Instalación de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Foto ONU

Redacción Internacional

Las tensiones reveladas durante la semana del 22 al 28 de septiembre en la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, ya eran esperadas. El 3 de enero de este año, el país anfitrión protagonizó el acto más violento contra la soberanía de un Estado latinoamericano en el presente siglo, además de ser coautor del genocidio en Gaza, del bloqueo y de las sanciones unilaterales contra Cuba.

Como si fuera poco, el 7 de enero anunció su retiro de 66 organizaciones y tratados internacionales. La actitud ha sido calificada como una agresión a la integridad de la ONU y al sistema multilateral de protección de los derechos humanos. El abandono significó la paralización inmediata de los recursos para agencias de cooperación, así como la reducción de programas del ACNUR, de combate al cambio climático, al racismo y para la inclusión.

Claro que nada de esto es una novedad, sino hechos notables en el ambiente enrarecido del sistema internacional. Sin embargo, idealmente –o ingenuamente– se podría esperar que la Asamblea, reunida bajo la consigna “Restaurar la confianza, gestionar la transformación; unas Naciones Unidas que cumplan para todos”, estableciera responsabilidades, aunque mínimas, corrigiendo con urgencia los rumbos, de conformidad con los principios de la Carta de la ONU de 1945. Pero la realidad es otra.

La lucha de clases internacional en la ONU

Idealismo y realismo son corrientes teóricas que intentan explicar las características de la “sociedad internacional”. Para los revolucionarios, ni una cosa ni otra. El materialismo histórico tiene dosis de ambas, pero se diferencia tangencialmente de las dos.

Digamos, a manera de síntesis, que la Asamblea reflejó los trazos del imperialismo de nuestros días, de los Estados Unidos y sus aliados: su desprecio por la soberanía, por el derecho internacional y la propia ONU. Pero también las resistencias que refutan las imposiciones imperiales y buscan promover un valiente contrapeso.

Desde luego, en medio de las contradicciones fundamentales, hay posiciones y discursos intrascendentes, como el pronunciado, por ejemplo, por el vicepresidente de Colombia o el presidente argentino Milei, más preocupados con que se notara la docilidad a Trump.

En el fondo, como relatado en el informe del Consejo Económico y Social (ECOSOC), resalta la naturaleza predatoria del capitalismo, su vocación guerrerista y de rapiña y el saboteo a los intereses de los pueblos.

El informe del ECOSOC

La Asamblea hizo un balance del cumplimiento de la Agenda 2030, aprobada en el 2015. Pero el documento presentado por el ECOSOC (A/81/93-E2026/73) no es auspicioso.

Según los datos globales, una de cada 10 personas vive en pobreza extrema; la tasa mundial del hambre es del 8,2% de la población; más de 150 millones de niños padecen retraso del crecimiento y 605 millones de mujeres en edad reproductiva tienen anemia.

En el mundo del trabajo, aunque hubo ampliación de las medidas de apoyo al empleo juvenil, los jóvenes siguen expuestos a una doble carga: tienen cuatro veces más posibilidades de estar desempleados que los adultos y más del doble de incrementar el índice de trabajadores con salarios precarizados y sin garantías.

Por otro lado, el incremento de los gastos militares de los países miembros de la OTAN es proporcional a la reducción de las ayudas para el desarrollo. El gasto militar mundial superó los 2,9 billones de dólares en el 2025, mientras que el combate a la inseguridad alimentaria disminuyó 6,1 % en el 2024 y 23,15 % en el 2025.

No hay una apuesta por la paz, posible y esperanzadora, cuando los Estados hegemónicos actúan en función de la reorientación geopolítica promovida por los Estados Unidos.

La Secretaría General

En los bastidores de la Asamblea predominó el tema de la elección de la Secretaría General. António Guterres, actual secretario general, concluye su mandato el 31 de diciembre.

En su discurso, con sabor a despedida, remarcó que “la Carta de la ONU comienza con tres palabras sencillas: “Nosotros los pueblos”. No, “nosotros los poderosos”. No, “nosotros los victoriosos”. “Nosotros los pueblos”: todos nosotros.

Para el 2027 una mujer podría asumir el cargo. Los diálogos interactivos prosiguen con las candidatas, entre ellas María Fernanda Espinoza, ecuatoriana, exministra de Defensa y canciller durante los gobiernos de la Revolución Ciudadana, y Rebeca Grynspan, diplomática costarricense que dirige la Organización para el Comercio y el desarrollo (UNCTAD). Otro candidato es el argentino Rafael Grossi, quien dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Lula y Netanyahu

Como es tradición desde 1955, Brasil abrió el debate general. Lula enfatizó: “Es un momento crítico para la ONU. En estos ocho años fuimos testigos de los abusos de las superpotencias que tienen el privilegio de la insensatez. Las concesiones a la ley del más fuerte pasaron de los límites…Enfrentamos una decisión crucial: soberanía o subordinación”.

Refiriéndose a Palestina, el mandatario brasileño expresó: “Generaciones de palestinos cargarán con el dolor del genocidio del gobierno de Netanyahu contra su pueblo”. Lula no estaba solo: además de las manifestaciones en las calles, Netanyahu vio salir del recinto a 77 delegaciones en el momento de su intervención.

Recordemos que el primer ministro israelí tiene una orden de arresto internacional emitida por la Corte Penal Internacional en noviembre del 2024 por crímenes de lesa humanidad en Gaza. Estados Unidos justifica que no acepta la jurisdicción de la Corte y, por lo tanto, no está obligado a arrestarlo.

Lula continuó: “En América Latina y el Caribe hay una proximidad inevitable con la mayor potencia militar del planeta… El mundo asiste horrorizado al castigo impuesto a 10 millones de seres humanos por un embargo económico y un cerco energético ilegal a Cuba… No necesitamos de portaviones en nuestras aguas… Estamos presenciando la injerencia externa en los procesos electorales y las embestidas neocoloniales por nuestros recursos”.

Hay quien quiere acabar la ONU o tomarla para sus propósitos exclusivos. Y hay consenso sobre la necesidad de ampliar el Consejo de Seguridad. Otros cambios son más complejos. Lo que es claro es que solo la unidad de los pueblos y el internacionalismo pueden generar las condiciones para la paz y el progreso.
2 de octubre de 2026
Con información del Semanario Voz

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