La agenda anunciada por el canciller Omar Bula (Derecha) deja en evidencia la subordinación a las políticas imperialistas de los Estados Unidos. Composición Voz
Alineándose al imperio del norte, el nuevo gobierno retoma, claramente, el abandono de la soberanía. Colombia pasa a ser cómplice de un proyecto expansionista y militarista
Por: Pietro Lora Alarcón
@plalarcon
El gobierno del ciudadano de los Estados Unidos, que ocupará la presidencia a partir del 7 de agosto, anunció un giro grotesco en la política externa nacional. A estas alturas, es un secreto a voces que mantiene un vínculo más que estrecho, de subordinación, con su homólogo Donald Trump.
Precisamente por eso, el nuevo mandatario asume sin pudores la agenda regional estadounidense, colocando al país en franco retroceso con relación a valores prestigiosos e históricos en las relaciones exteriores como la paz y el respeto a los derechos humanos.
Abandono de la soberanía
Contemporáneamente, el hilo conductor de la política externa se extiende a todas las demás áreas de gobierno. Por eso, cuestiones como seguridad, políticas públicas en educación, salud y empleo, o transición energética, entre otras, son transversalizadas por la acción diplomática, que cruza los sistemas y redes internacionales, organizadas para formalizar la cooperación.
Sin embargo, cuando las relaciones entre Estados se caracterizan por la subordinación, y en particular por la “subordinación por invitación”, como las que han existido con frecuencia entre Colombia y Estados Unidos –con excepción de las emprendidas por el Gobierno del cambio–, lo que acontece es que se diluye la soberanía del Estado que reconoce la superioridad del otro. Alineándose a los Estados Unidos, el nuevo gobierno retoma, claramente, el abandono de la soberanía. Y no lo hace apenas por reconocer asimetrías, sino porque la subordinación genera ganancias económicas y políticas al bloque dominante que asume hoy el control institucional y que deberá tener tratamiento preferencial en la utilización clientelista de las redes, lo que incluye contrataciones, negocios y beneficios que, como suele acontecer, acabarán por contaminar toda la acción estatal. El hecho es que los anuncios revelan niveles singulares de subordinación geopolítica y geoeconómica, encabezados por un presidente que concede la palabra final a alguien que, representando a otro Estado, le recuerda que gracias a él obtuvo ese mandato.
La construcción de la imagen internacional
Como la diplomacia presidencial directa tiene hoy un peso enorme, el recién llegado, aun sin posesionarse, intenta construir una identidad que lo ubique como contradictor de su predecesor. Es decir, necesita del contrapunteo para diferenciarse.
Su problema es que el presidente Petro capturó la audiencia en escenarios como la Asamblea General de la ONU, además de presidir la CELAC y ser voz notable en el debate sobre la paz y la crisis ambiental. Aún más, en un escenario de crisis económica global, de emergencia decisiva de los BRICS, con la presencia especialmente de Rusia y China, y las ambiciones hegemónicas de Trump, Petro mantuvo una postura propositiva, defendiendo la integración con soberanía sobre los recursos estratégicos, dando pasos como la quiebra de relaciones con Israel y acompañando la demanda radicada por Sudáfrica contra ese país por genocidio en la Corte de La Haya. Es decir, Petro deja una impronta, un legado valioso para el país en términos de independencia.
Lo que se intuye es que el nuevo presidente, además de anuncios para atrás, promueva una imagen mesiánica y de celebridad –algo previsto, porque no se vislumbra originalidad en su repertorio– como es costumbre en los gobernantes de la neoderecha autoritaria. No interesa construir ciudadanía, sino tener fans, seguidores ciegos que consuman el personaje que “derribará a la izquierda y al comunismo”.
El cierre de las misiones consulares
Con el pretexto de la austeridad, el presidente anunció que cerrará 14 embajadas y 15 consulados. A pesar de eso, dijo, se mantendrán relaciones con los Estados, con excepción de Cuba y Nicaragua, porque, según él, “no habrá relaciones con tiranías”. Así, además de los países ya mencionados, no habrá representación en Argelia, Barbados, Rumania, Haití, Senegal, Sudáfrica, Etiopía, República Checa, Ghana, Malasia, Azerbaiyán y Hungría.
Es lamentable que el nuevo gobierno descarte la posibilidad de un intercambio, pronosticado como altamente productivo, con países africanos para priorizar relaciones con los intereses de los sectores más agresivos del capitalismo global.
El presidente, al tiempo que da la espalda a ese potencial del hemisferio sur, alimenta el deseo de un nuevo unilateralismo, exigencia de los Estados Unidos para cerrar espacios no solo a China, sino a la construcción de una interacción latinoamericana y caribeña que reduzca la dependencia del gran capital, uno de los fines del Consenso de Brasilia del 2023.
La cuestión migratoria
La declaración de que “Colombia garantizará la atención a nuestros connacionales mediante esquemas de representación concurrente desde otras embajadas de la región” suena para la colombianidad migrante como un atestado de ignorancia ante las urgencias de millones de personas que cotidianamente son perseguidas y castigadas por políticas migratorias restrictivas. incluyendo, obviamente, la violencia del ICE en los Estados Unidos.
La exigencia de la migración es otra. Se requieren misiones consulares con capacidades y recursos que ofrezcan atención a una extensa gama de profesionales, estudiantes, trabajadores de la cultura, además de personas vulnerables, entre ellas una cantidad significativa de víctimas del conflicto.
La cuestión geopolítica
En este terreno, durante el Gobierno del cambio la orientación tuvo el signo de la paz y la seguridad a través de la cooperación para el desarrollo con autonomía. De esa manera, se valorizó el papel de la ONU y tratados como el de Tlatelolco, cuyo cumplimiento garantiza mantener Latinoamérica y el Caribe como una zona libre de acciones militares imperiales.
Por esa vía, Petro condenó el intervencionismo en Venezuela, en medio de un ambiente descompuesto por la violencia imperialista y fue gallardamente al encuentro de Trump.
El nuevo presidente, que no habla de tú a tú con Trump, no dará secuencia al posicionamiento soberano del país. En su lugar se propone que Medellín sea capital del Escudo de las Américas, asumiendo la Agenda de Defensa de los Estados Unidos. Colombia pasa a ser cómplice de un proyecto expansionista apoyado en el papel de la OTAN y la tutela militarista.
Finalmente, una cuestión elemental. Romper relaciones con Cuba no solo es un error, sino un gesto de ingratitud. A la hospitalidad cubana, país sede de las conversaciones que concluyeron con el Acuerdo de Paz en 2016, hay que agregar su solidaridad, especialmente en el campo de la educación y la salud. Es un giro, realmente, grotesco.
8 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz