De la Espriella en un encuentro con la Confederación de Comunidades Judías de Colombia. Foto CCJC
Las tres decisiones de este giro son: la reanudación de relaciones diplomáticas; la reapertura de la embajada en Jerusalén -un acto de provocación contra la comunidad internacional-; y el reconocimiento de esta ciudad como capital de la entidad sionista
Redacción Política
El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ha decidido que la política exterior de Colombia ya no será un escudo para los derechos humanos, sino un ariete para los intereses del imperio. La designación de Omar Bula Escobar como canciller no es un simple cambio de funcionario, sino la materialización de una nueva doctrina diplomática: la alineación incondicional con Washington y Tel Aviv.
Las tres decisiones más graves de este giro son: la reanudación de relaciones diplomáticas con Israel, rotas por Gustavo Petro en 2024; la reapertura de la embajada en Jerusalén, un acto de provocación contra la comunidad internacional; y el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, una declaración que desconoce los derechos del pueblo palestino y el consenso de la ONU.
El pensamiento de Bula Escobar es el de un conservadurismo recalcitrante que ya ha dado muestras de su visión ultraderechista. En sus libros, ha advertido sobre una supuesta “maquinación internacional” liderada por Irán para implantar armas nucleares en América Latina.
Ahora, desde la Cancillería, ha anunciado que se revisarán los acuerdos con agencias de la ONU bajo un criterio de “costo-beneficio” y que no tendrá reparos en recortar la participación de Colombia en organismos multilaterales si estos “chocan con la agenda nacional”.
Este enfoque es en realidad una amenaza directa a la tradición diplomática colombiana y un retroceso a la política de rodillas.
La nueva política exterior de De la Espriella, que incluye el cierre de embajadas en Cuba y Venezuela, representa la claudicación de la voz crítica que Colombia mantuvo contra el genocidio en Gaza. Este giro ya ha generado las primeras reacciones.
Organizaciones defensoras de derechos humanos han advertido que el país se está convirtiendo en “cómplice del silencio” frente a las atrocidades en Palestina. Sectores progresistas de la sociedad civil han denunciado que el nuevo canciller es un “ideólogo del trumpismo” que busca desmantelar lo poco que se avanzó en materia de derechos humanos en la política exterior.
El peligro más profundo de este alineamiento con Israel es el riesgo que representa para la seguridad y la democracia colombiana. La historia reciente del conflicto armado ha demostrado que la doctrina militar israelí, basada en la persecución de la disidencia y la estigmatización de la oposición, ha sido replicada en Colombia para perseguir a líderes sociales y políticos de izquierda.
24 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz