Buenos Aires.- El 16 de septiembre de 1976, en plena dictadura, las fuerzas represivas desataron una de las cacerías más trágicas al secuestrar en La Plata a 10 adolescentes que militaban por el Boleto Estudiantil Secundario.
En ese cruel hecho que se conoce como La Noche de los Lápices, seis de los secuestrados fueron asesinados y desaparecidos, cuatro lograron sobrevivir. Hoy los argentinos conmemoran el aniversario 50 de aquel salvaje episodio en que adolescentes de 16 a 18 años fueron privados de la vida de la manera más brutal.
Los jóvenes asesinados fueron María Claudia Falcone (16 años), María Clara Ciocchini (18 años), Francisco López Muntaner (16 años), Claudio de Acha (17 años), Horacio Ángel Ungaro (17 años) y Daniel Alberto Racero (18 años).
Aquel operativo, desplegado en La Plata en 1976 por las fuerzas de seguridad contra un grupo de estudiantes secundarios, bajo el mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz, se convirtió en uno de los mayores símbolos del impacto que el terrorismo de Estado tuvo sobre la juventud argentina, explica Diego Marinelli en un artículo histórico para C5N.
La juventud fue uno de los objetivos principales de los grupos de tarea del régimen militar. En total, 349 chicas y chicos de secundaria, de 13 a 17 años, fueron desaparecidos como parte de un plan sistemático que intentó extirpar de cuajo la rebeldía juvenil de los años 60 y 70, sostiene Marinelli.
El ensañamiento del régimen instaurado en marzo del 1976 contra los jóvenes de 13 a 25 años representa el 43 por ciento del total de los desaparecidos, señala el articulista.
Eso no fue uno de esos «excesos» con los que intentaron excusarse tras el regreso de la democracia –añade-, sino una estrategia planificada que tuvo que ver con factores tanto locales como globales.
Durante los años de 1960 y 1970, bajo el impulso de hitos como el Cordobazo (1969), el Mayo francés (1968) y la Revolución Cubana, la juventud era probablemente el gran sujeto revolucionario a nivel global, explica Marinelli. “Era una pesadilla para las fuerzas conservadoras de países como el nuestro, azuzadas por la cruzada anticomunista que promovía la CIA estadounidense en Latinoamérica y buena parte del mundo”, remarca.
Documentos de las Fuerzas Armadas y testimonios de los juicios contra represores coinciden en que este sector de la sociedad fue considerado un blanco prioritario por razones doctrinarias y políticas.
Para la Junta Militar, el enemigo interno no era únicamente quien integraba organizaciones guerrilleras armadas. De acuerdo a la llamada Doctrina de la Seguridad Nacional, la «subversión» era una enfermedad ideológica que corrompía los valores tradicionales, occidentales y cristianos, recuerda el escritor.
Y, en este contexto, las escuelas y las universidades eran vistas como «campos de batalla ideológicos», apunta.
Y, entre todas las casas de estudios, la Universidad Nacional de La Plata fue por lejos la más golpeada: concentra más del 70 por ciento de los estudiantes desaparecidos en el país.
Septiembre 16, 2026
Con información de Prensa Latina