Por:Jefferson Orlando Corredor Uyaban
No se ha perdido nada. Llegamos a la segunda vuelta por la puerta grande, con millones de colombianos que dijeron sí a un país que quiere continuar con el cambio. Eso no se improvisa ni se compra: se construye, sumando voluntades.
Millones de personas pusieron su esperanza en la candidatura del Pacto Histórico. No es un punto de llegada, es un punto de partida. Una base construida en plazas de mercado, en veredas, en universidades, en barrios y en la calle; algo que nadie regaló y que nadie nos puede quitar.
Algo distingue a esta campaña: no derrochó. No vendió humo ni compró conciencias. Prefirió confiar en la gente y en su capacidad de organizarse y decidir. Confió en los procesos, en las comunidades y en la palabra cumplida. Quien cree en el pueblo no despilfarra: sabe que la fuerza no se compra, sino que se construye con las manos de muchos y se debe cuidar lo que tanto costó conquistar.
No es la primera vez que este país aprende a crecer desde abajo. Quienes venimos de la tradición comunista lo sabemos en carne propia: generaciones enteras pusieron el cuerpo y la esperanza, y muchos pagaron con la vida. Esa memoria no pesa: impulsa. Caminamos sobre hombros de quienes no se rindieron, y por eso sabemos que la dignidad nunca es un esfuerzo perdido. Hoy somos más y estamos mejor organizados.
Esta no es la campaña de un equipo: es la campaña de toda Colombia. Es lade la profesora que, sin tejado en su escuela, cree que la educación nos transforma. Es la del campesino que defiende su tierra. Es la del líder comunal que sostiene su barrio. Es la del joven que se niega a heredar la desigualdad de siempre. Son los pueblos afro e indígenas, tantas veces silenciados, los que hoy reclaman su lugar. Es la comunidad LGTBIQ+ exigiendo sus derechos. Es una mayoría con una ambición hermosa: seguir cambiando sus vidas y sus territorios.
El proyecto de Iván Cepeda no enfrenta a un rival cualquiera, sino a la expresión local de una extrema derecha internacional. Bajo la fachada hay un mismo libreto: miedo, mano dura y privilegios para unos pocos. El verdadero reto es evitar que vuelva la barbarie y los ladrones de siempre, y mucho menos el estafador de la mafia paramilitar que hoy se disfraza de salvador. El miedo es lo único que saben sembrar: no tienen un proyecto de país, sino de retroceso.
El 21 de junio no se define solo una presidencia. Se define si Colombia sigue ensanchando el camino de la dignidad o si entrega su futuro a quienes nunca quisieron cambiar nada.
Por eso debemos fortalecer la estrategia regional: la segunda vuelta se gana en la calle, municipio por municipio. Hablemos con el veciIzquierdano que duda, con quien votó por otro y hoy siente temor, con quien no salió a votar; toquemos puertas con razones. Cada conversación es un voto, y cada voto, una vida que se atreve a esperar algo mejor.
La victoria está al alcance de todos.
Con información del Semanario Voz