Cuando sube la marea, se inundan los hogares y empeora la situación para los damnificados. Foto Beto Murillo Porras
El reportero Beto Murillo Porras llegó al puerto para conocer los efectos del sismo del 10 de agosto y escuchar a quienes intentan volver a empezar. Mientras las comunidades sostienen la emergencia con solidaridad, cientos de familias esperan una respuesta institucional para reconstruir sus hogares.
Por: Vera Camargo
Buenaventura fue uno de los territorios afectados por el terremoto del pasado 10 de agosto. Cientos de casas se derrumbaron y miles de personas quedaron sin vivienda. Un mes después, quedan escombros y heridas por reconstruir, mientras la comunidad intenta levantarse y seguir adelante
La emergencia volvió a poner en evidencia las desigualdades sociales y estructurales que durante décadas han marcado a Buenaventura y al litoral Pacífico: comunidades que ahora, además de enfrentar la pérdida de sus viviendas y pertenencias, deben reconstruir sus vidas en medio de carencias que ya existían antes del desastre.
En su correría por el Pacífico, el reportero Beto Murillo Porras llegó a Buenaventura para conocer cómo está la ciudad un mes después de uno de los terremotos más fuertes que ha sufrido Colombia y escuchar a quienes, entre los escombros, intentan volver a empezar.
Más allá de la ruta institucional
“Es importante tener en cuenta que, en Buenaventura y en el litoral Pacífico en general, las necesidades son latentes. Hay desigualdades estructurales que lo que hacen es intensificar la situación del sismo”, explicó la lideresa Linda Posso Gómez, de la Fundación Manglar Innato.
Las ayudas de alimentación y aseo han llegado a las familias, pero la emergencia va mucho más allá. Los recursos pueden durar apenas unos días, las casas continúan destruidas y todavía no existe una ruta clara de recuperación para las familias que lo perdieron todo.
“La ayuda debe ser persistente porque las familias que perdieron todo no tienen cómo acceder a esas cosas básicas. En ese sentido, el alivio humanitario tiene que ser constante”, continúa Linda Posso
La reconstrucción de las viviendas aparece como el siguiente paso, pero no puede significar el abandono de la emergencia humanitaria. Mientras las comunidades buscan recuperarse, muchas familias siguen dependiendo de las donaciones para acceder a elementos básicos
“Hay que intensificar la ayuda humanitaria para llegar donde no ha llegado y empezar a pensar la ruta de reconstrucción de las viviendas, al tiempo que se les garantiza a las familias un lugar donde estar en condiciones dignas”, explica la lideresa.
Para que esa reconstrucción sea posible, el Estado debe asumir su responsabilidad y garantizar una ruta institucional. No se trata únicamente de entregar ayudas, sino de acompañar de manera sostenida la recuperación de una ciudad que ya enfrentaba profundas desigualdades antes del terremoto.
Triplicar esfuerzos
La emergencia, además, no termina con el paso de las semanas. “Estamos en una zona cercana al mar. Cuando sube la marea, lo que hace es inundar los lugares y la gente termina en una situación mucho más complicada”, denuncia Posso.
El desplome de las casas no es la única preocupación de la población. Hay familias que continúan viviendo en condiciones precarias, expuestas a las inundaciones y sin saber siquiera si sus viviendas todavía son habitables.
El alcance institucional, sin embargo, sigue siendo limitado. “Hay casas donde las familias ni siquiera saben si todavía pueden habitar esas viviendas. Hay casas que necesitan una visita técnica de Gestión del Riesgo. Las organizaciones de base seguimos haciendo lo que nos compete en el marco de poder llevar ayuda humanitaria, pero sí hacemos un llamado importante a que esos esfuerzos se dupliquen o tripliquen, porque estamos en una emergencia y se requieren actuaciones extraordinarias”, concluye Linda Posso Gómez.
El Caguán y Juan XXIII
En el barrio El Caguán hay casas completamente derrumbadas, otras con profundas grietas y algunas que ya no pueden ser habitadas. Un mes después del terremoto, la emergencia sigue presente en cada calle.

Cientos de casas quedaron destruidas por el terremoto. Foto Beto Murillo Porras
“Precisamente por esto, algunas entidades y fundaciones presentes en Buenaventura están haciendo entrega de ayuda humanitaria”, explicó Beto Murillo, nuestro reportero especial.
Entre quienes esperan una solución está Luz Dary Grueso Cortés. Sostiene una bolsa de ayuda humanitaria mientras cuenta lo que ocurrió con su vivienda: “Se me cayó la casa en El Caguán. Tuve que pasarme a la casa de una vecina a dormir estos días. Yo me metí en las listas de ayudas por el terremoto, pero, según parece, no las hay”.
La preocupación también crece en el barrio Juan XXIII. El terremoto dejó 17 viviendas completamente destruidas y otras con graves afectaciones. Nohemí Angulo, una de las damnificadas, todavía espera poder reparar su casa.
“Se me cayó la azotea, se me abrieron varias paredes y eso dio. Gracias a Dios, pues ahí voy, esperando ayuda para ver qué se hace para arreglar la azotea”, cuenta.
Para algunas familias, permanecer en sus barrios tampoco es una opción. “Estas afectaciones hacen que muchas familias se desplacen a otros sectores buscando ayuda o posada en otros lugares”, explica Fausto Colorado Sánchez, líder comunitario en Buenaventura.
La responsabilidad institucional
Mientras las viviendas permanecen destruidas y algunas familias tienen que buscar dónde pasar la noche, las organizaciones sociales, líderes y lideresas de Buenaventura han sostenido la respuesta comunitaria. Han recorrido los barrios, recogido donaciones y entregado alimentos y elementos de primera necesidad
Pero la solidaridad de la comunidad no puede reemplazar la responsabilidad institucional. La población continúa esperando una ruta de reconstrucción para sus barrios y sus viviendas, y que el Gobierno Nacional no mire hacia otro lado mientras Buenaventura intenta levantarse de los escombros.
Un mes después, la emergencia sigue viva en las calles de Buenaventura. Y mientras sus habitantes ponen lo que tienen para volver a empezar, la reconstrucción sigue siendo una deuda pendiente.
19 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz