen otros destinos para sus exportaciones y, por el otro, que negocien en monedas distintas al dólar, debilitando aún más la economía estadounidense.
Para los gremios económicos, el reconocimiento de Abelardo de la Espriella por el gobierno estadounidense como presidente electo propiciaría la reactivación de la llamada “confianza inversionista”, como si en el transcurso del gobierno progresista de Gustavo Petro esta se hubiera paralizado.
Es cierto que en algunos sectores se estancó, entre otras cosas, por las altas tasas del Banco de la República arriba citadas, debido a que el empresariado se abstiene de invertir sus capitales a altas tasas de interés porque se reduce su rentabilidad, todo dentro del esquema costo – beneficio.
Propuesta populista
En medio de este incierto panorama del dólar, Abelardo de la Espriella propuso en campaña electoral, nada más ni nada menos, que dolarizar la economía. Se trata de una consigna demagógica de contienda electoral, pensada también para enviar el mensaje de que el gobierno del Pacto Histórico finaliza su periodo en medio de una crisis económica que ameritaría una medida de este tipo.
Las últimas décadas muestran que solo ante una inflación desbordada y fuera de control los países recurren a esta medida extrema, un escenario que para nada corresponde a las actuales condiciones de la economía nacional. En 2022, como consecuencia de la pandemia, la inflación llegó al 13,2% y, a partir de esta fecha, ha venido cediendo en forma sostenida hasta el 5,84%, según datos del DANE.
Consecuencias de la dolarización
Estas serían las consecuencias de la dolarización. Lo primero, es que al adoptar el dólar como moneda de curso legal, el Banco de la República perdería su autonomía para emitir moneda, fijar las tasas de interés y trazar políticas ante eventuales crisis financieras, pues estas funciones quedarían a cargo de la Reserva Federal de Estados Unidos.
En segunda medida, la economía colombiana pasaría a depender estrechamente del ciclo económico de Estados Unidos, cuyas condiciones externas e internas son totalmente diferentes a las de la economía nacional.
Finalmente, el mercado interno quedaría supeditado al volumen de dólares que ingresen al país por concepto de exportaciones, remesas e inversiones.
En gracia de discusión, este trámite requeriría una reforma constitucional para que el Banco de la República retire el peso colombiano de circulación y establezca una tasa de conversión para los precios, salarios, deudas y contratos, lo que requiere grandes reservas internacionales.
1 de julio 2029
Con información del Semanario Voz