Luis Jairo Ramírez H.

Hace unos años, sectores dogmáticos del ambientalismo pregonaban la consigna de “agua sí, petróleo no”, cosa que no consultaba la realidad de un país secuestrado durante décadas por una política oficial que destruyó la industria y la agricultura, elevando como su doctrina el extractivismo. Particularmente Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, sopretexto de “la confianza inversionista” y “la locomora minero-energética”, sumieron más al país en una dependencia enfermiza de los hidrocarburos.

La actividad industrial y los bienes de consumo, en un alto grado, han estado centrados en el uso del petróleo, de tal manera que el abastecimiento energético se convirtió en un tema de primer orden, complejo para un país que no tiene suficientes reservas petroleras.

El presidente Gustavo Petro acumula importantes aciertos en su gobierno, que marcan un quiebre certero en beneficio de los derechos de los trabajadores y la población, en comparación con gobiernos anteriores. En su administración, aunque crece en un 1.650% la generación de energía solar y en general hay un salto de 2% al 17% en energías alternativas, también es cierto que se equivocó desde un comienzo al desactivar los programas de exploración y producción petrolera, necesarios para atender la elevada demanda nacional.

Definitivamente no es posible, pretender transitar de la noche a la mañana de un consumo de hidrocarburos que ya cumplió 100 años en el país, a una transición energética para la cual la estructura social, industrial y económica no está preparada, porque se requiere previamente garantizar las necesidades energéticas básicas de la gente, como el suministro diario de gas para preparar los alimentos.

La Unión Sindical Obrera, USO, graduó equivocada y tempranamente al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, como “enemigo de la industria petrolera y sepulturero de Ecopetrol” y decidió no hablar con él. En cambio ya se habían concertado acuerdos con el candidato Roy Barreras.

Al igual que el presidente Petro, desde el ámbito sindical también estamos expuestos a equivocarnos porque se creó desazón de cara a la base sindical y las comunidades que masivamente se sienten parte del PH.

Está en curso un positivo acercamiento con Iván Cepeda sobre la política petrolera, la transición energética, el autoabastecimiento de hidrocarburos y la garantía de derechos para los trabajadores petroleros, que se conocerá el próximo 9 de abril en la movilización que está programada en Barrancabermeja.

Hoy la confrontación política no es entre nosotros. Durante estos cuatro años, las élites de extrema derecha uribista, enquistadas en el Estado, son las que se dedicaron a bloquear las reformas que beneficiaban al pueblo.

Lo que está en juego hoy es la continuidad de la lucha por las transformaciones sociales o el regreso al pasado de violencia, corrupción y miseria, que agenció el uribismo, que paradójicamente, dicen querer “salvar al país” de los desastres que ellos mismos causaron durante décadas.
Con información del Semanario Voz

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