El senador Iván Cepeda Castro interviene en el Monumento a la Resistencia en Cali. Foto cortesía

La intervención de Estados Unidos alteró las relaciones de clase en favor de la derecha, las mafias enriquecidas y el proyecto neocolonial. No obstante, el resultado electoral adverso también evidenció un hecho político: el avance del movimiento popular que trabaja por un cambio democrático

Por: Jaime Caycedo Turriago

Iván Cepeda, en su intervención de agradecimiento al pueblo y a la juventud de Cali, hizo una referencia explícita y una explicación detallada sobre su propuesta de desobediencia civil. Explicó sus alcances desde el punto de vista de la movilización social y popular, pacífica y organizada; y enfatizó en la necesidad de la unidad y la convergencia de fuerzas para defender las garantías y derechos conquistados que, además, forman parte de la Constitución vigente.

Para el imperialismo, el objetivo fue detener un proceso de cambio y reformas de contenido social y profundamente democrático. Era cortarle el paso a una postura internacional independiente, crítica del capitalismo y de la guerra impuesta por Netanyahu y Trump en Gaza, el Caribe e Irán.

La amenaza de intervenir en la presidencial

Tras la burda intervención en las elecciones de Honduras y el inicio de una guerra asimétrica autojustificada por Trump como acción antinarcóticos, a finales de junio de 2026 ya se contabilizaban 66 bombardeos y 221 muertos en el Caribe y el Pacífico suramericano.

La intervención militar, el bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente de Venezuela y su esposa perfilaron una explícita amenaza contra el presidente Petro. El golpe de Estado supranacional contra Venezuela no marca un incidente menor, como tampoco lo es el recrudecimiento del bloqueo y la pretensión de asfixia genocida contra el pueblo de Cuba.

El siguiente acto fue la intervención abierta de Trump y de su administración en favor del candidato de la derecha. Los mensajes de apoyo, ante el silencio de nuestras altas cortes, sirvieron de cortina de humo para la inyección de millones de dólares destinados a la compra de votos, que rebajaron hasta el piso el precio de esta divisa.

Nunca había recibido Colombia una acción artera y desvergonzada de esta magnitud desde el 21 de noviembre de 1902, cuando desde un crucero de guerra estadounidense se impuso por la fuerza y la amenaza en Panamá un tratado de paz que cercenó el mapa nacional.

Correlación de fuerzas y un reacomodo en el bloque de poder

La intervención de Estados Unidos altera las relaciones de clase y sociopolíticas en favor de la derecha, las mafias enriquecidas y el proyecto neocolonial. No obstante, el resultado electoral adverso del 21 de junio evidenció un hecho político sorprendente: el avance de la fuerza del movimiento popular y los factores unitarios que trabajan por un cambio democrático trascendental en la sociedad colombiana. El Pacto Histórico, como movimiento político popular, fortalece su unidad y amplía su incidencia a través de una dinámica de frente amplio.

La burguesía articulada al capital transnacional y al agronegocio terrateniente busca ajustarse a la nueva situación. Nunca le ha estorbado la injerencia yanqui –que ahora crece– en los asuntos internos de Colombia ni su adscripción en el llamado “Escudo de las Américas”.

Asimismo, cede a un reacomodo político y cultural. Un gobierno ilegítimo, que no oculta su propósito de desatar de nuevo la persecución anticomunista contra la izquierda y las fuerzas alternativas necesita una base orgánica para mover todos los sesgos del odio, la violencia desde el poder, la corrupción, el genocidio político y el corporativismo en la reorganización del Estado. En este escenario, el terrorismo de Estado puede ser, de nuevo, una opción.

Confesionalismo, guerra cultural y neofascismo

La lumpenburguesía latinoamericana, como fracción de clase asociada al movimiento MAGA de Trump, necesita apoyarse en capas sociales insatisfechas y susceptibles al resentimiento y la revancha.

La manipulación del miedo y del terror constituye una vieja táctica del paramilitarismo. La estigmatización y perfilamiento de “enemigos”, el bullying y los crímenes dirigidos contra minorías y diversidades proyectan un pánico creíble para que la multitud siga al “salvador”.

Un propósito explícito es crear desde el gobierno un movimiento político-mesiánico-religioso con el nombre del mito bíblico de Arca de Noe. Su lógica teológica parte de la esperanza que deviene en fe y luego en obediencia.

Esta “guerra cultural” pretende desarraigar la narrativa histórica de izquierda e instaurar un relato de patria-milagro. Resulta novedoso este sesgo del confesionalismo vinculado a la hostilidad con el movimiento cultural, Fecode, el magisterio, la Universidad y el Ministerio de Educación.

Por la vida, la paz, las libertades

La vasta resistencia en la defensa y garantía de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario, las libertades y garantías políticas tiene que presionar sobre el Estado para salvaguardar la vida, la libertad de pensamiento, la libertad de cátedra y para exigir la prohibición expresa y efectiva de que cualquier persona sea agredida, encarcelada o extraditada por sus ideas.

Una franja amplia de quienes votaron por De la Espriella no son nuestros enemigos. La pedagogía, el diálogo, la persuasión y la superación de la mirada sectaria ayudan a preparar el propio convencimiento frente a las contradicciones, incoherencias, traiciones e injusticias.

El Pacto Histórico ha reafirmado la necesidad de un acuerdo político nacional que reúna a las fuerzas representativas de la sociedad, la economía, el mundo laboral, las etnias, las mujeres, las juventudes, las artes y las culturas en un pacto social, democrático e identitario. Este debe tener como precondición recuperar para las y los colombianos el manejo las relaciones políticas como nación independiente ante el mundo, libre de la intervención de cualquier potencia extranjera.

En la salida de la crisis es insoslayable la presencia popular, la vía política, las soluciones democráticas y el recurso a procesos electivos con base en el control público del software del sistema electoral. A esto se suman la educación y formación de cuadros, así como la preparación temprana de las elecciones locales, municipales y departamentales de 2027.

Deben primar los compromisos del Acuerdo Final de Paz y su implementación territorial. Deben revalidarse el compromiso constitucional con la paz, la búsqueda de soluciones políticas y jurídicas, y el respeto profundo a la protesta social y a las movilizaciones masivas y organizadas de la desobediencia civil pacífica.
12 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz

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