Por: Carlos Arturo García Marulanda
El panorama político nacional empieza a clarificarse. Lo que vive Colombia no es un accidente doméstico, sino una ofensiva continental. Estados Unidos, con Israel como su principal socio, despliega en América Latina una política exterior de injerencia abierta, acompañada de una arquitectura comunicacional soportada en inteligencia artificial
Su narrativa se alimenta del odio y del negacionismo, dirigidos a invalidar los avances sociales y económicos de los gobiernos progresistas y a reponer el modelo neoliberal, ahora con ropaje autoritario y fanatismo religioso.
En nuestro caso, esa ofensiva desembocó en las elecciones del 21 de junio, cuyo resultado seguimos denunciando como un fraude que le arrebató al pueblo colombiano su triunfo y que abrió paso al gobierno de Abelardo de la Espriella, carácterizado como de ultraderecha, con rasgos fascistas, que anunció desde el primer día la restricción de las libertades democráticas y las garantías ciudadanas.
No ha necesitado mucho tiempo para mostrar su programa. La Resolución 2708 del 20 de agosto derogó once circulares del Ministerio del Trabajo sobre jornada laboral, horas extras, estabilidad reforzada, libertad sindical y trabajo en plataformas. Las centrales obreras lo nombraron sin eufemismos: empezó el desmonte de los derechos laborales y sindicales.
A eso se suman el proyecto de contrarreforma pensional en favor de los fondos privados, el retorno de las exportaciones de carbón a Israel y la apertura del territorio nacional a operaciones militares extranjeras.
Lo que está en disputa son conquistas concretas del Gobierno del cambio: las reformas laboral y pensional, la recuperación del poder adquisitivo, el salario mínimo vital y las reivindicaciones de campesinos, indígenas, afrodescendientes, estudiantes, mujeres y diversidades sexuales. Nada de eso fue regalado: es el acumulado de jornadas como el Paro Nacional de 2019 y el estallido social de 2021.
Como imperativo ético y político, nos corresponde fortalecer la confluencia entre la movilización social y la lucha política, confrontar en la calle la estrategia regresiva y violatoria de los derechos humanos de este gobierno, y asumir como tarea prioritaria el fortalecimiento de los procesos organizativos de base del movimiento sindical, social y popular en los territorios, que son los que dan dirección a la resistencia y la rebeldía popular.
En esa perspectiva, el Comando Nacional Unitario —las tres centrales obreras y las dos confederaciones de pensionados—, FECODE, la Asamblea Nacional Popular, el Encuentro Nacional por Soberanía, Independencia y Autodeterminación, el Pacto Histórico y la Alianza por la Vida hemos convocado al Encuentro Nacional de Organizaciones Sindicales, Sociales, Populares, Étnicas y Fuerzas Políticas: por la vida, la dignidad, la democracia, la paz, la soberanía y las reformas sociales, que se llevará a cabo los días 11 y 12 de septiembre en Bogotá.
Allí caracterizaremos al nuevo gobierno, analizaremos la coyuntura y construiremos una agenda nacional de movilización. Es el momento de las definiciones.
Septiembre 12 2026
Con información del Semanario Voz