La injerencia, las presiones políticas y económicas de Estados Unidos en los procesos electorales de Brasil ya se encuentran activas a través del respaldo a sectores de la extrema derecha y planes de desestabilización regional, afirmó el historiador y profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Luiz Eduardo Fernandes, quien explicó que las intervenciones comenzaron a intensificarse desde el año pasado.
El profesor declaró que estas maniobras operan mediante dos frentes principales: el debate sobre la violencia, centrado en la categoría de narcoterrorismo, y el debate sobre la corrupción. Estos ejes se reflejan en las propuestas del plan Escudo de las Américas impulsado por Donald Trump, una iniciativa que ya sumó el respaldo de 14 gobiernos de la región.
«Nuestra extrema derecha, antinacional y vendida, tiene profundos vínculos con el crimen organizado, que hoy —debido a la desindustrialización de nuestras economías— tiene un gran peso económico y político. Por lo tanto, esta idea del Escudo de las Américas que lucha contra el crimen organizado es todo lo contrario: fortalecerá los sectores vinculados a él», afirmó Fernandes.
El investigador y autor del libro La Internacional Lava Jato: imperialismo, nueva derecha y la lucha contra la corrupción como farsa, recordó reportes recientes del diario británico The Guardian sobre líneas de financiación procedentes de Estados Unidos destinadas a grupos que buscan desestabilizar al Supremo Tribunal Federal de Brasil, a lo que se suman decisiones de Washington como el cierre de sedes consulares en el territorio brasileño.
«Sin duda, este cierre de consulados es parte de una guerra psicológica para generar inestabilidad y caos», aseveró Fernandes al explicar que esta estrategia busca favorecer la división y desintegración progresiva de Brasil. Afirmó que generar este tipo de escenarios caóticos facilita la ejecución de golpes militares o rupturas institucionales, resultando mucho más eficiente para los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
El liderazgo brasileño frente a la hegemonía
Desde la perspectiva del especialista, la Casa Blanca visualiza a América Latina como una reserva de poder geopolítico para su confrontación global con potencias como Rusia y China. Detalló que la estructuración de este proyecto responde a una visión neocolonial y se encuentra alineada con los partidos de extrema derecha de la región.
Añadió que tanto Brasil como el mandato Luiz Inácio Lula da Silva representan una barrera fundamental para los planes estadounidenses, debido a su firme defensa del multilateralismo, el fortalecimiento del Mercosur y los procesos de integración regional, recalcando que «Lula es el mayor obstáculo para el trumpismo en la región».
Pese al escenario de presión externa, el académico destacó que el proceso electoral mantiene su curso y que las organizaciones populares cuentan con la capacidad política para hacer frente a estas dinámicas. «Este no es momento para desesperarse. El imperialismo es sólo una de las fuerzas políticas que actúan en las elecciones. Las fuerzas populares y el propio Lula tienen la fuerza para resistir este proceso», enfatizó.
5 de octubre de 2026
Con información de TeleSur