La presidenta Claudia Sheinbaum se refirió con prudencia al proceso electoral colombiano. Foto GobMX

El Wall Street Journal y el Washington Post, además de varias agencias internacionales de noticias ligadas a grandes corporaciones, destacaron en sus ediciones del lunes 1 de junio que el candidato que busca el apoyo de Trump pasó a la segunda vuelta. En estas publicaciones se mostró a Colombia como un país que padece una crisis de violencia sin precedentes y que exige mano dura. Sin embargo, lo cierto es que, con excepción de Milei y Noboa, una buena parte de los gobiernos mantiene sobriedad y prudencia diplomática ante el resultado electoral.

De hecho, la atención de la mayor parte de la prensa se concentró en dos cuestiones: primero, las afirmaciones del presidente Gustavo Petro, que reiteró el cuestionamiento que formalmente hizo ante la Misión Internacional de Observadores de la OEA en las elecciones del mes de marzo con relación a la integridad del sistema electoral colombiano; y luego, en las contundentes palabras de Iván Cepeda tras el preconteo, en el sentido de que existe una diferencia de 885 mil cédulas o personas en el censo electoral, mencionando además votaciones que consideró  “atípicas” en un número indeterminado de mesas.

Los ojos sobre Colombia

La denuncia de Petro fue recogida en el informe presentado por la Misión, en el cual, a pesar de reconocer la existencia de instituciones electorales colombianas en pleno funcionamiento, se advierte preocupación por la centralidad que tienen los proveedores privados en la organización de las elecciones.

La OEA acogió los señalamientos del presidente sobre las limitaciones de un marco normativo que considera obsoleto, sus inquietudes sobre la falta de total transparencia de las soluciones tecnológicas utilizadas para el procesamiento de los resultados, así como la dependencia de proveedores no oficiales.

Al final del día, algunas cuestiones resultaron inocultables en el ambiente, a pesar del esfuerzo por continuar inflando a la derecha: las elecciones no tienen un ganador predefinido; Iván Cepeda y Aida Quilcué han mantenido una campaña ética, mientras su contendor directo tiene una muy dudosa reputación; y todo esto se realiza en un escenario donde el sistema político y electoral necesitan una revisión profunda (valga decir que fue la derecha la que saboteó la reforma política y se ha opuesto a la modernización del sistema de votación).

Argentina, Brasil y México

En su conferencia mañanera, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum fue indagada sobre los resultados en Colombia y las afirmaciones de Petro. Con su calma habitual, la presidenta afirmó: “Tiene que primar siempre la voluntad del pueblo en cualquier elección. Y es importante lo que está diciendo el presidente Petro: que no fue un conteo limpio. Es importante escucharlo y analizarlo y respetar siempre la voluntad popular. Como siempre vamos a mantenernos escuchando. Y obviamente hay una afinidad a las propuestas y lo que representa el partido del presidente Petro e Iván Cepeda. Hay que tener respeto a la decisión del pueblo colombiano. Pero, es importante que se llegue hasta lo último en esta denuncia que se está haciendo de un posible fraude”.

Desde Argentina, Claudia Rocca, presidenta de la Asociación Americana de Juristas, AAJ, entidad consultora del sistema de Naciones Unidas y cuya delegación participo de los trabajos de observación electoral, declaró que es necesario tener en cuenta los peligros que ofrecen las nuevas variantes de injerencia en los procesos electorales de América Latina.

“Esto no es una cuestión de redes sociales, sino que se han contratado empresas para gerenciar los sistemas electorales que son manipulables. Esa que actúa en Colombia es la misma que tuvo a su cargo el proceso electoral en Honduras y nosotros hemos venido planteando que es necesario que las fuerzas populares realicen una batalla muy bien organizada, refuercen fiscales y construyan una red jurídica. Estamos siempre dispuestos a denunciar cualquier amenaza a la soberanía de los pueblos”.

En Brasil, un país donde todo el sistema electoral es electrónico y el software fue desarrollado por el propio Tribunal Electoral Nacional, varios comentaristas expresaban sus preocupaciones no sin cierta sorpresa.

En la Red TVT (TV dos Trabalhadores), la politóloga Biazita Gomes decía: “Es problemático que una empresa privada haga el conteo inicial e informe al mundo el resultado de la elección y luego salga otro oficial. La denuncia de Petro tiene sentido. Hay que aguardar los resultados oficiales”.

Desde el Viejo Continente

En Europa, el comunicado del Partido de la Izquierda Europea, PIE, ha sido muy importante porque marca un posicionamiento político que valora la necesidad de que las autoridades electorales colombianas otorguen la máxima transparencia en el escrutinio oficial, teniendo en cuenta que el preconteo que ahora se conoce “no sustituye al escrutinio oficial, no tiene fuerza vinculante y no puede ser presentado como resultado definitivo”.

Para PIE cualquier proclamación válida debe emanar de los procedimientos institucionales establecidos, con plena trazabilidad, control democrático, acceso de las fuerzas políticas a la información y garantías para la verificación de cada mesa.

Igualmente, el PIE denuncia lo que denomina una clara injerencia en el proceso electoral colombiano: la actuación del presidente del Ecuador, Daniel Noboa, al utilizar sanciones comerciales para favorecer la candidatura de la ultraderecha colombiana.

También el observador internacional argentino del Movimiento Evita, Alejandro Rusconi, ha sido tajante en su declaración: “Aquí hay un problema. Este es un trabajo que se ha hecho desde el Norte. Petro lo dijo el 5 de marzo. Hay que respetar la democracia.  Hay que hacer denuncias y hacerlas fuertes. No es momento de no decir sino de denunciar y promover una campaña contra las injerencias políticas. No hay proceso electoral donde Estados Unidos no se quieran meter en este momento. En eso no nos podemos callar. La calle es lo que garantiza la victoria”.
Con información del Semanario Voz

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