Por: José Ramón Llanos H.
Nuestro país a lo largo de la historia ha tenido que afrontar situaciones difíciles, recordemos, por ejemplo, en el siglo XIX, las guerras entre conservadores y liberales para acceder a la presidencia de la República. Fueron confrontaciones militares para decidir quién ascendía o salía de la presidencia.
Fueron contiendas que solo cesaron con la llamada guerra de los Mil Días que culminó en los inicios del siglo XX. Entre finales y comienzos del medio siglo pasado, se presentó la llamada Violencia que causó entre 200 y 300 mil muertos, cifra que dependía de la militancia política de quien describía los acontecimientos.
Pero por primera vez el país asombrado ve que uno de los aspirantes al solio de Simón Bolívar tiene un comportamiento que algunos califican de pueril y otros de una megalomanía, de tal naturaleza que unos califican de risible y otros de dramática. El hecho es que el candidato de nombre Abelardo de la Espriella se comporta como si el se creyera una estrella. Sí, de esas que iluminan el cielo de los países tropicales, algunas veces.
En otras ocasiones su comportamiento parece el de un atarván, que no ha tenido ni un ápice de educación. Entonces en vez de hablar emite un ruido estentóreo tal como si el creyera que los oyentes padecen de ultra sordera. Quienes lo ven así, en vez de Abelardo lo llaman Abecerdo.
Entonces mueve los brazos desacompasadamente y cuando habla desaparecen sus labios y entonces en su rostro allí de donde surgen los sonidos semejan los belfos de un cerdo moribundo y sus brazos tienen un ritmo tan desacompasado que semejan el movimiento de aves tan envejecidas que ya el suave y acompasado aletear se convierte en movimientos bruscos.
Abecerdo es repudiado por las mujeres de las distintas clases sociales, porque su machismo, es de tal laya que se refiere a las mujeres como si nunca él hubiera tenido trato con una. Con esta actitud habla muy mal de la educación recibida. Sin embargo, su loca megalomanía lo lleva a creer que merece y recibe la admiración de todas y todos los humanos que tienen el infortunio de interlocutar con él.
Abecerdo además, no tiene un programa político, ni económico, ni sobre la educación. Lo único que ha expresado con claridad es que va a aniquilar el derecho de asociación, esto significa ni más ni menos que acabar con más de ochenta años de la sistemática asociación de los trabajadores colombianos para lograr derechos que durante más de 100 años le negaron la burguesía y los terratenientes colombianos.
Infortunadamente para el Abecerdo la lucha de los trabajadores y del campesinado logró institucionalizar en la Constitución y en leyes colombianas avances tan significativos como el derecho a la sindicalización, la legalización de la acción sindical.
Abecerdo, todas tus ansias de persecución a obreros y campesinos se verán frustradas.
¡Abecerdo, quienes te derrotarán en las elecciones te saludan!
Con información del Semanario Voz