Firma de la resolución de delimitación del páramo Cruz Verde–Sumapaz. Foto Minambiente

La delimitación del complejo de páramos Sumapaz Cruz Verde demuestra que la organización campesina también puede modificar las políticas

Por: Carlos A. Morales (*)

El pasado 4 de agosto, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible expidió la Resolución N.º 0960 de 2026, mediante la cual se delimita el complejo de páramos Sumapaz-Cruz Verde.

Más allá del cumplimiento de un mandato legal para proteger el páramo más grande del mundo, esta decisión constituye un precedente para la política ambiental colombiana al reconocer los derechos del campesinado, su permanencia en el territorio, la gobernanza ambiental, la cultura campesina y sus saberes como elementos esenciales para la conservación. Sin embargo, el verdadero significado de esta resolución no radica únicamente en su contenido jurídico, sino en el proceso político que la hizo posible.

Participación de las comunidades campesinas

Durante décadas, la política ambiental colombiana estuvo atravesada por una contradicción profunda: proteger los ecosistemas significaba, en muchos casos, desconocer a las comunidades que históricamente los habían habitado.

Bajo esa lógica, el campesinado fue presentado como un problema para la conservación y no como un aliado estratégico en el cuidado de los bienes comunes. Allí donde la conservación configuró nuevas formas de despojo, la delimitación de los páramos expresa esa tensión.

La experiencia del Sumapaz demuestra que ese paradigma puede cambiar cuando la organización logra disputar el contenido de las políticas públicas.

Hace nueve años, la acción de tutela presentada por la Coordinadora Campesina de Sumapaz y Cruz Verde abrió un camino jurídico para exigir que la delimitación respetara el derecho a la participación de las comunidades campesinas. Sin embargo, el verdadero alcance de esa decisión fue mucho mayor. La tutela terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proceso de organización, formación, movilización e incidencia política que fortaleció al movimiento campesino regional y transformó la discusión sobre la conservación del páramo.

Ese proceso permitió dar pasos para reconstruir la histórica organización agraria del Sumapaz alrededor de un objetivo común. En un territorio marcado por una larga tradición de luchas campesinas, la delimitación se convirtió en un nuevo escenario para actualizar el legado de hombres y mujeres que hicieron de la defensa de la tierra una causa colectiva.

La disputa ya no se desarrollaba únicamente alrededor del acceso a la tierra, sino también alrededor del derecho a participar en la definición del modelo de conservación y de ordenamiento del territorio.

Gobernanza participativa y territorialidades campesinas

La principal enseñanza de estos nueve años es que la organización campesina no solo moviliza; también produce propuestas, conocimiento y alternativas. La experiencia acumulada por las comunidades dialogó con el conocimiento técnico y científico, demostrando que los saberes campesinos son indispensables para comprender la complejidad de los ecosistemas de páramo. Esa articulación permitió superar la falsa contradicción entre producción campesina y protección ambiental, reemplazándola por una visión donde ambas dimensiones se fortalecen mutuamente.

Los avances alcanzados en la resolución reflejan esa transformación. El reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos dentro del proceso de delimitación constituye un cambio de enorme importancia para la política ambiental colombiana.

Del mismo modo, la incorporación de principios de gobernanza participativa y cogestión del territorio rompe con una tradición de decisiones adoptadas de manera centralizada y abre la posibilidad de construir mecanismos permanentes de participación entre las comunidades y las instituciones públicas.

Otro de los aportes más significativos de este proceso es el reconocimiento de las territorialidades campesinas. La posibilidad de articular la delimitación con instrumentos como las Zonas de Reserva Campesina representa una oportunidad para avanzar hacia un modelo de ordenamiento territorial donde la Reforma Agraria y la conservación de los ecosistemas dejen de verse como objetivos contrapuestos.

En esa perspectiva, la consolidación de un anillo de Zonas de Reserva Campesina alrededor del páramo constituye una propuesta estratégica de la organización para garantizar la permanencia del campesinado y proteger el ecosistema.

La resolución, sin embargo, no representa el final de esta historia. Por el contrario, inaugura una nueva etapa de la disputa política. La formulación e implementación del Plan de Manejo será el escenario donde se definirá si los principios incorporados en la delimitación logran traducirse en transformaciones reales para el territorio. Allí se pondrán nuevamente en tensión distintos modelos de conservación, de desarrollo rural y de participación comunitaria.

Este desafío adquiere una dimensión aún mayor en el contexto político actual. El cambio de gobierno modifica las condiciones bajo las cuales se desarrolló buena parte del proceso de delimitación y plantea nuevos interrogantes sobre la continuidad de las políticas de reconocimiento al campesinado.

A ello se suma el papel que asumirán las Corporaciones Autónomas Regionales en la implementación de la resolución y en la concertación del Plan de Manejo, un escenario que exigirá mantener la capacidad de incidencia del movimiento campesino para evitar retrocesos.

Disputa por el sentido de la conservación

Las conquistas alcanzadas durante estos nueve años demuestran que la defensa de los páramos no puede seguir planteándose como una discusión entre conservación y campesinado. La verdadera alternativa consiste en reconocer que la protección de los ecosistemas depende, en buena medida, de la garantía de los derechos de quienes los habitan y de la construcción de formas democráticas de gobernanza territorial.

La resolución de delimitación del complejo de páramos Sumapaz-Cruz Verde constituye, sin duda, una victoria histórica. Pero su mayor legado no será el texto de un acto administrativo, sino haber demostrado que la organización campesina puede transformar la política ambiental, disputar el sentido de la conservación.

Ese será, también, el principal desafío de los años que vienen: convertir esta victoria jurídica y política en una realidad cotidiana para las comunidades y consolidar un modelo de conservación con justicia social, donde la defensa del agua, del páramo y del campesinado hagan parte de una misma causa.

(*) Integrante de la Coordinadora Campesina de Sumapaz-Cruz Verde y del Grupo de Investigación SumaPaz.
14 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz

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